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Domingo 13º del tiempo ordinario Día 1 de Julio de 2012 Ciclo B
Hoy en el evangelio se nos habla de dos milagros de Jesús, que se entremezclan. Y los dos en favor de dos mujeres
Comienza y termina el evangelio con la resurrección de la hija de Jairo.
En medio nos presenta la curación de la hemorroisa o mujer que padecía el flujo de sangre.
Esta enfermedad era considerada “impureza legal”. Eso era así durante los ritmos naturales, pero este caso era más fuerte aún (pues habla de 12 años, que significa plenitud). Estaba prohibido tocar o acercarse a una mujer en esas circunstancias. Era una enfermedad que ni se podía mencionar. Aquella mujer sabía muy bien lo que era una intocable. Por eso no podía clamar de forma externa. Si habla, la rechazarían.
Para realizar el milagro Jesús pide la fe. Esto es lo principal que debemos sacar de provecho. La hemorroísa tenía una fe grande. Jairo, el padre de la niña muerta, al principio tenía una fe débil, pero fue acrecentando hasta merecer el milagro de Jesús.
Veamos lo que nos dice hoy la parte central del evangelio en el suceso de la hemorroísa. Mc 5, 25-34 Dice así:
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor.
Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensan-do que con sólo tocarle el vestido curaría.
Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado.
Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: "¿Quién me ha tocado el manto?"
Los discípulos le contestaron: "Ves cómo te apretuja la gente y preguntas ¿Quién me ha tocado?"
Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido.
La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo.
Él le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y con salud". Palabra del Señor
Muchos pensarían que su actuar era excesivo, que quizá era una fanática, o que estaba loca. Pero lo cierto es que a los ojos de Dios su modo de actuar fue grato y quedó curada. Dios busca la fe y eso es lo que movía a aquella buena y atribulada mujer.
Como dice San Ambrosio, tocó delicadamente el ruedo del manto, se acercó con fe, creyó y supo que había sido sanada… Así nosotros, si queremos ser salvados, toquemos con fe el manto de Cristo. El manto de Cristo son los sacramentos.
¡Cuánto bien podríamos obtener si le recibiéramos con mucha fe! De una manera especial tocamos a Jesús en la Eucaristía.
A veces conseguiríamos salud corporal, si nos conviene; pero sobre todo la salud espiritual, que es lo que más nos interesa. Esto es lo que principalmente buscaba Jesús al hacer los milagros.
¿Tocamos al Señor con la fe de la hemorroísa o como la muchedumbre que le deja pasar con dificultad? Comenta San Agustín: Ella toca, la muchedumbre oprime.
Oigamos y veamos lo sucedido en la resurrección de la hija de Jairo.
Su fe al principio, como la de muchos, era como una fe hacia la magia. Creía que Jesús debería ir a su casa para que impusiera su mano sobre la enferma. Seguro que se curaba. Jairo tenía una fe incipiente: debía purificar su fe.
La fe de Jairo se reafirmará más en Jesús por medio de la conversación con Él. Así también nuestra fe y demás virtudes crecerán cuanto más tratemos en intimidad con Jesús.
La tragedia de la muerte de su hija fue para Jairo una bendición porque pudo poner su fe en las manos de Jesús
Esa fe mereció obtener la resurrección para su hija
Jesús para resucitar a la niña pronunció dos palabras que tuvieron que impresionar grandemente a san Pedro, quien las transmitió al evangelista Marcos y que las dejó en su lengua original, el arameo. Talita kum
Automático Talita kum, levántate, niña.
te ordena el Señor.
Talita kum, mi niña, no duermas,
que yo soy la vida y la resurrec-ción.
Jairo se llamaba el hombre. ¿Cómo lo voy a olvidar, si entre todos esos hombres lo podría yo encontrar?
Jefe de la sinagoga, cuando tu hija se enfermó, sin temor y sin demora recurriste al Señor.
Mi hija tiene doce años, de salud está muy mal. Ven a casa, te esperamos. Tu, Jesús, la salvarás.
Justo fue en aquel momento que un amigo te avisó: "No molestes al maestro, que tu hijita ya murió".
y el Señor compadecido quiso hablarle sólo a él: Jairo muy entristecido, ya no supo más qué hacer,
No temas, amigo mio, que a tu niña salvaré. Créeme lo que te digo: yo la resucitaré".
Al entrar en aquella casa, el Señor se adelantó: No lloréis ya por la niña, sólo duerme, no murió.
Acercándose hasta ella, de su mano la tomó, y diciendo dos palabras la niñita se salvó.
Talita kum. Levántate, niña,
Talita kum te ordena el Señor.
Talita kum mi niña no duermas,
que yo soy la vida y la resurrección.
que yo soy la vida y la resurrección. Hacer CLICK
Jesús es nuestra resurrección Sin la resurrección de Jesucristo y la nuestra la vida no tendría sentido Venimos de Dios y vamos a Dios
Necesitamos la fe para comprender el sentido de la muerte. Para los israelitas en general, antes de venir Jesucristo, creían que Dios premiaba a los buenos y castigaba a los malos; pero en este vida. Para después de la muerte creían en el “Sheol”, que era como un lugar de fantasmas.
Ya en los últimos libros del Ant. Testamento se dice que la muerte no es un castigo, sino algo necesario en esta vida imperfecta. Y especialmente en el libro de la “Sabiduría” en que se expone que Dios no nos ha hecho para la muerte sino para la vida. Así lo dice la primera lectura de hoy. Sabiduría 1,13-15;2,23-24
Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo; y los de su partido pasarán por ella.
Dios es un Dios de vivos no de muertos. Dios no se recrea en la destrucción del ser viviente, sino que quiere la vida. Esta es la gloria de Dios: la vida del hombre.
Por eso nosotros los cristianos optamos por la vida en todos los seres o en todos los sentidos. También en lo material. Por eso el promover la medicina, la vida natural, la ecología… Pero sobre todo la vida sobrenatural, que es la que perdurará para siempre.
Terminemos recordando la fe de aquella mujer que tocó el vestido de Jesús y se sanó.
Esta es la fe que quiere Jesús para todos nosotros.
A la casa de Jairo iba Jesús y una gran multitud iba tras Él. Automático
Y una pobre mujer llena de fe no miró la multitud, fue y le tocó.
Haz tu cual la mujer que fue y tocó el borde del vestido de Jesús.
Virtud salió de Él y ella sanó. Y si le tocas tu, sanas también.
Yo fui quien te tocó, mi buen Jesús, pues mi mal ningún doctor pudo curar.
Oí hablar de ti y aquí estoy. Cuando toqué tu manto, mi Señor, sané.
Haz tu cual la mujer que fue y tocó el borde del vestido de Jesús.
Virtud salió de Él y ella sanó. Y si le tocas tu, sanas también.
Haz tu cual la mujer que fue y tocó el borde del vestido de Jesús.
Virtud salió de Él y ella sanó.
Que la Virgen María nos ayude a fortalecer nuestra fe en el camino hacia Jesús AMÉN
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