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El árbol de manzana
lee la siguiente lectura Hace mucho tiempo existió un enorme árbol de manzana. Jaime, un pequeño niño, lo amaba mucho y todos los días jugaba a su alrededor. Trepaba al árbol hasta el tope y él le daba sombra. Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol. Un día, Jaime llegó por casualidad hasta el árbol, “¿vienes a jugar conmigo?”-le dijo triste el manzano. El muchacho contestó: “ya no soy el niño de antes que le gustaba jugar alrededor de enormes árboles “Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos”.
“lo siento-dijo el árbol-, pero no tengo dinero…Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera tú obtendrás el dinero para tus juguetes”. El muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero, y el árbol volvió a sentirse feliz. Pero el muchacho desapareció después de obtener el dinero y el árbol volvió a ponerse triste. Tiempo después, el joven regresó ya más adulto, y el árbol muy contento le preguntó:” ¿vienes a jugar conmigo?” El joven le contestó: “No tengo tiempo para jugar. Debo de trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa y mis hijos. ¿Puedes ayudarme?
“lo siento-dijo el árbol -, no tengo una casa pero puedes cortar mis ramas y construir una”. Jaime cortó todas las ramas y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven no volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario. Cierto día de un cálido verano Jaime regreso ya más viejo, y el árbol se sintió encantado. “¿vienes ha jugar conmigo?” el hombre contesto: estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?” el árbol contesto: “usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz”. El hombre cortó el tronco y construyo su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.
Finalmente, regreso después de muchos años y el árbol le dijo: “lo siento, mucho pero no tengo nada para darte, ni siquiera manzanas”. El hombre replicó: “no tengo dientes para morder, ni fuerzas para trepar…ya estoy muy viejo. Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años”. A estas palabras, el árbol repuso: “bueno, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa” el hombre se sentó junto al árbol, y este, feliz y contento, sonrió con lágrimas.
Ésta puede ser la historia de uno de nosotros. El árbol son nuestros padres. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con ellos. Cuando crecemos, los dejamos…solo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas…no importa lo que sea, ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Tú puedes pensar que el muchacho fue cruel con el árbol, pero es así como nosotros a veces tratamos a nuestros padres…
Summary: Lectura para reflexionar
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