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Es difícil imaginar lo que debía de ser la vida en las trincheras. Se vivía constantemente bajo fuego enemigo, rodeado de piojos, ratas, barro y eternamente empapado. En ocasiones, el agua les llegaba hasta la cintura donde tenían que permanecer larguísimas horas. Las condiciones eran pésimas. Comían comida en mal estado, o a veces no comían.
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