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El enigma del mal Orfa Kelita Vanegas V.
La experiencia humana del mal se da sólo a través de los códigos de una cultura determinada, tal experiencia no deja por ello de contener una invariante, que es el enigma mismo.
Enigma que se deduce en un lugar de enfrentamiento del sujeto humano con la opacidad de algo real irreductible, un horror y una angustia.
La “Cosa”, Límite inferior de toda subjetividad, amenaza interna a la cohesión psíquica del sujeto y persistencia de algo real resistente a toda simbolización pero capturada con la red sabia de los signos.
La salida del mal, ¿será posible? Siendo así, no sabría ser otra cosa más que una muerte infinita, indefinida del fantasma. ¿Mediante qué vía? “La caridad del arte” La palabra analítica
Destino de la libertad - Tener un alma Banalidad del mal = Sensibilidad al mal Nombrar el mal, seguirle la pista nos umbilica en el goce de los hombres y mujeres, permite hacer historias del mal para no sucumbir al mal.
y es precisamente esa esencia la que nos lleva a poner en tela de juicio el campo de la experiencia moral. Hay una potencia del mal que se puede situar en el corazón mismo del fenómeno humano y que posee una consistencia propia más allá de toda manifestación empírica…
El mal radical surge como la evidencia de algo extraño y amenazador que el sujeto experimenta y que desde el interior lo quebranta hasta el punto de arrancarlo de su propia cohesión, es el “corazón de las tinieblas”, es la libertad que se desea entera.
La novela se constituye en la quintaesencia del enigma del mal, explora el sadomasoquismo de la psique, es reveladora de los resortes maléficos del goce.
La literatura y no ya principalmente la religión se hace cargo de la “parte maldita” del sujeto y la sociedad. Ello deviene de la crisis del simbolismo cristiano, de la idea de un mundo abandonado a su finitud.
“Es el mundo de las palabras el que crea el mundo de las cosas” Precisar la arqueología de las conductas frente al mal que son hoy las nuestras, es poner de manifiesto la realidad sedimentaria de nuestro presente.
Hay en nosotros, en esa lengua mediante la cual nos explicamos con nosotros mismos, y con la cual nos comunicamos con los demás, jirones o restos de antiguos pensamientos que se entrelazan con los nuevos… “Es la carne de que estamos hechos”
Toda consistencia subjetiva presente hoy en nuestra cultura es necesariamente la heredera del sujeto cristiano.
La fuerza del mal desde el pensamiento cristiano se dimensiona como algo inseparable de una economía de la salvación y de la redención. Radicalmente diferente al pensamiento de los griegos que concibe el mal como una guerra librada en el seno del Ser.
La cuestión del mal en el pensamiento griego se opone a una “moral”, es lo que ocurre en el interior del Ser que se expresa y se vive en la relación de los mortales con los Otros.
El fenómeno religioso constituye uno de los protagonistas principales del acontecer histórico, y en esa medida contribuye decididamente a gestar la mentalidad del respectivo pueblo o cultura.
Recapitulando El pensamiento occidental está regido por una teología cristiana, en la que se afirma un pacto metahistórico entre el sujeto humano y la subjetividad de Dios. El mal es ese enigma que persiste en el corazón de cada hombre así como en el fundamento del vínculo social.
Cada época inventa sus propios protocolos, sus propios códigos, para afrontar y a la vez exorcizar esa región designada como el enigma del mal. El sujeto se constituye como dialéctica de un cuerpo y de una palabra. Cuerpo pulsiones Palabra humaniza
El procedimiento literario explora las manifestaciones del mal extremo en el punto de intersección de la subjetividad singular y de la organización social.
El contemplar de cara el mal para transponerlo en arte, en discurso, puede sustraernos a la banalización y abrirnos a la libertad.
Summary: Nociones básicas sobre el fenómeno del Mal y su relación con la literatura. Fundamentados en las teorías de Georges Bataille, Denis Rosenfield y Bernard Sichère
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