Teoría del romance y análisis de romances históricos

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Los romances y la historia Marian Suárez Orive

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Definición Composiciones de carácter épico o épico-lírico, en general breves, compuestas originalmente para ser cantadas al son de un instrumento o recitadas con acompañamiento de éste. (J.L. Alborg) Generalmente de poeta anónimo. No debemos confundir la palabra romance que designa la lengua que deriva del latín designa la composición escrita en esta lengua. La colección de este tipo de composiciones se llama romancero. Marian Suárez Orive

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Origen Según la tesis defendida por Ramón Menéndez Pidal proceden de los cantares de gesta que se fragmentan ante la imposibilidad de memorizar todos los versos de éstos. Los fragmentos se conservan mejor en la memoria de las gentes y se independizan. Más adelante ya pueden escribirse otros siguiendo esa estructura. Al ser transmitidos de forma oral, se han conservado variantes de muchos de ellos. Marian Suárez Orive

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Clasificación Romances viejos. Los que se han escrito en el XIV y en el XV (generalmente). Romances nuevos o artísticos: compuestos por poetas cultos a partir de la segunda mitad del XVI Marian Suárez Orive

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Romances viejos Marian Suárez Orive

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Clasificación temática Clasificación de J.L. Alborg. Romances históricos: Tratan temas históricos o legendarios pertenecientes a la historia nacional. Don Rodrigo, El Cid, etc. Romances fronterizos: Narran los acontecimientos ocurridos en el frente o frontera con los moros durante la Reconquista. Del ciclo carolingio y Bretón: Están basados en los cantares de gesta franceses:  Batalla de Roncesvalles, Carlomagno etc. Romances novelescos y líricos: Con gran variedad de temas. Frecuentemente inspirados en el folclore español y asiático. Los líricos son de libre imaginación y el gusto personal.  Marian Suárez Orive

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Clasificación estructural Romance escena: momento de especial dramatismo. Indeterminación en el principio y en el final. Romance del Conde Arnaldos Romance del Prisionero Romance historia: Cuenta una historia completa. Romance del Conde Olinos Romance con estribillo: ¡Ay de mi alhama! Marian Suárez Orive

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Rasgos del romance frente al cantar de gesta Ramón Menéndez Pidal señala: Rasgos subjetivos y sentimentales que reemplazan los detalles menos dramáticos del cantar de gesta original. Se eliminan los elementos narrativos considerados secundarios. Abandono del contexto, enfatizando la acción inmediata. Marian Suárez Orive

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Rasgos característicos Numerosas formas arcaicas. Recursos épicos e introductorios Inserción del narrador y del receptor en el texto. Fusión del yo narrativo con el protagonista. Economía de recursos. Estilo directo e indirecto. Elipsis Cambios en tiempos verbales. Repeticiones, paralelismos, antítesis… Marian Suárez Orive

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Romances históricos Marian Suárez Orive

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Romance del rey don Rodrigo cómo perdió España Las huestes de don Rodrigo desmayaban y huían cuando en la octava batalla sus enemigos vencían Rodrigo deja sus tiendas y del real se salía; solo va el desventurado que no lleva compañía; El caballo de cansado Ya mudar no se podía camina por donde quiere que no le estorba la vía. El rey va tan desmayado que sentido no tenía; muerto va de sed y hambre que de verle era mancilla, iba tan tinto de sangre que una brasa parecía. Las armas lleva abolladas que eran de gran pedrería la espada lleva hecha sierra de los golpes que tenía; el almete abollado en la cabeza se le hundía; la cara lleva hinchada del trabajo que sufría. Subióse encima de un cerro el más alto que veía: desde allí mira su gente cómo iba de vencida; de allí mira sus banderas y estandartes que tendía, cómo están todos pisados que la tierra los cubría. Mira por sus capitanes que ninguno parecía; mira el campo tinto en sangre la cual arroyos corría. Él triste, de ver aquesto, gran mancilla en sí tenía: llorando de los sus ojos de esta manera decía: `Ayer era rey de España, hoy no lo soy de una villa; ayer villas y castillos, hoy ninguno poseía; ayer tenía criados, hoy ninguno me servía; hoy no tengo una almena que pueda decir que es mía. ¡Desdichada fue la hora desdichado fue aquel día en que nací y heredé la tan grande señoría, pues lo había de perder todo junto en un día! ¡Oh, muerte! ¿Por qué no vienes y llevas esta alma mía de aqueste cuerpo mezquino, pues se te agradecería?' Fuente: Crónica sarracina de Corral Marian Suárez Orive Pretérito imperfecto Presente indicativo Paralelismo Estilo directo Paralelismo antítesis Apóstrofe Arcaísmo, intertextualidad, Cantar de mío Cid

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Rodrigo Entre lo mucho de leyenda, se puede destacar que se hace con el reino de Witiza de manera violenta y genera una lucha entre nobles por el poder. Cuando los ejércitos de Tariq y Muza desembarcan en la península se produce el combate pero una parte de su ejército le abandona. Cae derrotado y es muerto. Los nobles visigodos cuando ven el alcance de la invasión, negocian condiciones de paz para mantener posesiones y estatus. Marian Suárez Orive

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De la muerte del Rey don Fernando en el castillo de Cabezón Doliente estaba, doliente,   ese buen rey don Fernando;   los pies tiene cara oriente   y la candela en la mano.   A su cabecera tiene   arzobispos y perlados;   a su mano derecha tiene   los sus hijos todos cuatro:   los tres eran de la reina   y el uno era bastardo.   Ese que bastardo era   quedaba mejor librado:  abad era de Sahagun,   arzobispo de Santiago,   y del Papa cardenal,   en las Españas legado.   —Si yo no muriera, hijo,   vos fuérades Padre Santo,   mas con la renta que os queda,   bien podréis, hijo, alcanzarlo. Rey de León desde 1037 hasta 1065. Nacido conde es nombrado rey por haberse casado con Sancha, hermana de Bermudo III que murió en una batalla contra él. Los hijos de Fernando I eran: Sancho, Alfonso y García. También tuvo dos hijas. No conozco que el arzobispo de Santiago fuera hijo bastardo de este rey. Parte de otro romance juglaresco más extenso Interesante que la carrera eclesiástica queda mejor parada que la de los otros que fueron tres reyes Marian Suárez Orive

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Marian Suárez Orive De la muerte del Rey don Fernando en el castillo de Cabezón Doliente estaba, doliente,   ese buen rey don Fernando;   los pies tiene cara oriente   y la candela en la mano.   A su cabecera tiene   arzobispos y perlados;   a su mano derecha tiene   los sus hijos todos cuatro:   los tres eran de la reina   y el uno era bastardo.   Ese que bastardo era   quedaba mejor librado:  abad era de Sahagun,   arzobispo de Santiago,   y del Papa cardenal,   en las Españas legado.   —Si yo no muriera, hijo,   vos fuérades Padre Santo,   mas con la renta que os queda,   bien podréis, hijo, alcanzarlo. Estilo directo Arcaísmo Epanadiplosis Pretérito imperfecto Presente indicativo Indeterminación: No sabemos de qué rey se trata rey; no sabemos qué ocurre con sus hijas; no sabemos por qué da importancia a la carrera eclesiástica.

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Fernando I de León Al casarse con doña Sancha, hermana del rey Bermudo III, se convierte en rey de León. Cuando muere reparte el reino entre sus hijos: Sancho: Condado de Castilla convertido en reino . Alfonso: reino de León y el título imperial. García: reino de Galicia, creado para él. Urraca: La ciudad de Zamora. Leonor: la ciudad de Toro. La creación del reino de Castilla, se produce, pues, a la muerte de este rey con el reparto de su reino. Marian Suárez Orive

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Romance del rey don Sancho — ¡Rey don Sancho, rey don Sancho!,   no digas que no te aviso,  que de dentro de Zamora   un alevoso ha salido;  llámase Vellido Dolfos,   hijo de Dolfos Vellido,  cuatro traiciones ha hecho,   y con esta serán cinco.  Si gran traidor fue el padre,   mayor traidor es el hijo.  Gritos dan en el real:   —¡A don Sancho han mal herido!  Muerto le ha Vellido Dolfos,   ¡gran traición ha cometido!  Desque le tuviera muerto,   metiose por un postigo,  por las calle de Zamora   va dando voces y gritos:  —Tiempo era, doña Urraca,   de cumplir lo prometido. Sancho I de Castilla, hijo de Fernando I. Sancho fue también rey de León mientras Alfonso VI era su prisionero Hija de Fernando I y hermana de Sancho, le deja su padre en herencia la ciudad de Zamora «Vellit Adulfiz», Noble leonés documentado. Aunque muchos estudiosos lo consideran legendario Procede del Cantar del rey don Sancho Marian Suárez Orive

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Leyenda No está totalmente documentada. Vellido Dolfos era un noble leonés no muy documentada su existencia. Sancho parece no aceptar el testamento de su padre que dejaba la ciudad de Zamora a su hermana Urraca y la sitia. Vellido concierta una entrevista con el rey en persona en la que le dice que quiere desertar pero en un momento de descuido le apuñala por la espalda con una flecha del propio rey. Marian Suárez Orive

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Marian Suárez Orive Romance del rey don Sancho — ¡Rey don Sancho, rey don Sancho!,   no digas que no te aviso,  que de dentro de Zamora   un alevoso ha salido;  llámase Vellido Dolfos,   hijo de Dolfos Vellido,  cuatro traiciones ha hecho,   y con esta serán cinco.  Si gran traidor fue el padre,   mayor traidor es el hijo.  Gritos dan en el real:   —¡A don Sancho han mal herido!  Muerto le ha Vellido Dolfos,   ¡gran traición ha cometido!  Desque le tuviera muerto,   metiose por un postigo,  por las calle de Zamora   va dando voces y gritos:  —Tiempo era, doña Urraca,   de cumplir lo prometido. Retruécano Paralelismo Arcaísmos Estilo directo Presente indicativo Pretérito perfecto compuesto Pretérito imperfecto Recurso de la épica en el segundo hemistiquio Indeterminación. Los lectores actuales no sabemos a qué rey se refiere, porqué le traiciona, qué es lo prometido y qué se entiende con la última oración.

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Doña Urraca recuerda cuando el Cid se criaba con ella en su palacio en Zamora —¡Afuera, afuera, Rodrigo,   el soberbio castellano!   Acordársete debría   de aquel buen tiempo pasado   que te armaron caballero   en el altar de Santiago,   cuando el rey fue tu padrino,   tú, Rodrigo, el ahijado;   mi padre te dio las armas,   mi madre te dio el caballo,   yo te calcé espuela de oro   porque fueses más honrado;   pensando casar contigo,   ¡no lo quiso mi pecado!,   casástete con Jimena,   hija del conde Lozano;   con ella hubiste dineros,  conmigo hubieras estados;   dejaste hija de rey   por tomar la de un vasallo.   En oír esto Rodrigo   volvióse mal angustiado:   —¡Afuera, afuera, los míos,   los de a pie y los de a caballo,   pues de aquella torre mocha   una vira me han tirado!,   no traía el asta hierro,   el corazón me ha pasado;   ¡ya ningún remedio siento,   sino vivir más penado!    Se trata del rey Fernando I. Es cierto que estuvo desde muy joven al servicio del infante don Sancho. Jimena era bisnieta de Alfonso V de León (por lo tanto pariente de Urraca) e hija del conde Diego Fernández. Pero no de Lozano Se desconoce, sin embargo todo esto pero es un recurso para engrandecer la figura de este personaje La flecha que le lanzan es una flecha de amor Marian Suárez Orive

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Doña Urraca recuerda cuando el Cid se criaba con ella en su palacio en Zamora —¡Afuera, afuera, Rodrigo,   el soberbio castellano!   Acordársete debría   de aquel buen tiempo pasado   que te armaron caballero   en el altar de Santiago,   cuando el rey fue tu padrino,   tú, Rodrigo, el ahijado;   mi padre te dio las armas,   mi madre te dio el caballo,   yo te calcé espuela de oro   porque fueses más honrado;   pensando casar contigo,   ¡no lo quiso mi pecado!,   casástete con Jimena,   hija del conde Lozano;   con ella hubiste dineros,  conmigo hubieras estados;   dejaste hija de rey   por tomar la de un vasallo.   En oír esto Rodrigo   volvióse mal angustiado:   —¡Afuera, afuera, los míos,   los de a pie y los de a caballo,   pues de aquella torre mocha   una vira me han tirado!,   no traía el asta hierro,   el corazón me ha pasado;   ¡ya ningún remedio siento,   sino vivir más penado!    arcaísmo Dualidad típica de la épica Palarelismos Se trata de una interpretación de la historia de tipo novelesca. Se toma este episodio y se inventa sin tener base real ninguna Marian Suárez Orive

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En Santa Gadea de Burgos  do juran los hijosdalgo,  allí toma juramento  el Cid al rey castellano,  sobre un cerrojo de hierro  y una ballesta de palo.  Las juras eran tan recias  que al buen rey ponen espanto. —Villanos te maten, rey,  villanos, que no hidalgos;  abarcas traigan calzadas,  que no zapatos con lazo;  traigan capas aguaderas,  no capuces ni tabardos;  con camisones de estopa,  no de holanda ni labrados;  cabalguen en sendas burras,  que no en mulas ni en caballos,  las riendas traigan de cuerda,  no de cueros fogueados;  mátente por las aradas,  no en camino ni en poblado;  con cuchillos cachicuernos,  no con puñales dorados;  sáquente el corazón vivo,  por el derecho costado,  si no dices la verdad  de lo que te es preguntado:  si tú fuiste o consentiste  en la muerte de tu hermano. acompañándolo iban  mientras él iba cazando. Las juras eran tan fuertes  que el rey no las ha otorgado.  Allí habló un caballero  de los suyos más privado:  —Haced la jura, buen rey,  no tengáis de eso cuidado,  que nunca fue rey traidor,  ni Papa descomulgado.  Jura entonces el buen rey  que en tal nunca se ha hallado.  Después habla contra el Cid  malamente y enojado:  —Mucho me aprietas, Rodrigo,  Cid, muy mal me has conjurado,  mas si hoy me tomas la jura,  después besarás mi mano.  —Aqueso será, buen rey,  como fuer galardonado,  porque allá en cualquier tierra  dan sueldo a los hijosdalgo.  —¡Vete de mis tierras, Cid,  mal caballero probado,  y no me entres más en ellas,  desde este día en un año!  —Que me place —dijo el Cid—.  que me place de buen grado,  por ser la primera cosa  que mandas en tu reinado.  Tú me destierras por uno  yo me destierro por cuatro. Ya se partía el buen Cid  sin al rey besar la mano;  ya se parte de sus tierras,  de Vivar y sus palacios:  las puertas deja cerradas,  los alamudes echados,  las cadenas deja llenas  de podencos y de galgos;  sólo lleva sus halcones,  los pollos y los mudados.  Con el iban los trescientos  caballeros hijosdalgo;  los unos iban a mula  y los otros a caballo;  todos llevan lanza en puño,  con el hierro acicalado,  y llevan sendas adargas  con borlas de colorado.  Por una ribera arriba  al Cid van acompañando.  Marian Suárez Orive Romance de la Jura de Santa Gadea

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En Santa Gadea de Burgos  do juran los hijosdalgo,  allí toma juramento  el Cid al rey castellano,  sobre un cerrojo de hierro  y una ballesta de palo.  Las juras eran tan recias  que al buen rey ponen espanto. —Villanos te maten, rey,  villanos, que no hidalgos;  abarcas traigan calzadas,  que no zapatos con lazo;  traigan capas aguaderas,  no capuces ni tabardos;  con camisones de estopa,  no de holanda ni labrados;  cabalguen en sendas burras,  que no en mulas ni en caballos,  las riendas traigan de cuerda,  no de cueros fogueados;  mátente por las aradas,  no en camino ni en poblado;  con cuchillos cachicuernos,  no con puñales dorados;  sáquente el corazón vivo,  por el derecho costado,  si no dices la verdad  de lo que te es preguntado:  si tú fuiste o consentiste  en la muerte de tu hermano. Acompañándolo iban  mientras él iba cazando. Marian Suárez Orive Romance de la Jura de Santa Gadea Localización exacta de los hechos Anáfora, remarca el significado . Estilo directo Alfonso VI Paralelismos Antítesis. Da dos ideas totalmente opuestas de forma repetitiva, generando una enumeración paralelística de contrarios . Sancho de Castilla

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Las juras eran tan fuertes  que el rey no las ha otorgado.  Allí habló un caballero  de los suyos más privado:  —Haced la jura, buen rey,  no tengáis de eso cuidado,  que nunca fue rey traidor,  ni Papa descomulgado.  Jura entonces el buen rey  que en tal nunca se ha hallado.  Después habla contra el Cid  malamente y enojado:  —Mucho me aprietas, Rodrigo,  Cid, muy mal me has conjurado,  mas si hoy me tomas la jura,  después besarás mi mano.  —Aqueso será, buen rey,  como fuer galardonado,  porque allá en cualquier tierra  dan sueldo a los hijosdalgo.  —¡Vete de mis tierras, Cid,  mal caballero probado,  y no me entres más en ellas,  desde este día en un año!  —Que me place —dijo el Cid—.  que me place de buen grado,  por ser la primera cosa  que mandas en tu reinado.  Tú me destierras por uno  yo me destierro por cuatro. Ya se partía el buen Cid  sin al rey besar la mano;  ya se parte de sus tierras,  de Vivar y sus palacios:  las puertas deja cerradas,  los alamudes echados,  las cadenas deja llenas  de podencos y de galgos;  sólo lleva sus halcones,  los pollos y los mudados.  Con el iban los trescientos  caballeros hijosdalgo;  los unos iban a mula  y los otros a caballo;  todos llevan lanza en puño,  con el hierro acicalado,  y llevan sendas adargas  con borlas de colorado.  Por una ribera arriba  al Cid van acompañando;  Marian Suárez Orive Romance de la Jura de Santa Gadea Estilo directo Paralelismo Anáfora Antítesis Epíteto épico de la Gesta Dualidad típica de los cantares de gesta Diferencia de tiempos verbales

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Este romance es de fines del XIV y todavía la figura del Cid es importante. Comenta lo que se cree que falta (folios arrancados) en el Cantar de Mío Cid. Rodrigo obliga al rey Alfonso a jurar que no tiene nada que ver en la muerte de su hermano Sancho. Sin embargo la realidad es diferente parece que los destierros del Cid (2) se llevan a cabo debido a otros problemas. Para saber más: realidad y ficción en el Cantar de mío Cid Marian Suárez Orive Lo que cuenta el romance

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Romances fronterizos Marian Suárez Orive

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—¡Abenámar, Abenámar,   moro de la morería,  el día que tú naciste   grandes señales había!  Estaba la mar en calma,   la luna estaba crecida,  moro que en tal signo nace   no debe decir mentira. Allí respondiera el moro,   bien oiréis lo que diría:  —Yo te lo diré, señor,   aunque me cueste la vida,  porque soy hijo de un moro   y una cristiana cautiva;  siendo yo niño y muchacho   mi madre me lo decía  que mentira no dijese,   que era grande villanía:  por tanto, pregunta, rey,   que la verdad te diría.  —Yo te agradezco, Abenámar,   aquesa tu cortesía.  ¿Qué castillos son aquéllos?   ¡Altos son y relucían! —El Alhambra era, señor,   y la otra la mezquita,  los otros los Alixares,   labrados a maravilla.  El moro que los labraba   cien doblas ganaba al día,  y el día que no los labra,   otras tantas se perdía.  El otro es Generalife,   huerta que par no tenía;  el otro Torres Bermejas,   castillo de gran valía.  Allí habló el rey don Juan,   bien oiréis lo que decía:  —Si tú quisieses, Granada,   contigo me casaría;  daréte en arras y dote   a Córdoba y a Sevilla.  —Casada soy, rey don Juan,   casada soy, que no viuda;  el moro que a mí me tiene   muy grande bien me quería. Juan II de Castilla, padre de Isabel, la Católica. Durante su reinado se intentó algunas incursiones al reino de Granada que estaba en decadencia política sin éxito. Muhammad IX, rey nazarí buscó a Yusuf b. Muhammad b. al Mawl para sustituirlo. En las crónicas castellanas le llaman Abenalmao. Alhambra es el nombre de la ciudad palatina Almunia real de los Alixares era un palacio de los reyes nazaríes Villa con jardines para descanso del rey. Dentro de la ciudad de la Alhambra. Construido al fines del XIII Tres torres  situadas en los puntos estratégicos que circundaban la Vega de Granada y que pertenecían a la primera Alcazaba. Marian Suárez Orive Romance de Abenámar

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—¡Abenámar, Abenámar,   moro de la morería,  el día que tú naciste   grandes señales había!  Estaba la mar en calma,   la luna estaba crecida,  moro que en tal signo nace   no debe decir mentira. Allí respondiera el moro,   bien oiréis lo que diría:  —Yo te lo diré, señor,   aunque me cueste la vida,  porque soy hijo de un moro   y una cristiana cautiva;  siendo yo niño y muchacho   mi madre me lo decía  que mentira no dijese,   que era grande villanía:  por tanto, pregunta, rey,   que la verdad te diría.  —Yo te agradezco, Abenámar,   aquesa tu cortesía.  ¿Qué castillos son aquéllos?   ¡Altos son y relucían! —El Alhambra era, señor,   y la otra la mezquita,  los otros los Alixares,   labrados a maravilla.  El moro que los labraba   cien doblas ganaba al día,  y el día que no los labra,   otras tantas se perdía.  El otro es Generalife,   huerta que par no tenía;  el otro Torres Bermejas,   castillo de gran valía.  Allí habló el rey don Juan,   bien oiréis lo que decía:  —Si tú quisieses, Granada,   contigo me casaría;  daréte en arras y dote   a Córdoba y a Sevilla.  —Casada soy, rey don Juan,   casada soy, que no viuda;  el moro que a mí me tiene   muy grande bien me quería. paralelismos Epíteto épico Tiempos verbales anáforas Epítetos épicos Estilo directo en todo el texto Marian Suárez Orive Romance de Abenámar Estilo oral de la épica

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Muhammad IX elige este pretendiente al trono al haber sido ejecutado Muhammad VIII. No era el único pretendiente al trono del reino nazarí. Juan II se encarga de favorecerlo siempre que desestabilizara el gobierno de la ciudad. En la batalla de la Higueruela, Abenalmao se declara vasallo del rey. Y cuando el rey vence le pone en el trono. Sin embargo esto no hace nada más que empezar porque los derechos al trono nazarí se verán cada vez más peleados por los diferentes pretendientes. Mientras el reino se iba debilitando, lo que favorecía las aspiraciones de los reyes castellanos. Marian Suárez Orive

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  Paseábase el rey moro — por la ciudad de Granada  desde la puerta de Elvira — hasta la de Vivarrambla.                  —¡Ay de mi Alhama!— Cartas le fueron venidas — que Alhama era ganada.  Las cartas echó en el fuego — y al mensajero matara,                  —¡Ay de mi Alhama!— Descabalga de una mula, — y en un caballo cabalga;  por el Zacatín arriba — subido se había al Alhambra.                 —¡Ay de mi Alhama!— Como en el Alhambra estuvo, — al mismo punto mandaba  que se toquen sus trompetas, — sus añafiles de plata.                  —¡Ay de mi Alhama!— Y que las cajas de guerra — apriesa toquen el arma,  porque lo oigan sus moros, — los de la vega y Granada.                  —¡Ay de mi Alhama!— Los moros que el son oyeron — que al sangriento Marte llama,  uno a uno y dos a dos — juntado se ha gran batalla.                  —¡Ay de mi Alhama!— Allí fabló un moro viejo, — de esta manera fablara:  —¿Para qué nos llamas, rey, — para qué es esta llamada?                  —¡Ay de mi Alhama!— —Habéis de saber, amigos, — una nueva desdichada:  que cristianos de braveza — ya nos han ganado Alhama.                 —¡Ay de mi Alhama!— Allí fabló un alfaquí — de barba crecida y cana:  —Bien se te emplea, buen rey, — buen rey, bien se te empleara.                  —¡Ay de mi Alhama!— Mataste los Bencerrajes, — que eran la flor de Granada,  cogiste los tornadizos — de Córdoba la nombrada.                 —¡Ay de mi Alhama!— Por eso mereces, rey, — una pena muy doblada:  que te pierdas tú y el reino, — y aquí se pierda Granada.                  —¡Ay de mi Alhama!— Principal acceso a granada musulmana Otro de los accesos a la Alhambra Alhama es una palabra árabe que tiene significado de baños. Aquí es una población cercana a Granada que está asentada sobre unos baños romanos Zacatín era el lugar donde se vendían ropas Instrumento musical de viento morisco Experto en jurisprudencia árabe Banu Sarray (abencerrajes) era un linaje importante norteafricano. Participan en las revueltas que debilitan el reino nazarí. Marian Suárez Orive Romance por la pérdida de Alhama

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  Paseábase el rey moro — por la ciudad de Granada  desde la puerta de Elvira — hasta la de Vivarrambla.                  —¡Ay de mi Alhama!— Cartas le fueron venidas — que Alhama era ganada.  Las cartas echó en el fuego — y al mensajero matara,                  —¡Ay de mi Alhama!— Descabalga de una mula, — y en un caballo cabalga;  por el Zacatín arriba — subido se había al Alhambra.                 —¡Ay de mi Alhama!— Como en el Alhambra estuvo, — al mismo punto mandaba  que se toquen sus trompetas, — sus añafiles de plata.                  —¡Ay de mi Alhama!— Y que las cajas de guerra — apriesa toquen el arma,  porque lo oigan sus moros, — los de la vega y Granada.                  —¡Ay de mi Alhama!— Los moros que el son oyeron — que al sangriento Marte llama,  uno a uno y dos a dos — juntado se ha gran batalla.                  —¡Ay de mi Alhama!— Allí fabló un moro viejo, — de esta manera fablara:  —¿Para qué nos llamas, rey, — para qué es esta llamada?                  —¡Ay de mi Alhama!— —Habéis de saber, amigos, — una nueva desdichada:  que cristianos de braveza — ya nos han ganado Alhama.                 —¡Ay de mi Alhama!— Allí fabló un alfaquí — de barba crecida y cana:  —Bien se te emplea, buen rey, — buen rey, bien se te empleara.                  —¡Ay de mi Alhama!— Mataste los Bencerrajes, — que eran la flor de Granada,  cogiste los tornadizos — de Córdoba la nombrada.                 —¡Ay de mi Alhama!— Por eso mereces, rey, — una pena muy doblada:  que te pierdas tú y el reino, — y aquí se pierda Granada.                  —¡Ay de mi Alhama!— antítesis Hay una contradicción si se dice que pasea y que descabalga de una mula un poco después Estructura de segundo hemistiquio de los cantares de gesta. Cambio de tiempo verbal poliptoton quiasmo Marian Suárez Orive Romance por la pérdida de Alhama Indeterminación. No sabemos de qué rey se habla.

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Romances novelescos o líricos Marian Suárez Orive

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Romances para comentar. Marian Suárez Orive

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Romance del conde Arnaldos Quién hubiese tal ventura     sobre las aguas del mar      como hubo el conde Arnaldos     la mañana de San Juan!        Con un falcón en la mano     la caza iba cazar,     vio venir una galera     que a tierra quiere llegar.        Las velas traía de seda,     la ejercia de un cendal,     marinero que la manda     diciendo viene un cantar        que la mar facía en calma,     los vientos hace amainar,     los peces que andan n'el hondo,   arriba los hace andar,        las aves que andan volando   n'el mastel las faz posar.   Allí fabló el conde Arnaldos,     bien oiréis lo que dirá:        -Por Dios te ruego, marinero,     dígasme ora ese cantar. -Respondióle el marinero,     tal respuesta le fue a dar:        -Yo no digo esta canción     sino a quien conmigo va.  Marian Suárez Orive

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Yo me era mora Moraima, morilla de un bel catar. Cristiano vino a mi puerta, cuitada, por me engañar: hablóme en algarabía como quien la sabe hablar: -«ábrasme las puertas, mora, si Alá te guarde de mal.» -«Cómo te abriré, mezquina, que no sé quién te serás?» -«Yo soy el moro Mazote, hermano de la tu madre, que un cristiano dejo muerto; tras mí viene el alcalde: si no me abres tú, mi vida, aquí me verás matar.» Cuando esto oí, cuitada, comencéme a levantar, vistiérame un almejía no hallando mi brial, fuérame para la puerta y abríla de par en par. Marian Suárez Orive Romance que dice: Yo me era mora Moraima

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Marian Suárez Orive Triste está la reina, triste, triste está, que no reyendo, asentada en su estrado franjas de oro está tejiendo, las manos tiene en la obra y el corazón comidiendo, l os pechos le están con rabia ansiosamente batiendo, lágrimas de los sus ojos hilo a hilo van corriendo, palabras muy lastimeras por su boca está diciendo. Romance de la reina triste

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Romance de una gentil dama y un rústico pastor Marian Suárez Orive Estáse la gentil dama paseando en su vergel, los pies tenía descalzos, que era maravilla ver; desde lejos me llamara, no le quise responder. Respondile con gran saña: -¿Qué mandáis, gentil mujer? Con una voz amorosa comenzó de responder: -Ven acá, el pastorcico, si quieres tomar placer; siesta es del mediodía, que ya es hora de comer, si querrás tomar posada todo es a tu placer. -Que no era tiempo, señora, que me haya de detener, que tengo mujer y hijos, y casa de mantener, y mi ganado en la sierra, que se me iba a perder, y aquellos que me lo guardan no tenían qué comer. -Vete con Dios, pastorcillo, no te sabes entender, hermosuras de mi cuerpo yo te las hiciera ver: delgadica en la cintura, blanca soy como el papel, la color tengo mezclada c omo rosa en el rosel, el cuello tengo de garza, los ojos de un esparver, las teticas agudicas, que el brial quieren romper, pues lo que tengo encubierto maravilla es de lo ver. -Ni aunque más tengáis, señora, no me puedo detener.

Summary: Revisión teórica de los romances con un análisis literario e histórico que ayudan a la comprensión. Hay propuestas de ejercicios.

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