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Actualmente la gran mayoría de los pobladores más jóvenes del sector saben leer, asisten a la escuela rural en la edad que les corresponde y pasan al bachillerato, que se encuentra en el casco urbano, a más de cinco kilómetros, con buenos resultados.
Un día, en el año 2008, gracias a las buenas intenciones de nuevos colonos y a la colaboración de los habitantes del sector, la Biblioteca comenzó a crecer …
Los colonos consiguieron fondos en el interior del país. Los habitantes del sector apoyaron con trabajo comunitario.
Sin embargo cuando la Biblioteca Comunitaria La Alegría cambió de sede, los dolores de crecimiento no se hicieron esperar.
Una biblioteca no es un edificio. Es un proyecto de educación que debe formar lectores, productores de textos y ciudadanos críticos y autónomos, responsables del bien común.
En un principio no había sala le lectura para los niños. Sólo un gran salón repleto de juguetes.
Muchos de los mejores libros se perdieron en la mudanza. Otros sufrieron maltrato y quedaron expuestos a la humedad y al desorden.
Algunos jóvenes que habían crecido con los libros quisieron ayudar a recuperarlos.
Poco a poco los libros fueron encontrando de nuevo su lugar y su desplazado protagonismo.
Nuevos lectores comenzaron a llegar a este sitio de encuentro.
Los jóvenes, estudiantes de bachillerato fueron los primeros en tomarse la sala de consulta para hacer sus tareas.
La sala de computadores se convirtió en el atractivo de todos gracias a los juegos instalados.
Una vez creada la sala de lectura infantil, se realizaron talleres con público de todas las edades.
Las madres acudieron con los más pequeños y descubrieron que la Biblioteca podía ayudarles a crecer como lectores, tanto a sus hijos como a ellas mismas.
Los jóvenes se entusiasmaron con la literatura y el arte.
Los niños quisieron participar de las actividades creativas, acercándose a los álbumes de muchas maneras.
Otras organizaciones quisieron apoyar la educación de niños y jóvenes de La Alegría y Guacamayas y llegaron los profesores de música a crear una orquesta.
Hoy en día, a mediados del 2010, no se conoce el futuro de esta propuesta comunitaria que nació, creció y sobrevivió durante nueve años en la casa de una líder con gran vocación pedagógica. Las puertas de la Biblioteca La Alegría están abiertas pero falta mucho para que el programa resucite y vuelva a formar lectores y ciudadanos.
¿Logrará sobrevivir a los dolores de crecimiento? Todos, pobladores nativos y colonos, somos responsables. Nuestra obligación conjunta es velar porque niños y jóvenes del sector tengan mejores oportunidades que sólo podrán obtener si saben leer y escribir. ¿Seremos capaces de ganar esta apuesta?
IRENE VASCO irenevasco@yahoo.com www.irenevasco.com
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