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LA ENERGIA DE SANACION
Mi intención es ofrecer al lector una nueva perspectiva sobre la salud, específicamente: por qué, NO ? nos curamos y cómo, SI podemos conseguirlo. Quizá dé la impresión de que abordo el tema de la curación como si fuera secundario, puesto que dedico una gran parte del libro a los motivos que nos impiden sanar, pero creo que muchos de nosotros sentimos casi tanto miedo a sanar como a estar enfermos. Confío en que el lector, al percatarse de que el temor y otras emociones nos impiden sanar, identifique con más facilidad la forma en que dificulta, consciente o inconscientemente, el proceso de su curación. Dar por sentado que todo el mundo desea curarse es a la vez erróneo y peligroso. Por ejemplo, la enfermedad puede convertirse en un potente instrumento para reclamar atención; como forma de influir en los demás, la enfermedad hasta puede resultar atractiva. Por otra parte, la enfermedad puede transmitir el mensaje de que la forma de vida debe modificarse drásticamente.
Puesto que el cambio constituye uno de los aspectos más aterradores de la vida, quizás el temor al cambio sea mayor que el miedo a la propia enfermedad y, como consecuencia, los cambios necesarios son aplazados continuamente. La cultura holìsta de hoy en día consiste en la creencia de que la enfermedad es el resultado de una actitud personal negativa, ya sea debida a trágicas experiencias pasadas que contaminan nuestras mentes y nuestros cuerpos, o al mal karma de una vida anterior. Pero la actitud negativa no es la única fuente de enfermedad. Esta también puede ser la respuesta a una plegaria; y guiarnos físicamente hacia un camino de percepción y conocimiento que de otro modo nunca habríamos recorrido. La enfermedad puede convertirse en un catalizador que nos impulse a ampliar nuestra conciencia psíquica y comprender el profundo significado dé la vida. A pesar de ser aterradora, la enfermedad constituye, al mismo tiempo, una invitación a penetrar en la naturaleza del misterio. La vida está llena de misterios que tenemos que explorar pero que no debemos esperar mucho tiempo para resolver.
Confío en que este libro le ayude a hallar nuevas formas de abordar el significado de la enfermedad y otros desafíos que se plantean en la vida, a profundizar en los misterios de su ser y a avanzar en el camino personal que conduce a las regiones de lo espiritual. Si bien la enfermedad puede ayudarle a hallar su esencia sagrada, su unión con Dios, con la humanidad y con todas las criaturas, no es preciso que enferme para entrar en contacto con su espíritu y sanar su vida.
La era de Piscis fue una época de dualismo en que la conciencia humana se polarizó radicalmente entre la cultura occidental y la oriental, la iglesia y el estado, el cuerpo y el espíritu, la ciencia del magnetismo, incluso la polaridad entre la izquierda y la derecha. Al mismo tiempo, nos alejamos de la mentalidad tribal para desarrollar un claro sentido del yo. Si el tema de Piscis era la división, el tema de Acuario es la integridad, en la cual aspiramos a descubrir una unidad espiritual. Las religiones del mundo han comenzado a tratar de adaptarse unas a otras en formas sin precedente, y hemos desarrollado un mercado global, una tecnología global, y una conciencia global de la justicia social y de la necesidad de preservar el medio ambiente, pese a las evidentes violaciones y abusos constantes que hemos infringido como raza humana, por delegar la responsabilidad a unos cuantos y estos tomar decisiones equivocadas por obtener poder y dinero. En el desarrollo de la historia vemos un reflejo de nuestra propia evolución espiritual y nuestra necesidad de adaptarnos al cambio. Las dificultades y la enfermedad forman una parte integral de nuestro desarrollo espiritual. El fuego sanador del espíritu en la Era de Acuario, que se ha apoderado de nosotros como individuos, se halla también presente en todos los rincones del planeta; una fuerza mucho más poderosa que nosotros nos impulsa a curarnos a nosotros mismos, nuestra cultura y nuestro entorno; a convertirnos, en definitiva, en una especie consciente.
Una de las principales convicciones que deseo que usted adopte, a fin de sanar su vida o su dolencia, es la importancia del perdón. El perdón libera la energía necesaria para sanar. Le ofrezco varias formas de perdonar el pasado, o dejar de aferrarse a él, y le propongo nuevos ritos e invocaciones que le ayudarán a contemplar su vida actual simbólicamente, a potenciar su energía personal, a tomar contacto con la energía divina y a sanar. Ciertamente, la fe y el optimismo son factores importantes a la hora de resolver cualquier crisis vital, incluso una enfermedad. la naturaleza de la energía que anima nuestra vida en la tierra. Cada uno de nosotros posee centenares de circuitos de energía conectados entre sí, una energía que diversas culturas han denominado de forma diferente: el aliento divino de la vida que late en cada uno de nosotros. Lo que los hindúes llaman prana y los chinos chi, los cristianos lo denominan grada a Espíritu Santo, y los secularistas, vitalidad o fuerza vital. Podemos pensar que esta energía penetra en nosotros desde el universo, desde Dios o desde el Tao y, a medida que fluye a través de nosotros, nos proporciona la savia que precisamos para alimentar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones, además de que controla nuestro medio exterior. Todo en nuestra vida —cada pensamiento, cada acción en la que participamos, requiere esta energía.
Podemos maximizar nuestra cantidad de energía y el uso que hacemos de ella. En efecto, potenciar nuestra conciencia psíquica significa ser conscientes del flujo de la fuerza vital que fluye a través de nosotros, y de nuestra capacidad de dirigirla hacia determinadas zonas del cuerpo, sin por ello retirarla involuntariamente de otras. Esta cantidad adicional de energía puede obtenerse de dos fuentes. Una es la energía de otras personas, con las cuales usted se comporta de forma parasitaria a fin de obtener la energía necesaria para alimentar su sistema físico y emocional. Esta utilización de la energía de los demás crea adicción, y hace que usted se vuelva cada día más incapaz de valerse por sus propios medios y más dependiente de los demás. Necesita de los demás para potenciar su autoestima y para que le indiquen cómo debe vivir, comportarse o pensar, porque carece de la energía necesaria para crear su propia vida. Esta fuente de energía suele ser de corta duración, porque las personas que se la proporcionan no tardan en darse cuenta de que el hecho de estar con usted les hace sentirse agotadas, faltas de energía, y le rehuirán. La otra fuente de capital energético adicional son los recursos energéticos que usted posee en sus tejidos celulares. Todas las células de su cuerpo deben cargarse de energía diariamente para sobrevivir, al igual que también necesitan agua todos los días.
Debe emplear su asignación diaria de capital energético en alimentar su sistema físico y emocional. Si mantiene su cuerpo en perfectas condiciones puede alimentar su creatividad, sus relaciones, su necesidad vital de optimismo. Pero cuando extrae demasiada energía de su cuenta corriente celular, se endeuda. Cuanto mayor es la deuda más se debilita su tejido celular. Si no modifica este esquema, saldando sus deudas con la asignación diaria de energía, corre el riesgo de enfermar. El seguir aferrado a los acontecimientos negativos de nuestro pasado resulta caro, prohibitivamente caro. Es como tratar de mantener vivos a los muertos, y eso exige una tremenda cantidad de energía. Cuando nos negamos a librarnos del dolor que albergamos en nuestro sistema, caemos en la depresión. La energía tóxica de la depresión alimenta nuestras actitudes negativas hacia los demás y agota nuestros recursos energéticos. Comenzamos a proyectar las causas de nuestro fracaso sobre los demás y les achacamos la culpa de nuestra desgracia. Esta respuesta irresponsable a nuestros problemas se convierte en una actitud rutinaria. Nos aferramos a las relaciones y a los hechos negativos del pasado y del presente, porque así podemos considerarnos las víctimas y a todos los demás la fuente de nuestras desgracias.
La única forma de modificar ese esquema es librándonos de la carga del pasado, saldando esa deuda energética que ya no podemos mantener. El perdón es un medio de conseguirlo. Perdonar no significa restar importancia a lo ocurrido, o decir que no importa lo que ha sucedido. Significa librarnos de los sentimientos negativos que albergamos sobre ese hecho. La energía divina no penetrará en usted mientras no esté dispuesto a perdonar y a seguir adelante con su vida. No es sencillo recuperar el espíritu que perdimos hace tiempo, no sólo debido al auténtico dolor que experimentamos en su momento, sino también a que el hecho de permanecer en recuerdos llenos de ira o amargura puede convertirse en un hábito. Aprenda a tomar conciencia, con tanta frecuencia como sea posible, de lo que está pensando y dónde invierte su energía. Cuando se percate de que ha vuelto a sumirse en un recuerdo oscuro, ordene a su energía que regrese al momento presente diciendo: Me niego a seguir avanzando en esa dirección. Abandono ese camino de una vez por todas. Anímese y no deje que su pasado le intimide. Deje de otorgarle poder aferrándose a la idea de que las cosas debieron y pudieron haber sido distintas. Eso no tiene ningún sentido.
Ciertamente, el tomar conciencia de las convicciones negativas y sus efectos sobre nosotros puede ayudarnos a adoptar decisiones positivas y a mejorar nuestra vida. Yo creo, junto a muchos otros maestros y sanadores, que una toma de conciencia del innato vínculo de nuestro cuerpo-mente con nuestro espíritu puede propiciar el proceso de curación. Debemos comprender que, en algunos casos, es voluntad divina que no nos curemos físicamente, sino que aprendamos, por medio de una enfermedad crónica o terminal, ciertas lecciones necesarias para nuestra alma. En otros casos, debemos asimilar virtudes espirituales que sólo la enfermedad pone a nuestro alcance, y, al asimilarlas, servir de inspiración a otros. La transformación mediante la enfermedad es un tema espiritual que se repite desde hace siglos, y la fe en lo Divino puede enseñarnos lecciones muy valiosas y sanarnos. Aceptar la voluntad divina constituye la clave para alcanzar !a madurez espiritual, y para resolver los problemas físicos y emocionales. Al margen de que una enfermedad sea una crisis espiritual o haya sido causada por nuestra negatividad, la naturaleza humana está preparada para buscar el medio de sanar. Pero mis numerosas experiencias con personas aquejadas de enfermedades graves me han convencido de que, con frecuencia, la gente no se cura porque, consciente o inconscientemente, tiene más fe en unas creencias muy potentes que interfieren con su Curación, que en su capacidad de sanar.
Cuantas más heridas tenemos, mayor es el esfuerzo que debemos hacer para recuperar nuestra energía, frenar la pérdida energética y afanarnos en sanar. Independientemente del número y la profundidad de esos canales, para curarnos debemos recuperar nuestra fuerza vital. A medida que nos hacemos mayores, nos resulta muy difícil abandonar nuestras heridas y modificar nuestros criterios. Pero lo cierto es que el hecho de conceder tanta importancia a sus heridas puede dañar su psique tanto como las mismas heridas. El recrearse en una herida equivale a herirnos a nosotros mismos, constituye una auto flagelación, mantiene nuestra conciencia siempre centrada en la debilidad y nunca en la recuperación. Además, una psique convencida de su vulnerabilidad emocional y psicológica sólo puede producir un cuerpo físico que refleje esa condición. Si la fuerza y la independencia le producen temor, le resultará muy difícil conservar o recuperar la salud.
Con frecuencia se dice que para recobrar la salud es preciso «aprender a valerse por uno mismo», es decir, cuidar de uno mismo, ser independiente. Para algunas personas psíquicamente heridas, recobrar la salud y alcanzar la independencia significa soledad y vulnerabilidad. Para muchos, este temor a una independencia heroica —y, por ende, soledad— constituye la raíz de su incapacidad para curarse. En muchos casos, el dolor indica la presencia de una enfermedad, ya sea emocional o física, y es normal creer que todo dolor es negativo. Pero el dolor es también un maestro, un mensajero que nos hace prestar atención a nuestro cuerpo o alejarnos de conductas y situaciones en las que nos mostramos débiles para adoptar un estilo de vida que potencie nuestra fuerza e integridad. Nuestra sociedad, con su culto a las drogas, sostiene que la mayoría de los trastornos dolorosos, físicos y psíquicos, deben curarse con fármacos. Ciertamente, un dolor crónico nos impide llevar una vida normal y satisfactoria. Pero el dolor emocional o psíquico puede ser también una señal que nos obligue a prestar atención. Puede ser un maestro, tanto si se origina en nuestras emociones como en nuestro cuerpo. Dirige nuestra atención hacia esa área física o emocional que debemos restaurar.
Eliminar prematuramente un dolor con fármacos es un error, ya que puede inducirnos a creer que nos hemos curado cuando no es así. En lugar de medicarnos al primer síntoma, debemos analizar la situación y averiguar por qué experimentamos un dolor localizado, o una serie de molestias y dolores difusos. Aunque la utilización de drogas para calmar el dolor puede ser esencial en alguna etapa del proceso de sanación, debemos preguntarnos si esas drogas son siempre necesarias o si impiden que el dolor nos advierta de que algo no funciona en nuestra vida. Padecer dolor es una experiencia horrorosa, pero también lo es la droga-dependencia. Las drogas empeoran la situación porque al tomarlas usted no se percata de lo que ocurre en su cuerpo y puede creer que la ausencia de dolor significa que se ha curado. Y no es así. No tema sentir dolor y utilizarlo como un aliado para que le ayude a sanar su cuerpo. Posiblemente sea el único lenguaje que logre atraer su atención, para que reconozca que anda mal en su vida y que es necesario que cambie, lo antes posible. Si está dispuesto a abordar la tarea de adentrarse en su dolor, necesitará ayuda, pues probablemente no sabe ni cómo, ni dónde empezar.
Una forma de comenzar es estudiarse a sí mismo. Preste atención a los pensamientos o actitudes que tiene a lo largo del día y que le producen dolor. Anótelos para hacerlos tangibles, y reconozca los daños físicos que causan a su cuerpo. Quizá reconozca que se recrea con unas imágenes dolorosas de usted mismo o con unas creencias repletas de dolor sobre su vida. Quizá comprenda que, en el fondo, es usted un pesimista que ve sólo lo negativo y no repara en lo positivo. O quizá reconozca que el dolor que soporta no es el suyo, sino el dolor de otros a quienes desea proteger. Nuestros pensamientos influyen decisivamente en la salud de nuestra mente y de nuestro cuerpo, y para sanar debemos explorar las regiones más recónditas de nuestro ser. En algunos casos la enfermedad es el resultado de una serie de causas y es inútil tratar de atribuir la causa a un solo factor. La vida no es tan sencilla. Algunas enfermedades se desarrollan debido al elevado grado de toxicidad de nuestro medio ambiente y al contacto con gérmenes, bacterias y virus. Otras se deben al contacto con agua contaminada o parásitos. Otras son consecuencia de la genética, y es imposible Erradicarlas por completo, muchas son el resultado de nuestras indulgencias y de no estar conscientes de lo mal que tratamos a nuestros cuerpos; Y algunas, como he dicho antes, pueden ser una forma de guía espiritual.
Creemos que es imposible cambiar por una razón bien simple: a nadie le gusta el cambio, y a nadie le gusta cambiar. Nos gusta que todo siga igual, incluso, paradójicamente, en situaciones adversas. Creemos que «más vale malo conocido que bueno por conocer», y así es como la mayoría de nosotros consideramos el proceso de cambio. Aunque el cambio es constante e inevitable, preferimos dedicar nuestros esfuerzos a impedir que se produzcan cambios en nuestra vida. No podemos pretender curar una enfermedad sin antes examinar qué patrones de conducta y actitudes debemos modificar en nuestra vida. Una vez que los hayamos identificado, debemos hacer algo con ellos. Esto requiere pasar a la acción, y la acción propicia el cambio. La curación requiere un cambio interno y externo. Para conseguir que se produzca un cambio en lo más profundo de nuestra naturaleza, debemos hacer frente a esas características personales que tratamos de rehuir. A menudo no nos percatamos de ciertas partes de nuestra personalidad, bien porque no queremos reconocerlas o porque no prestamos mucha atención a nuestro lado oscuro. Sea cual fuere el motivo, debemos afrontarlas de una vez por todas. No es tarea fácil. No nos gusta bucear en nuestro lado oscuro, ni nos gusta analizar nuestros temores y nuestros rasgos negativos.
A menudo la enfermedad sirve para abrirnos los ojos durante nuestro viaje hacia la conciencia y el descubrimiento propio: requiere una atención inmediata y no podemos pasarla por alto. Cuando contraemos una enfermedad mortal, no podemos permitirnos el lujo de no hacerle caso. La enfermedad con frecuencia es el medio por el cual descubrimos el poder de nuestra psique y nuestro espíritu. Como ya hemos visto la negatividad no siempre constituye la raíz de una enfermedad. En ocasiones, la enfermedad es el resultado de factores genéticos o ambientales sobre los que tenemos escaso control. Aunque cueste de creer, a veces la enfermedad es la respuesta a nuestras plegarias, puesto que constituye el medio por el que descubrimos nuestros dotes más valiosos y nuestra capacidad para ayudar a los demás. Por tanto, la enfermedad puede considerarse un punto de inflexión que exige que ejerzamos nuestra capacidad de elegir. Cuando afrontamos una crisis cuya resolución requiere un cambio en nuestra conciencia y estilo de vida, debemos buscar el potencial de evolución espiritual inherente a la situación. Para evitar asumir una actitud negativa hacia nuestra enfermedad, debemos considerarla como una invitación a descubrir un nivel superior de conciencia.
Cuando contraemos una enfermedad debido a una conducta negativa —abuso de sustancias tóxicas, tabaco, niveles elevados de estrés, un trabajo o una relación que no nos satisface— el cambio se convierte en parte integrante del proceso de curación. Al mismo tiempo, el hecho de considerar una enfermedad como una oportunidad de profundizar en nuestro yo interior activa el potencial para sanar que yace aletargado cuando asumimos una actitud pasiva o caemos en la autocompasión. Debido a que nuestros pensamientos y nuestras emociones desempeñan un papel crucial en el desarrollo de una enfermedad y debido a que los pensamientos positivos pueden aumentar nuestra capacidad de sanar, las artes curativas han pasado de centrarse exclusivamente en las medicinas externas a ocuparse de la naturaleza interior, mental y espiritual de la persona. La combinación de la mente, el cuerpo y el espíritu en las prácticas sanadoras ha llevado a la conjunción de diversos tratamientos que se practican en Oriente y Occidente. Las fuerzas conjuntas de la medicina complementaria y la espiritualidad prometen ser más eficaces para ayudar a la gente a curarse de enfermedades terminales y crónicas, mantener una buena salud en la vejez y retrasar el proceso de envejecimiento.
El temor le impide utilizar correctamente su poder. Cuando usted basa sus elecciones en el temor, el caos se interpone entre usted y su divinidad ulterior. Para disminuir su susceptibilidad al temor, es preciso que preste mayor atención a su vida espiritual. Inicialmente no conseguirá incrementar su poder espiritual haciendo lo que siempre ha hecho, de igual modo que no puede perfeccionar sus dotes culinarios tocando el piano. El espíritu humano requiere una atención diaria por medio de una práctica espiritual como la oración o la meditación. Esas prácticas alimentan el sistema energético y contribuyen a unir la mente, el corazón y el espíritu. Sin embargo, una práctica espiritual no es lo mismo que llevar una vida sana. Seguir un camino o el otro no le permitirá alcanzar ambas metas simultáneamente. Una vida sana significa hacer ejercicio y alimentarse correctamente, evitar sustancias tóxicas y adoptar otros hábitos de vida saludables. Una vida sana, aunque observe al pie de la letra las normas más rígidas, no garantiza que usted no contraerá una enfermedad, pero reduce las posibilidades. Un estilo de vida sano le ayudará a aprender más sobre lo que su cuerpo necesita para alcanzar el máximo bienestar físico, y una práctica espiritual le ayudará a comprender el papel que desempeña lo Divino en su vida.
Reconozca que existe una fuerza divina intrínseca a cada pensamiento y acción, que una fuerza interior le guía con el fin de potenciar su conciencia. Conocer la naturaleza del Dios que lleva dentro, le revelará su poder innato y le permitirá ser consciente de que co-crear todas las experiencias de su vida, inclusive la salud. Cuando una enfermedad forma parte de su viaje espiritual, ninguna intervención médica logrará sanarle hasta que su espíritu haya empezado a realizar los cambios que la enfermedad está destinada a propiciar. La intervención médica, las modalidades complementarias de curación, la modificación de su dieta y un cambio en su estilo de vida pueden ayudar en cierta medida, y deberían ponerse en práctica. Pero la opción curativa más eficaz, cuando se enfrenta a una enfermedad como desafío espiritual, es apoyarse en su práctica espiritual para que ésta le proporcione las percepciones necesarias. Su práctica puede constituir el medio de soportar la enfermedad y sanarla mediante un aumento en la fuerza y la sabiduría de su espíritu, o puede prepararle para aceptar la muerte física, si ésa es la voluntad divina. En cualquier caso es preciso que reoriente su fe hacia el terreno espiritual. la práctica espiritual y la necesidad de responder a una enfermedad adoptando un programa que propicie la curación es ante todo su mejor elección.
Para empezar a combinar el poder dé la mente, el cuerpo y el espíritu, y convertirlo en la voluntad de curarnos, debemos soltar por completo todos los acondicionamientos mentales que tenemos arraigados en lo mas profundo de nuestro ser. Creencias colectivas sobre la sanación, El lado negativo de la mentalidad colectiva 1. La enfermedad es un proceso largo y doloroso. 2. Las enfermedades graves no se curan por completo. 3. Sólo los medicamentos químicos son eficaces. 4. La enfermedad es el resultado de un estrés dirigido hacia mí por otras personas. 5. Yo no he tenido nada que ver en la creación de esta enfermedad. 6. Mi enfermedad es un castigo por faltas que he cometido. 7. Recurrir a la terapia significa reconocer que padezco una enfermedad mental. 8. El responsable de mi curación es mi médico. 9. La enfermedad no tiene nada que ver con mis emociones ni con mi estado psíquico. 10. Para curarme debo pactar con lo Divino.
Creencias individuales sobre la sanación El lado negativo de la mentalidad individual 1. MÍ enfermedad es el resultado de mi negatividad. 2. Mi enfermedad contiene un factor kármico. 3. La medicina alopática niega el poder y la eficacia de la medicina holìsta. 4. El ejercicio y la sana nutrición me ofrecen el suficiente apoyo para curar mí enfermedad. 5. Mi enfermedad debe estar enraizada en mi infancia porque ésta fue muy dolorosa. 6. Si me convierto en un individuo sano y fuerte me quedaré solo. El lado positivo de la mentalidad individual 7. La curación constituye un viaje espiritual. 8. Mi espíritu es más fuerte que mi cuerpo. 9. Existen ciertas lecciones que debo aprender a medida que avanzo en el proceso de curación. 10. Para curarme debo asumir la responsabilidad de dicho proceso.
Creencias simbólicas sobre la curación 1. Yo formo parte de un sistema vital universal. 2. Todo cuanto es vida ayuda a mi vida. 3. Identificar mis patrones arquetípicos me ayuda a reconocer mi papel en creencias compartidas universalmente. 4. El afán de comprender el significado simbólico que encierra la experiencia de una enfermedad me ayuda a recorrer el camino que debo seguir para sanar. 5. Mi enfermedad puede ser una forma de recibir una nueva orientación espiritual. 6. Buscar razones negativas de por qué he contraído una enfermedad no es útil. Lo más importante son las elecciones que yo haga hoy. 7. No existen elecciones erróneas. Cada elección en la que crea constituye un medio eficaz de curación. 8. Constantemente recibo orientación hacia el significado y el propósito de la vida. 9. El tiempo es una ilusión y por tanto no influye en el proceso de curación. 10. La edad no influye en el proceso de sanación.
El pensamiento congruente es así, mismo uno de los medios más eficaces para aprender a perdonar. Aunque es difícil eliminar el afán de justicia personal y lo que consideramos una recompensa o un castigo apropiados, desde la perspectiva divina, no nos corresponde a nosotros administrar justicia ni tampoco nos incumbe la recompensa o el castigo que recibamos por nuestros actos. No le corresponde a usted decidir la naturaleza de la justicia a un nivel personal, lo cual no deja de ser una suerte, ya que con frecuencia la justicia humana es más implacable y menos ecuánime que la justicia divina. Su única misión consiste en aprender a perdonar, y recuperar la energía que está desperdiciando en hechos del pasado. El deseo de curarse no es lo mismo que tener la voluntad de hacerlo. Algunas personas que desean curarse no poseen la fuerza de voluntad necesaria para realizar los cambios adecuados. Debe entrenar su mente y sus emociones para que respondan a las órdenes positivas que usted les envía. Y esos pensamientos positivos deben convertirse en las percepciones dominantes con las que se conectan su mente y sus emociones. Orientarse constantemente en una dirección positiva requiere disciplina, y alcanzar ese nivel de disciplina requiere práctica.
Las enfermedades constituyen uno de los misterios más insondables de la vida. ¿Por qué enfermamos? « ¿Porqué me ha ocurrido a mí? ¿Qué he hecho para merecerlo? ¿Lograré salvarme?» No pierda el tiempo ni tampoco su energía, haciéndose esas preguntas. De momento, concéntrese en recuperar la salud. Intente renunciar a sus preguntas y deposítelas en manos de lo Divino. El espíritu necesita alimento para regenerarse, al igual que la mente y el cuerpo. Reúna el valor necesario para actuar inspirándose con las historias de sabiduría de quienes modificaron sus vidas para siempre por medio de la acción, penetrando sin miedo en la noche oscura del el alma. Existe un gran poder en aprender algo nuevo cada día. Aprender activa la pasión, y la pasión es poder; de hecho, la pasión es una de las formas más potentes de energía que podemos generar dentro de nuestro cuerpo. La pasión nos conecta con la vida, nos da un motivo para aguardar el mañana con entusiasmo.
Al igual que la meditación, desarrollar y practicar una pasión constituye en sí misma una recompensa, aparte de los numerosos y valiosos «efectos secundarios»- Ni siquiera imaginamos dónde pueden llevarnos nuestras pasiones ni qué beneficios puede reportarnos seguir el impulso de nuestro corazón y nuestros deseos. le recomiendo crear un nuevo vocabulario que describa su condición en términos optimistas, sanadores o espirituales. Por ejemplo, puede referirse a su enfermedad como «un viaje espiritual hacia una parte desconocida de mi mismo». Una mujer que conocí se refería a su enfermedad como «una amiga que ha venido a enseñarme grandes verdades». Calificar de «amiga» a su enfermedad contribuyó a reducir sus temores, pues jamás había tenido un amigo que le inspirara temor. Esta mujer asociaba a sus amigos con el amor, la alegría y la lealtad, y al considerar su dolencia como a una amiga, tenía la sensación de comunicarse con ella, listaba convencida de que su enfermedad la abandonaría cuando se hubiera cumplido el tiempo que debían permanecer juntas, y así fue. El propósito de crear un vocabulario positivo para describir su situación es ayudarle a «superar su enfermedad». Es preciso que se sienta más grande y más poderoso que la enfermedad de su cuerpo. Recuérdese constantemente que cuenta con numerosos y valiosos elementos sanadores dentro, en su interior: amor, esperanza, fe. Todos ellos son unos potentes aliados.
Pocas prácticas son tan relajantes para nuestro espíritu como la gratitud. El sentirse agradecido por todo lo que la vida nos ha dado y sigue dándonos, nos hace sentirnos renovados. Convierta la gratitud en una práctica regular. No busque una sola e importante razón para sentirse agradecido. Aprenda a contemplar su vida a través de un teleobjetivo que le permita observar todos los detalles. NUESTROS CENTROS DE PODER En el curso de mi trabajo, he constatado que los siete centros de energía, los cuales llamamos chakras, se corresponden con los diversos problemas y desafíos que nos plantea la vida, los mismos que los siete sacramentos del cristianismo y los diez sefirot del Árbol de la Vida de la tradición cabalística judía, también nos ayudan a resolver. Nuestro espíritu alcanza la madurez y comprensión de nosotros mismos en siete estadios de desarrollo espiritual. Constituyen los hitos de nuestro camino personal, que nos conduce hacia una conciencia psíquica superior. Aprender el lenguaje de los chakras y fomentar estas cualidades espirituales refuerza nuestro cuerpo físico al mismo tiempo que nos ayuda a sanar o a conservar la salud.
El propósito de utilizar !a medicina energética es tratar simultáneamente el cuerpo y el espíritu. A medida que usted se adentre en el lenguaje de los chakras, aprenderá a identificar los factores emocionales, psicológicos y espirituales estresantes que afectan a su salud de un modo negativo y que se corresponden con sus síntomas físicos. Asi mismo, en su salud incide su grado de autoestima y su relación con los demás, su respuesta a experiencias o recuerdos traumáticos y la forma en que administra su energía en las situaciones cotidianas. Al aprender el lenguaje de los chakras, usted podrá darse cuenta de la interacción entre la energía física y la energía espiritual, y utilizar esa percepción para prevenir o curar una enfermedad realizando ciertos cambios en su vida. Los chakras están alineados vertical mente desde la base de la columna hasta la coronilla, para indicar que ascendemos hacia lo Divino a medida que aprendemos a dominar el influjo seductor del mundo material. En cada estadio, adquirimos una mayor comprensión de nuestro poder personal y espiritual, puesto que cada chakra representa una lección espiritual o un desafío común a todos los seres humanos.
Los siete niveles de nuestro cuerpo energético registran hasta los detalles más mínimos de nuestra vida y de la forma en que distribuimos nuestra fuerza vital. EL PRIMER CHAKRA El primer chakra es el centro tribal de nuestro cuerpo. Según la tradición hindú, se llama Muladhara, que en sánscrito significa «soporte fundamental o de raíz». El budismo reconoce este centro como el punto de conexión con la tierra. A través de este chakra, situado en la base de la columna vertebral, fluyen las raíces del Árbol de la Vida cabalístico, que en hebreo se denomina Shekinah. Y según la tradición cristiana, este centro está representado simbólicamente por el sacramento del bautismo. Aunque cada una de esas tradiciones utiliza distintas palabras para referirse al poder de este centro, todas se refieren a la misma calidad de energía, considerada femenina, que simboliza la tierra. Si es usted capaz de imaginar las diversas formas de describir esta energía como una sola fuerza unida, empezará a comprenderla naturaleza del poder del primer chakra. Cuando no funciona correctamente, perdemos estabilidad, nos resulta difícil manifestarnos en el mundo físico, no conseguimos que las cosas se resuelvan como deseamos, nuestros esfuerzos creativos se ven bloqueados y frustrados. Toda forma de vida requiere mantener una conexión con el campo magnético de la tierra. Si obstaculizamos nuestras conexiones vitales impedimos que fluya a través de nuestros sistemas la energía necesaria para desarrollar una vida plena y eficaz, para realizar actos de conexión física y de creación.
EL SEGUNDO CHAKRA Su segundo chakra o centro energético se llama Svadisthana, que significa «su morada especial (femenina)» en la tradición hindú, y Yésod en la tradición hebrea. Según la tradición cristiana, representa el sacramento de la eucaristía. En la tradición cabalística, este centro se considera masculino y simboliza la energía física esencial para la creación. Pero también puede ser femenina puesto que constituye el centro de la creación de la vida; ambas energías, la masculina y la femenina, son imprescindibles para la creación de la vida física. Nosotros damos y recibimos la fuerza vital tangible del segundo chakra a través de la sexualidad. Este centro está localizado en las zonas sexuales del cuerpo. El segundo chakra constituye el centro de nuestra naturaleza instintiva. Activa nuestro deseo sexual, nos previene sobre peligros que no percibimos físicamente y, en caso necesario, nos proporciona una fuerza física que supera la habitual. Por estos motivos, el segundo chakra podría considerarse como nuestro centro de supervivencia. Genera vida física y la protege. El lado oscuro del segundo chakra se desarrolla cuando nos invaden sentimientos de agresividad, hostilidad, venganza o avaricia; o cuando insistimos continuamente en el recuerdo de una traición, violencia física o abuso sexual. Este estado anímico produce varias disfunciones, entre ellas la impotencia, tanto la sexual como la incapacidad de generar el magnetismo de creatividad necesario en nuestras relaciones personales. No podemos mantener un vínculo vibrante con las personas a las que nos une una relación personal, porque perdemos energía a más velocidad que la que recuperamos a causa de nuestra obsesión con pensamientos negativos.
El TERCER CHAKRA Según la tradición hebrea, el tercer centro de energía contiene dos fuerzas esenciales para nuestro espíritu: Hod, que representa integridad y majestad, y Nétzaj, símbolo de la capacidad de resistencia. Según la tradición hindú, esta energía se presenta como Manipura, que significa «ciudad de la Joya resplandeciente», y según la tradición cristiana está relacionado con el sacramento de la confirmación. Todas estas descripciones aluden a unos poderes espirituales esenciales: la autoestima, el respeto por uno mismo y la integridad. El respeto por uno mismo es necesario para sanar. Su falta, o un carácter deshonesto, constituyen de por sí una enfermedad. Cuando carecemos de las cualidades espirituales fundamentales de resistencia, integridad, honor y autoestima, la sanación del cuerpo físico se convierte en un doble desafío. Es fácil darnos cuenta de que estamos penetrando en el lado oscuro del tercer chakra: se manifiesta como vergüenza, inferioridad, incompetencia y temor de los demás. Los sentimientos negativos consumen la energía que precisamos para sanar. La integridad no es sólo la forma en que usted se comporta con los demás, sino también la forma en que se comporta consigo mismo. Este chakra desempeña un papel vital en la sanación, contiene la energía para perseverar, el poder de resistir el viaje. El compromiso consigo mismo de recorrer ese camino constituye la base del proceso de curación.
EL CUARTO CHAKRA El término hebreo para describir el cuarto centro energético es Tiféret, que simboliza la energía de la armonía y la belleza. Su nombre hindú es Anahata, que significa «no estancado o no emitido» (que fluye con la energía pura de la creación). Según la tradición cristiana, este centro se corresponde con el sacramento del matrimonio, que, evidentemente, simboliza el matrimonio con otra persona, pero a la vez la unión interna del cuerpo, la mente y el espíritu en el individuo. Es el centro energético situado en la mitad del cuerpo, entre los tres chacras inferiores y los tres superiores. Es a través del corazón que la mente canaliza las acciones que supervisa, y es el corazón el que irradia con compasión y discernimiento entre los sentimientos primarios e instintivos y las energías y las acciones gobernadas por los chakras relacionados con lo físico. La energía del centro del corazón nos eleva del mundo físico y nos permite tomar contacto con nuestro mundo interior, en particular con la forma en que concebimos el amor. Es prácticamente imposible confundir la energía del verdadero amor, nuestra conexión más pura con la fuerza vital. Es la fuerza más poderosa que fluye a través de nosotros. El lado oscuro del amor y de su energía se manifiesta como amargura, celos e incapacidad de perdonar. Estas oscuras emociones también interfieren en nuestra capacidad de amar y respetarnos a nosotros mismos.
EL QUINTO CHAKRA Según la tradición hindú, el quinto centra aporta la energía de Vishuddha, que significa «purificado». Este quinto chakra une las energías físicas y espirituales. Mediante el uso puro de la voluntad, nos comportamos hacia los demás de formas que transmiten nuestra fuerza de espíritu. Este quinto chakra se corresponde con el sacramento de la confesión, que purifica nuestros errores instándonos a reconocerlos sinceramente, sin sentirnos culpables pero sin negarlos. En el budismo, el quinto chakra representa el «bien hablar», refiriéndose de nuevo a nuestra capacidad de expresarnos con honestidad. Este chackra contiene la energía de las fuerzas hebreas de Jésed y Geuburá. El primero representa grandeza y amor, nuestra capacidad de expresarnos honestamente con los demás y sobre los demás, y nuestro respeto por el poder de la verdad. Geuburá simboliza la ecuanimidad de juicio, y su energía se intensifica cuando ejercemos una apreciación compasiva y no abusamos de forma injusta y cruel de nuestro poder para juzgar a los demás. El bien hablar y la honestidad inspira a otros y potencia nuestros sistemas energéticos. Asimismo, cuando hacemos mal uso de nuestra voluntad perdemos importantes cantidades de poder, en especial cuando obramos dejándonos llevar por un juicio erróneo o injusto.
EL SEXTO CHAKRA El simbolismo del sexto chakra lo revela la palabra hindú Ajna, que en sánscrito significa «mandato». Ajna representa la capacidad de ver con claridad y compasión, y también se simboliza con un tercer ojo. El homólogo cabalístico es la pareja de Binah, que une el limitado poder del raciocinio humano con la percepción divina, Jojmá, que simboliza nuestra capacidad de invocar el poder de la sabiduría divina para que guíe nuestro camino. A nivel simbólico de percepción, el sacramento cristiano del orden sagrado nos dice que todos desempeñamos un papel importante en la evolución de la vida en la tierra, al margen de cómo se manifieste ese papel en el plano físico. Si nuestra ocupación parece insignificante desde el punto de vista social, podemos llegar a la conclusión errónea de que somos insignificantes desde el punto de vista espiritual. Sin embargo, cada parte de nuestra vida es valiosa para Su conjunto y para el universo en su totalidad. Simbólicamente, cada uno de nosotros debemos cumplir una misión. Debemos ordenarnos y reconocer que nuestra vida es importante, aunque jamás averigüemos la magnitud de nuestra aportación. El lado oscuro del sexto chakra es la falta de confianza en uno mismo y la mala costumbre de compararnos con otros. Cuando perdemos de vista nuestro propio valor, perdemos el equilibrio emocional y contemplamos a los demás con hostilidad, envidia y juicios negativos.
EL SÉPTIMO CHAKRA La energía del séptimo chakra constituye nuestra conexión más pura con lo Divino. Esto se refleja en el símbolo hindú de Sahasrara, que significa el «loto de los mil pétalos» de la iluminación, o lo Divino en todo cuanto existe. Según la doctrina budista, el séptimo Loto representa la eternidad de lo Divino, su infinita misericordia y su omnipresencia. Esta energía corresponde al símbolo hebreo de Kéter, la naturaleza indescriptible de Dios. Asi mismo se corresponde con el último sacramento cristiano, la extremaunción, símbolo de la liberación de todo lo «muerto y finito» en nuestras vidas. Juntas, estas fuerzas pueden transformarnos y ayudarnos a alcanzar un nivel de percepción que nos permita experimentar conscientemente lo Divino y la energía de la gracia. El lado oscuro de la energía de este chakra es la falta de fe y confianza en lo Divino, y el temor que nos infunden todos los aspectos de nuestra vida: desde qué será de nosotros mañana, hasta cuál será el final de nuestra vida en la tierra. Nada nos infunde seguridad porque nuestra sensación de seguridad está enraizada en los elementos externos y el mundo físico. Nos aferramos a nuestro pasado, que sigue incidiendo negativamente en nuestra vida. Debido a nuestro afán de volver la vista atrás, no apreciamos la gracia y la ayuda que recibimos constantemente, no vemos la riqueza de cada momento en el presente. Sólo si nos libramos de nuestro pasado y asimilamos la valiosa fuerza sanadora que acompaña al «aquí y ahora» podremos recibir esta energía, que representa la manifestación más pura de la fuerza vital.
EL OCTAVO CHAKRA El octavo chakra es el que me parece más interesante. Presento este chakra aparte de los otros siete porque representa nuestro siguiente nivel de evolución. Como tal, no influye directamente en nuestro cuerpo ni en nuestra naturaleza personal, emocional o psíquica. El octavo chakra contiene nuestros esquemas arquetípicos, los temas o imágenes reconocidos universalmente que ofrecen una visión impersonal y simbólica de nuestra experiencia humana. Esta dimensión de conciencia nos conecta con las demás en una experiencia impersonal de evolución humana. Constituye una especie de almacén al que accederemos al entrar en la era de Acuario y donde se halla la información y la conciencia universal. Este chakra representa el vínculo de conexión o el puente entre nuestra conciencia personal y la conciencia impersonal, más amplia, de la dimensión arquetípica. Aunque no se corresponde con ningún punto de nuestro cuerpo, como lo hacen los otros siete chakras, está localizado sobre el campo energético que rodea e impregna el cuerpo, y conecta directamente con el séptimo chakra. Mientras entramos en la era de Acuario, nuestra mente inconsciente emerge de las profundidades de los aspectos invisibles de nuestro ser, y toma contacto más directo con nuestra mente consciente. Este cambio de conciencia representa uno de los múltiples cambios propiciados por la energía de esta gran era de cambio.
La sanación puede interpretarse como una forma de enseñarnos a vivir en el «aquí y ahora». La sanación comienza cuando nos abrimos voluntariamente a recibir la gracia de nuestro espíritu, conectar con nuestro corazón para realmente saber que necesitamos aprender, dejar atrás todo lo viejo para recibir lo nuevo. Soltar lo que ya no nos beneficia y emprender un nuevo viaje de auto conocimiento, acercarnos a la verdadera naturaleza de quienes somos, con amor, entrega, voluntad y discernimiento. Se le recomienda ampliamente al lector que apoye sus tratamientos con terapias alternativas holísticas, así como también con practicas meditativas, terapias de apoyo y crecimiento personal y sobre todo de sanación energética. La técnica del Ho’ponopono del Dr. Ihaleakala Hew Men, "corregir" o "rectificar un error." A través de perdonar y amar a uno mismo y a los demás. La técnica de la Nueva Medicina Germánica del Dr. Hamer. La tecnica del Dr. Tullio Simoncini. ( bicarbonato de sodio) VIDEO PRACTICA DE ARMONIZACION Y LIMPIEZA DE CHAKRAS: http://vimeo.com/12470856
COMUNIDAD CIRCULO DE CONTACTO vivirconsalud@live.com.mx Fuente: “LA MEDICINA DE LA ENERGIA”, autora Caroline Myss para obtener el libro gratuito en formato pdf. Escríbenos a vivirconsalud@live.com.mx
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