Érase una vez un tiburón llamado Roquefort. Todos los días comía dos platos de pescado. Pero un día, le dijeron que tenía que comer un plato menos de pescado porque otros tiburones también tenían que comer. Pasado un año, Roquefort no les hacia caso y no quería comer un plato menos ¡tenía mucha hambre!. A los quince días, no quedaban muchos pescados y como otros tiburones tenían que ir a cazar pescados para Roquefort, un día, los tiburones se cansaron de llevarle pescados. El tiburón Roquefort no hacía más que pedir comida a los demás pero llegó un momento en el que la comida se agotó. Todos se fueron a buscar comida menos él. Cuando llegaron las reservas él no recibió nada porque no había ayudado a los demás. Entonces el tiburón se disculpó y a partir de ese día no fue tan vago y colaboró con el resto de los tiburones de Tiburonilandia. Y tiburín tiburando este cuento se ha tiburiterminado.
No comments posted yet
Comments