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MÉTODO VER - JUZGAR - ACTUAR EN APARECIDA
APARECIDA – Colección de artículos sobre la Conferencia de Aparecida[1] CLAVES PARA LEER APARECIDA LAS CARACTERÍSTICAS DEL TEXTO Agenor Brighenti Para leer el Documento de Aparecida, ayuda mucho tener presente las características del texto: el modo en como fue redactado, su lenguaje, su género literario y su estructura. Veamos, al menos, dos de ellas. [1] Publicados en Jornal O Lutador.
Documentos como el de Aparecida, por ser fruto de una Asamblea pluralista, convergencia de diferentes tendencias y sensibilidades, inevitablemente salen marcados por contradicciones. No obstante, las diferentes proposiciones no siempre tienen el mismo peso. Hay afirmaciones hegemónicas, que atraviesan todo el Documento y forman parte del espíritu del texto,y hay afirmaciones residuales, más periféricas, que entraron en el texto para que otras proposiciones pudiesen ser también contempladas, pero que no expresan el espíritu del texto. Un texto, fruto de acuerdos, no siempre consensuales
En líneas generales, el documento salió bastante homogéneo, no presentando mayores dificultades al lector. Pero en relación a ciertas cuestiones, no hubo modo de huir de ciertos acuerdos de la mayoría con una minoría que tenía controlada en ciertas instancias la decisión, una vez que no todo fue votado en el plenario desde el inicio. Por ejemplo, para que las CEBs entrasen como “lugar de estructuración inicial de la Iglesia”, el texto registra también la importancia de los movimientos; para que volviese el método ver-juzgar-actuarse tuvo que aceptar que la parte del ver comenzase con una profesión de fe; para que la mujer fuese destacada como protagonista en la Iglesia y en la sociedad
se tuvo también que afirmar su papel en el hogar, como madre de familia; para que los religiosos fuesen reconocidos en su profetismo e inserciónen los medios más pobres – “elemento decisivo para la misión” - se tuvo que reconocer la importancia de las “nuevas comunidades de vida”, etc. Pero esos contrapuntos son residuales y no reflejan el espíritu del texto, en la medida en que el propio Documento se encargó de puntualizarlos.
La vuelta al método inductivo de la Gaudium et Spes Una segunda característica del texto es su estructuración dentro del método ver-juzgar-actuar: “La vida de nuestros pueblos hoy” (Primera Parte); “La vida de Jesucristo en los discípulos misioneros” (Segunda Parte); y “La vida de Jesucristo para nuestros pueblos” (Tercera Parte). La vuelta al método inductivo de la Gaudium et Spes fue un de los puntos de tensión en la Asamblea, puesto que era una mayoría reivindicando y una minoría resistiendo.
El Documento de Participación había ignorado el método, ampliamente practicado por la Iglesia en América Latina, con el hábito de partir de un discernimiento de la realidad del mundo y de la Iglesia, confrontándolo con las luces de una revelación contextualizada en el hoy y, a partir de ahí, extraer directrices y respuestas pastorales. Hubo fuerte reacción de las Iglesias Locales ante la toma de distancia hacia este método. Por tanto el texto de Síntesis de las Contribuciones Recibidas tuvo que recoger el método, con su exquisita proposición de “ver a la luz del proyecto del Padre”, “juzgar a la luz de la fuente de vida, que es el Hijo” y de “actuar en el Espíritu, que nos impulsa a ser discípulos misioneros”.
El procedimiento, no obstante, continuaba siendo totalmente deductivo, una vez que la realidad no era escuchada en su autonomía y, en algún momento, ella incidía sobre la revelación, permitiendo una actualización del mensaje en nuestro contexto actual. En Aparecida, la Asamblea retomó el método ver-juzgar-actuar. La primera y segunda redacciones del Documento Final mantenían esa estructura metodológica. Sin embargo, en la tercera redacción, en la primera parte dedicada al ver, el primer capítulo de la Segunda Parte, relativa al “juzgar” fue cambiado para la Primera Parte, como un capítulo primero antes de ver la realidad social y eclesial. Es una especie de profesión de fe.
Y no salió más de ahí. Ni el recurso de petición como distinción, presentado por presidentes de Conferencias Episcopales, conforme previo al Reglamento, consiguió que la reivindicación fuese sometida a votación. También se había invertido el orden del “ver”, colocándose primero la realidad de la Iglesia y después la del mundo. Eso se consiguió invertir, recuperando el orden original. Evidente que eso no compromete el método ver-juzgar-actuar, pero sus adversarios pueden decir que se comienza viendo la realidad, sí, pero como personas de fe. Es la permanencia del período de cristiandad, de la falta de respeto a la autonomía de lo temporal y de las ciencias metodológicamente a-religiosas, del miedo al mundo y a lo diferente.
En verdad, esta postura es fruto de la confusión entre examen de la realidad y diagnóstico de la realidad. Como en la medicina, los exámenes son las pruebas o datos de laboratorio, de radiografías, de ultrasonidos, etc., basados en medios técnicos, aunque no sean neutros, pero que son independientes del médico; el diagnóstico sí depende del médico, que confronta los datos de los exámenes realizados sobre el paciente con los datos ideales de una persona sana, sacando sus conclusiones. Hay quienes argumentan que ir a la realidad con las ciencias es correr riesgo de idealizarla. Por eso, dicen, se debe ir con la fe, la teología. Ahora, la realidad no es objeto directo de la fe y de la teología, que vista directamente por ellas va a ser igualmente ideologizada, espiritualizada.
En teología, el conocimiento de la realidad sólo puede ser mediatizado por las ciencias que se ocupan de ella. Evidentemente, como existen teologías, también existen ciencias. La solución no está en abandonar las ciencias, sino en establecer criterios analíticos en la elección de los instrumentos más adecuados para aprehender la realidad. Aquí, sí, entra la fe. Pero entra como un presupuesto para elegir el método más adecuado y no sustituyendo a las ciencias en su autonomía.
Summary: En Aparecida, la Asamblea retomó el método ver-juzgar-actuar. El Documento de Participación había ignorado el método, ampliamente practicado por la Iglesia en América Latina, con el hábito de partir de un discernimiento de la realidad del mundo y de la Iglesia, confrontándolo con las luces de una revelación contextualizada en el hoy y, a partir de ahí, extraer directrices y respuestas pastorales.
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