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Salud y ambiente 200 años de historia Profesora: Silvina Montesano Alumnas: Rocío Oyola, Geraldine Esteban López Colegio: Nuestra Sra. de la Compasión
Historia de los servicios de salud en Argentina
Etapas de la historia de los servicios de salud. La historia de las políticas sociales y de salud ha sido clasificada en fases acordes a las etapas del desarrollo capitalista en la región. De acuerdo a un modelo de análisis que busca identificar los determinantes de cada política de salud, pueden distinguirse cuatro grandes fases de las mismas: 1. La primera etapa del desarrollo estaría caracterizada, según este modelo, por la orientación del proceso de acumulación hacia los intereses hegemónicos de la burguesía agroexportadora. La modalidad de ejercicio del poder político instituida por esta clase fue denominada Estado liberal, a pesar de sus características fuertemente autoritarias y excluyentes. Las demandas sociales emergentes solo fueron absorbidas por el Estado cuando se trataba de aquellas medidas que podrían llegar a comprometer al propio proceso de trabajo. En esas situaciones se promulgaron leyes que casi nunca fueron cumplidas con relación a la jornada laboral, a los accidentes y al trabajo femenino e infantil. 2. El inicio del proceso de industrialización inaugura la etapa de crecimiento “hacia fuera”. La misma desplazó a la oligarquía agroexportadora dando lugar a una amplia coalición que incluye a la burguesía industrial, a los sectores medios y aún a los trabajadores urbanos, dando origen al denominado Estado de Compromiso. En esta etapa las demandas de los trabajadores urbanos son incorporadas a través de organismos de Seguridad Social.
3. La etapa siguiente del desarrollo del capitalismo industrial marcada por la internacionalización del capital en un proceso de asociación entre capitales de origen nacional e internacional, da lugar a un Estado burocrático-autoritario, empresarial, militarizado y tecnocrático; que excluyó del poder al movimiento obrero organizado. En lo que se refiere a la política social la misma se subordina a los intereses de acumulación dando lugar a dos grandes tendencias: la privatización y la incorporación de tecnología. 4. Finalmente, la crisis económica reciente del capitalismo mundial, así como la de los países socialistas, redefine tanto los patrones de acumulación como los modelos de producción y la división internacional del trabajo, configurando grandes bloques. En los países industrializados cuya producción es liderada por los modernos sectores productivos, se abandona el modelo fordista anteriormente preponderante. Se produce entonces el agotamiento del Estado Benefactor y se impone el discurso neoliberal. Este esquema permite, también, describir la evolución del sector salud en la Argentina. De acuerdo con él podrían identificarse básicamente cuatro modelos de Estado en relación a las políticas sociales, y en particular a las de salud. C ada uno involucra un m odelo particular de ciudadanía y privilegia ciertas acciones en desmedro de otras. En conclusión, desde ese esquema, las etapas o fases de la ev olución del sector salud argentino son: 1. La policía médica 2. El Estado de Bienestar 3. El Modelo desarrollista 4. El Modelo Neoliberal
1. La policía medica Durante una extensa primer fase del desarrollo del sector salud la medicina progresaba de forma totalmente independiente a las funciones del Estado. Aunque el progreso del conocimiento médico reforzaba la imagen de poder y prestigio de los médicos, registraba un muy leve impacto en la agenda de políticas públicas. Esto se debe fundamentalmente a que en el Estado liberal la salud no era considerada un problema público sino privado. Las acciones de gobierno en el área se limitaban a garantizar la seguridad de la ciudadanía y sólo fueron expandiéndose a medida que surgía una demanda social organizada que presionaba sobre las estructuras de gobierno para que la misma expandiera sus responsabilidades sanitarias. El prestigio médico fundamentaba una asimetría de poder entre médico y paciente que justificaba decisiones unilaterales del primero sobre el segundo. Para el Estado liberal la preocupación por la salud no se centraba en curar a la población enferma sino en evitar la propagación de las consecuencias negativas (externalidades negativas) de la enfermedad y en especial de las epidemias. Se trata de un modelo higienista de Intervención del Estado pero más preocupado por “aislar a los enfermos” que por prevenir las enfermedades, más relacionado con las prácticas autoritarias que con los derechos y la democracia. Cuidar a la población y sobre todo a sus ejércitos era fundamental. Este modelo configura un primer rol del Estado con relación a la salud en el cual, más que como proveedor, financiador o regulador del mercado de salud, pasaba a ejercer funciones de policía. Entre las responsabilidades de esta “policía médica” constaba la de transformar a los pobres en más aptos para el trabajo y menos peligrosos para los ricos. Fue necesario quebrar la hegemonía del modelo higienista para que la salud pasara a integrar los derechos sociales. Hacia fines del siglo pasado esta modalidad higienista de intervención del Estado en salud ya coexistía con una segunda modalidad de carácter asistencial más preocupada por la atención médica a la población enferma. Aunque aquélla resultaba más efectiva en el mantenimiento de la salud era percibida de forma negativa por el conjunto de la sociedad.
2.El estado del bienestar y la salud El surgimiento de nuevas amenazas a la calidad de vida, tales como guerras, epidemias y grandes catástrofes, unido a las expansión de demandas sociales impulsaron una progresiva incorporación del Estado en las cuestiones de salud. Por ejemplo, en la Argentina los primeros hospitales públicos surgen para atender a ex combatientes de las campañas del desierto emprendidas por Juan Manuel de Rosas.Sin embargo, este proceso no se manifiesta de forma homogénea ni simultánea en todo el mundo. Se han identificado tres grandes trayectorias históricas en el desarrollo de los servicios de salud9. Por un lado la trayectoria liberal de los Estados U nidos de Norteamérica que deriva en la consolidación de un fuerte mercado de seguros privados. Por otro lado, el modelo del seguro social bismarckiano. En tercer lugar el modelo de Welfare o Seguridad Social inspirado en el informe de Lord Beveridge.
3. El estado desarrollista y la salud El rol distribucionista del E stado es reemplazado, en el desarrollismo, por el de garantizar la acumulación del capital. Dentro de este esquema ... “El sector salud sufre el impacto de las políticas de austeridad fiscal. Los intentos por disminuir el gasto del Estado nacional conducen a propuestas de racionalización del sector público, que en la práctica, se traducen en la paralización del crecimiento de su capacidad instalada, e incluso en el deterioro de la existente. Las propuestas de descentralización y desburocratización -específicamente dirigidas al cuestionamiento del modelo organizativo peronista- concluyen por trasladar bajo la responsabilidad de los estados provinciales la administración de la red hospitalaria nacional. Esta “política de transferencia” que inpacta diferencialmente a los servicios según capacidad de gasto y de gestión de los respectivos gobiernos provinciales, profundiza las carencias de una red de servicios que en buena medida se había conformado bajo el imperio de la discrecionalidad y la improvisación” No obstante, la contracción de la actividad social del Estado no involucra un “achicamiento” ni una privatización: “Por el contrario, los organismos estatales se expanden, cubriendo nuevos ámbitos de intervención. C omienza a desarrollarse en su interior una capa tecnoburocrática, con vinculaciones en el sector empresario nacional e internacional, directamente comprometida en tareas de planificación del desarrollo a partir del estímulo a la iniciativa privada. El discurso “modernizante” y “eficientista” pone el acento en la distribución racional de recursos por definición insuficientes”
4.El estado neoliberal y la salud El modelo de Estado burocrático-autoritario que se instala en la Argentina a partir de 1976 asume características fundacionales y desarrolla todos sus esfuerzos en erradicar las bases del Estado de compromiso que asumía funciones de intervención, de m ediación de intereses conflictivos, con un fuerte rol en la distribución del ingreso a través de instrumentos fiscales, que asumía un compromiso activo con el desarrollo industrial y donde las políticas sociales tenían un papel fundamental. Las Fuerzas Armadas incorporan el discurso neoliberal que da fundamento a su equipo económico. Esto repercute en la esfera de salud primando los componentes liberales y tecnocráticos, avalando el desmantelamiento de los servicios sociales en manos del Estado, y su traspaso a la actividad privada. Principios modernizadores como la jerarquización de la red sanitaria, el desarrollo de redes y de sistemas locales aparecen esbozados en el discurso oficial. Aunque en la práctica esto no ocurre y lo que se opera es una descentralización de los hospitales que transfiere el conflicto a la esfera provincial liberando al presupuesto fiscal de toda Responsabilidad por la salud de la población, inclusive del sostenimiento del hospital público, al que se otorga la posibilidad de financiamiento mediante el arancelamiento y la contratación con las obras sociales.
Trayectorias históricas en la organización de los servicios de salud en Argentina En conclusión, pueden identificarse en nuestro país cuatro modelos de Estado en relación a las políticas de salud. En el primero (liberal), la salud es totalmente subsidiaria y el rol del Estado se limita a garantizar que esta, así como las demás problemáticas sociales, no afecte el ritmo “natural” del mercado. El financiamiento de las pocas acciones existentes no es público sino privado por la v ía de las donaciones, y la salud no constituye un derecho de la población. En la década del cuarenta, las principales transformaciones en la estructura social del país consolidan las bases sociales de un nuevo Estado (de compromiso). Este incorpora la premisa de la “modernización” pero más en la acción que en el discurso (puesto que no se asume como “progresista” sino como “revolucionario”). La esfera pública crece exponencialmente, y dentro de ella la salud en su carácter de “cosa pública”. Este crecimiento es enteramente mediatizado por un Estado centralista y con un Pode Ejecutivo hiperdesarrollado. Los derechos sociales, y en particular los de salud, se expanden pero el acceso no se plantea de manera universal sino de forma regulada por el Estado. La coexistencia de acciones públicas con el desarrollo del sistema de seguro de salud (obras sociales) incorpora una gran fragmentación del sistema. La modalidad financiera apropiada para las acciones de salud de este tipo son los recursos fiscales, por un lado, y las contribuciones sobre el salario, por el otro. El desarrollismo provoca un giro en el rol del Estado por el cual el compromiso con el proceso de acumulación es anterior al compromiso con los derechos sociales. La premisa de la modernización se consolida para ser reeditada por todos los gobierno posteriores. No obstante, se incorpora como novedad la tendencia centrífuga de las acciones estatales. El sistema de salud comienza a ser descentralizado con la transferencia de los hospitales nacionales a las provincias en 1957. Al año siguiente los mismos son devueltos a Nación por causa de la baja capacidad técnica y financiera de las provincias. El modelo neoliberal es incorporado en la formulación de políticas públicas bajo el régimen autoritario. El mismo incorpora el espíritu de la contención del gasto, la focalización, la descentralización de los servicios (aún com medida contencionista) e intenta introducir una cuña en el sistema solidario de seguridad social, permitiendo la salida del mismo de los sectores de mayores recursos mediante su incorporación a los seguros privados, que se convierten en una pujante área de valorización del capital.
Los Gobiernos nacionales y locales que se sucedieron en los períodos de trancisión y consolidación de la democracia no consiguieron encontrar aún fórmulas superadoras de las recetas básicas centradas en la contención del gasto, en la fragmentación de los derechos, en la privatización de los servicios y en la desvinculación de la esfera central de cualquier compromiso de gestión que pudiera involucrar conflictos. Se consolidan así las tendencias hacia la descentralización y la desmercantilización mínima de los servicios, incorporando la terciarización y la compra y venta de servicios desde la esfera pública. La descentralización permanece como resultado de la confluencia de esta premisa en dos grandes discursos ideológicos, el neoliberal y el de la reforma progresista que se despliega en los sistemas de salud bajo la consigna de incorporar un modelo de Welfare S tate. No obstante, la democratización incorpora en la reformulación de los servicios la premisa de promover la participación social en el ámbito de la salud. Esta participación está dando sus primeros pasos y las pocas experiencias desarrolladas con éxito dificultan la identificación de estrategias apropiadas para todos los contextos. En la formulación de las políticas de salud la participación difícilmente supera el carácter declarativo. Sin embargo, los analistas internacionales coinciden en que es por ese camino que se debe avanzar para encontrar el antídoto contra los principales problemas que aquejan a nuestros sistemas de salud. Estos sumarios antecedentes permiten explicar la transformación profunda que se da en el campo de las políticas y servicios de salud. D esde la situación inicial caracterizada por un poder político del Estado que considera primero la protección sanitaria y el control de Enfermedades transmisibles considerando competencia de la atención médica a la población sin recursos económicos una función social de caridad. En esta época las políticas de salud están muy fuertemente vinculadas a un arte y una ciencia, que es patrimonio de los médicos, y que por otro lado no tiene mayor trascendencia en el campo político. La salud o mejor dicho la enfermedad como concepto general en esa época es totalmente compartido, indiscutido y de responsabilidad médica. Cuando la evolución social da lugar a una creciente demanda de servicios médicos y de salud colectiva, a la que se suma la exigencia de control por la autoridad de salud sobre otros campos que se relacionan con la producción, el trabajo y la satisfacción social, surge la mayor importancia de las políticas de salud. En la actualidad el campo de la salud no es solamente de competencia médica sino que se amplía al quehacer de otras disciplinas y a la sociedad plena. Además adquiere importancia en la industrialización y exportación de bienes (medicamentos, alimentos y equipo médico) ampliando su clásico cometido de atender el cuidado de la salud y la reparación de la enfermedad en la población. En el presente mantener y mejorar la salud es una inversión indiscutible
es un error interpretar la política de salud dentro del campo restringido de la satisfacción de necesidades de atención médica, aunque esta área sea la que consume más del noventa porciento del gasto social de los servicios de salud. Paradójicamente este gasto tiene una contrapartida no identificada que es el valor agregado que permiten y promueven las acciones de control de calidad de medicamentos y alimentos en los que participa el sector salud, y especialmente los Ministerios de Salud. La tendencia es a que el sector salud siga aumentando su participación en el producto bruto interno y en la capacidad de empleo comparativamente con otros sectores. La crisis económica, el pago de la deuda externa y las políticas de ajuste, repercuten desde hace unos años fuertemente en el campo de la salud, y especialmente en los servicios de atención médica, que paulatinamente quedan rezagados del avance tecnológico. La deuda económica se paga en gran proporción incrementando la deuda social. La tradición de privilegiar la atención médica, ampliamente justificada por su carácter de necesidad sentida y expresada por la comunidad, genera un conflicto durante la aplicación de estas políticas de ajuste por el aumento de la brecha en la satisfacción de necesidades expresadas por la población, la insuficiencia de los servicios públicos y el crecimiento progresivo de la oferta de servicios privados. Por otro lado se debilita la función de la fiscalización que es una competencia indelegable del Estado, para el control de: la calidad de los servicios médicos, de la producción de medicamentos y en el control de los riesgos en el campo de la industria de la alimentación y de productos agrícolas por consumo de bienes y servicios. Todas estas actividades directa o indirectamente constituyen una forma de retorno económico en la contribución del sector salud al desarrollo. La modernización del Estado y los estilos económicos y sociales contemporáneos, repercuten especialmente en el campo de la salud. Lamentablemente las propuestas políticas de soluciones en el sector salud continúan siendo tradicionales, de inspiración básicamente médica, matizadas en parte por la incorporación de conceptos multidisciplinarios en la salud. No obstante, la interpretación del fenómeno político en el campo de la salud y el tipo de respuestas continúa siendo de corte profesionalmente sectario y fuertemente teñidas por la ideología médica
Historia del medio ambiente urbano
La química, la higiene pública y la salubridad de las ciudades. Buenos Aires 1850-1890 En Buenos Aires la química fue una de las primeras ciencias en conformarse, debido a la presencia de profesionales extranjeros de prestigio tales como Miguel Puíggari o Charles Murray. En 1854 se forma la Asociación Farmacéutica y en 1858 comienza a aparecer la Revista Farmacéutica, en donde se publican sucesivos artículos relacionados con problemáticas de la ciudad, tales como los pozos artesianos, saladeros y mataderos y otros temas referidos a la calidad del aire, el agua y sol. En cuanto a los médicos, en 1854 se forma la Asociación Médica Bonaerense y en 1864 comienza a editarse la Revista Médico Quirúrgica, en donde aparecen gran cantidad de artículos relacionados con la ciudad. La agenda de temas urbanos propuestos por estos profesionales abarcó desde los problemas ligados al "emplazamiento original de la ciudad" (localización geográfica, situación geológica, clima, vientos), hasta la "organización material" de la urbe, basada en principios higiénicos. En los aspectos edilicios: Ancho de las calles, altura máxima de los edificios, relación entre altura y ancho, plazas y parques, y árboles en las aceras públicas. En lo relativo a servicios de higiene e infraestuctura: Limpieza pública, recolección y tratamiento de residuos, pavimentación, abastecimiento de agua y desagüe cloacal. Por último, las localizaciones especiales para establecimientos insalubres: como la ubicación extra urbana de sitios signados como peligrosos o dañosos a la salud, básicamente los saladeros y mataderos, industrias, hospitales y cementerios fueron otra de sus preocupaciones. La agenda de propuestas de esta etapa, anclaba en un conjunto de creencias epidemiológicas que hacían hincapié en las condiciones del "entorno" y la aparición de enfermedad. Estas teorías epidemiológicas, encuentran su génesis en la medicina hipocrática, en tanto fue Hipócrates quien formuló por primera vez la relación entre las condiciones climáticas, cambios estacionales y la "tipicidad" de la enfermedad que presentaba una región. Al decir de Urteaga, en "Naturaleza, Clima y Civilización",1 esta teoría epidemiológica, que ponía fuerte acento en la influencia del "ambiente" sobre la salud y la Teorías de los Climas (Siglo XVIII), que vinculaba las características físicas y morales de los hombres a las particularidades climáticas de los lugares que habitaban, constituyeron las primeras teorías sobre el ambiente aparecidas históricamente. A partir del siglo XVIII, aquella antigua teoría "ambientalista" sobre la enfermedad, reformula sus postulados con los conocimientos de la química moderna, apareciendo formalmente con el nombre de neohipocratismo. Para esta teoría, la enfermedad no tiene aún origen microbiológico, sino que es asimilada a fermentaciones de orden "químico" producida por gases deletéreos (mortíferos) y sofocantes - no malsanos per se sino porque inhabilitan la actuación de otros gases benéficos como el oxígeno o el ozoe. Por la etapa, la materia orgánica en putrefacción: detritus animales, basurales a cielo abierto, emanaciones de saladeros, mataderos, fábricas, gases exhalados de letrinas no sometidas a tratamiento, son señalados como la principal causa de producción de gases mortíferos conductores de enfermedad. En esta época, el aire, aún más que el agua, juega un rol esencial en la salud humana en tanto se lo considera el principal vector de enfermedades epidémicas. ¿En qué se relacionan estas teorías sobre entorno y salud, con las propuestas urbanas?.
Siguiendo a higienistas argentinos famosos como Eduardo Wilde o Guillermo Rawson existen ciertos "modificadores externos" que favorecen o alteran la salud poblacional. Algunos de estos modificadores son directamente naturales y dependen del emplazamiento original de la ciudad, tales como el clima o la humedad, y otros en cambio, están sujetos a la "organización material" de la urbe. Cuestiones como la calidad atmosférica, la temperatura ambiente, la mayor o menor cantidad de asoleamiento, la pureza del agua, son factores que inciden en la salud y que dependen exclusivamente del manejo que haga de ellos a nivel urbano. Para los químicos y higienistas de este período, la adecuada "organización material" es la resultante del entrelazamiento específico entre ciertos elementos naturales y los aspectos construidos (organización material). Prácticas como la recolección diaria de residuos, la pavimentación, la limpieza de letrinas, la distribución de agua potable y el desagüe cloacal, la localización extraurbana de cementerios, saladeros e industrias, aminoran la actuación de los gases deletereos, mientras que el ancho adecuado de calles, la relación entre altura y ancho de edificios, la creación de parques y plazas, y la arboleda urbana, favorecen la producción de gases benéficos, como el oxígeno o el ozono Junto a estas teorías de orden epidemiológico, otras dos propuestas, resultan los elementos más significativos de las prácticas urbanas de este período: una es de orden económico y se vincula con los proyectos ligados a extraer beneficio económico de ciertas excreciones urbanas, como la basura o el líquido cloacal, y otro es de orden científico y está ligado al "principio de circulación constante de la materia", postulado que aún sigue vivo en ecología, y que ya aparece en los estudios de los higienistas y químicos de la etapa. En cuanto a la faz económica, algunos ingenieros como Higgin, o profesionales como Aberg y empresarios interesados en obtener rentabilidad comercial, presentan sucesivos proyectos tendientes a fertilizar con abono humano campos especialmente designados para sembrar. Ello resolvía dos problemas de importancia: Uno sanitario, es decir, el destino final de las basuras o el desecho cloacal sin perjuicios ulteriores para la salud, y otro económico, en tanto se consideraba que tales "excreciones urbanas" servían para fertilizar la tierra produciendo cosechas altamente redituables en los mercados externos. Ligado a este criterio sanitario-económico, un postulado de mayor envergadura subayacía tras estas propuestas: "devolver a la tierra los principios fertilizantes que reclama", es decir el principio de "circulación permanente de la materia", estudiado por químicos extranjeros como Théodore de Saussure, Liebig, Boussingault o Dumas y continuamente referenciados en Buenos Aires por profesionales locales como Miguel Puíggari, que fue junto a los ingenieros, naturalistas y empresarios antes citados, uno de los propulsores de la "irrigación de terrenos con fines agrícolas", que constituyó uno de los debates paradigmáticos de este período.
Período 1890-1915. La higiene social y las nuevas nociones de ambiente. La ingeniería sanitaria y su concepción de medio urbano Hacia 1890, aquella primera agenda de higiene pasará lentamente de "pública a social". ¿Cómo se resignifica la relación ambiente-ciudad, a partir de la emergencia del higienismo social?. Dos cambios fundamentales marcan la entrada en escena de la higiene social. Las transformaciones producidas por la revolución pasteuriana2 y la resignificación ideológica de las causas sociales que originan la enfermedad. En este sentido, la higiene social retoma el viejo cuerpo programático de la higiene pública: agua, recolección de residuos, pavimentos (causas directas) pero agrega otros ligados a las "causas indirectas": salarios, alojamiento, condiciones de trabajo de los obreros. Con la "higiene social", viejos términos tradicionales del lenguaje urbano sanitario, tales como condiciones de higiene, salubridad, salubrificación, higiene pública, se reunen con nuevas terminologías como "medio fabril", "temperatura ambiente", "medio social", "medio ambiente", "medio industrial", nuevos vocablos que se introducen con la medicina social, junto con otros como "medio físico" o "ambiente malsano". Ellos designan viejos y nuevos temas del higienismo: calidad del aire, agua y sol, salubridad de la habitación, alojamiento popular, junto a nuevas temáticas específicas de finales del XIX, como higiene industrial, enfermedades profesionales, ruidos, automatismo, surmenage muscular o nervioso, seguros contra la invalidez y vejez, vivienda propia, y otro conjunto de expresiones que evocan nuevas y antiguas problemáticas de la higiene poblacional. Hacia fin de siglo, se institucionalizan los términos "medio", "ambiente" y "medio ambiente", abarcando campos temáticos que aluden a distintas dimensiones del ambiente: físico, natural y construido. El "medio físico" abarca el estudio de los agentes naturales como el aire, el agua, el sol y calidad del suelo que son estudiados desde la perspectiva de las disciplinas tradicionales como la higiene y la química, y las ciencias nacientes como la bacteriología. El medio construido pone el acento en la organización material del espacio en pos del mejoramiento de la salud y la calidad de vida. De acuerdo a los nuevos postulados de la microbiología y los nuevos problemas de fin de siglo, las temáticas centrales de esta etapa son: la "orientación" de las calles a fin de asegurar el asoleamiento mínimo diario de las viviendas, el alojamiento obrero, materiales higiénicos para la construcción de talleres industriales, la evacuación de líquidos cloacales y residuos domésticos tanto en el conventillo como en la industria, baños y duchas para la higiene de los obreros, temperatura adecuada en el trabajo. Todos problemas que encaró el higienismo social para mejorar la calidad del "ambiente" en que transita su vida del obrero, en la ciudad, en el trabajo o en la vivienda. El "medio social" aparece tras este vasto campo de temas que no excluyen los infraestructurales, pero que se centran en la "calidad" de vida: la fatiga, el surmenage, la sobrecarga muscular o nerviosa, la dispersión que provoca el automatismo de ciertas tareas industriales, que constituyen las enfermedades profesionales típicas del "medio fabril". Junto con la tuberculosis, el alcoholismo o la prostitución, fueron parte de los padecimientos tratados por el higienismo social de fin de siglo que los vinculó al "ambiente malsano" que rodeaba la vida del trabajador: el alojamiento antihigiénico, la habitación hacinada, la carencia social y económica, el trabajo insalubre.
A mi criterio, estas medidas constituyeron el primer conjunto de intervenciones destinadas a mejorar la calidad del entorno urbano porteño. Sin embargo ellas no podrían ser calificadas como "ambientales" en el sentido estricto que hoy le damos al concepto. Constituyen prácticas de higiene urbana ideadas desde concepciones muy diferentes a los actuales y con objetivos de salubridad y salud pública, también muy distintos. Las terminologías utilizados por los higienistas de la etapa 1850-1890 para "nominar" lo que hoy llamamos "medio ambiente" fueron términos como "modificadores externos", "modificadores higiénicos", "modificadores externos de la salud", "circumfusa", "excreta", "ingesta", "aplicata", "miasma", "salubridad", "higiene". Por la etapa, términos como "medio o ambiente" están aún relegados al lenguaje físico químico y aún no son visualizables en los escritos referidos a la ciudad. Como comenté anteriormente, con el higienismo social que emerge hacia 1890 se institucionalizan terminologías como "medio físico", "medio fabril", "ambiente malsano" o "medio ambiente". Ellas evocan diferentes dimensiones del ambiente que abarcan lo físico natural, lo construido y el ambiente social. Tres dimensiones detrás de las cuales se esconden tanto nuevas como antiguas problemáticas, a la vez que nuevas perspectivas científico ideológicas para abordarlas. Paralelamente a la emergencia del higienismo social, otra profesión ligada al campo técnico se consolida lentamente y comienza a compartir las incumbencias y preocupaciones relativas al medio urbano: la "ingeniería sanitaria". Tradicionalmente, los problemas técnicos relativos al saneamiento e higiene de la ciudad de Buenos Aires, fueron abordados por los ingenieros egresados de las primeras ramas formalizadas en Argentina: la ingeniería civil y la hidráulica. Los problemas centrales ligados a la calidad del entorno urbano que ocuparon a estos profesionales fueron: medios técnicos de abastecimiento de agua y desagüe cloacal, pavimentación: tipo de materiales a utilizar según suelo, clima, humedad, tránsito, etc, composición, tratamiento y disposición final de los residuos urbanos, además de la reutilización comercial de la basura, que constituye un debate central de los ingenieros hacia fin de siglo. Retomando esta tradición disciplinar, hacia finales del siglo XIX, comienza a consolidarse lentamente la ingeniería sanitaria. Dicha rama técnica, fue conformándose lentamente al calor de varios factores que se articulan en paralelo. Los conocimientos adquiridos en la facultades, el contacto permanente con especialistas de otras profesiones, la práctica en las oficinas del estado, los viajes de estudio internacional, el trabajo dentro de las Comisiones de Salubridad y el vínculo constante con ingenieros extranjeros, fortalecieron y solidificaron el saber y la experiencia de los ingenieros locales. Hacia fin de siglo, la presión de los Congresos Internacionales - que reclaman la existencia de arquitectos e ingenieros sanitarios - y la relevancia que toma el agua, el tratamiento de residuos y la limpieza del subsuelo como elementos claves en la preservación de la salud pública a partir de la revolución microbiológica, serán factores esenciales en la consolidación de la técnica sanitaria como rama independiente. A mi criterio, hacia 1915, la ingeniería sanitaria, cuyo campo de incumbencia será: el estudio de los "grandes factores salubres naturales: aire, luz, suelo, agua, captaje y distribución de aguas potables, evacuación y tratamiento de residuos, saneamiento", toma en su seno las competencias que tradicionalmente habían sido abordadas por la higiene pública, estableciéndose una división de funciones entre higienismo social y técnica sanitaria, en las que al ingeniero le corresponde la puesta a punto del "medio material".
Junto con el nacimiento de la ingeniería sanitaria se institucionalizan una serie de terminologías que aparecen constantemente en los escritos de los ingenieros sanitarios: "medio material", "medio artificial", "medio urbano". Ellos aluden a conceptos que aún siguen vigentes en la planificación urbano ambiental y también a términos que aún continúan utilizándose. ¿No se considera "medio artificial", al soporte tecnosférico edificado sobre un soporte natural?, ¿no es acaso el "medio material" la adaptación del hábitat construido a las necesidades de uso del "medio humano" ?, ¿no es este acondicionamiento, en definitiva, el "medio urbano"? Lo que quiero poner de manifiesto, es que hacia principios del siglo XX – y particularmente con la institucionalización de la ingeniería sanitaria - emergen terminologías y significados que están en las base de muchos de los actuales conceptos de la planificación urbano ambiental, aunque los "objetivos" que guían la práctica en una y otra etapa, son radicalmente diferentes, tal como se verá a continuación. Resumiendo: Entre 1850 y 1915 se institucionaliza lentamente un concepto: "el medio ambiente urbano". A mi criterio, su emergencia como nuevo objeto de problema, resume la historia de las disciplinas que sucesivamente se ocuparon del tema, las teorías usadas para encauzar la problemática en diferentes escenarios, la renovación de las teorías y la transferencia de conceptos entre las disciplinas, y un cuerpo de problemas alrededor de los cuales entre 1850 y 1915, fue paulatinamente consolidándose un nuevo dominio de intervención: "el medio ambiente urbano". ¿Pueden considerarse aquellas concepciones y prácticas sugeridas respecto al medio urbano similares a las actualmente sostenidas desde la ecología? A mi parecer, varias de las nociones que ya aparecen entre el XIX y XX - esencialmente con la emergencia de la ingeniería sanitaria - constituyen el antecedente directo de muchos conceptos actuales del campo ambiental, aunque lo cierto es que algunos criterios separan ampliamente aquellas concepciones y prácticas, de las actuales. Esencialmente el siguiente: en los albores del XX, el ambiente es definido "en pos de la salud pública": el sanitarismo, la preservación de la enfermedad, el acondicionamiento del hábitat construido en pos del confort humano, son los objetivos que guían la práctica de los profesionales de la ciudad. Desde la década de 1970 en adelante, con la caída del ideal de progreso indefinido y el escepticismo en la "técnica" como instrumento superador de los obstáculos al desarrollo el "medio" y la "sostenibilidad del ambiente" pasan a ser los protagonistas. Cambio fundamental de perspectiva, objetivos y "objeto" de estudio, que sostenido en tradiciones y prácticas disciplinares anteriores se reformula para abordar nuevas problemáticas inexistentes hacia comienzo de siglo
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