2009 Año Astronómico Internacional: recordamos a Galileo

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7.- Galileo. La síntesis de los conocimientos de Copérnico y Kepler, y contribución.   Galileo Galilei (Pisa, 15 de febrero de 1564[4] - Florencia, 8 de enero de 1642[1] [5] ), fue un astrónomo, filósofo, matemático y físico que estuvo relacionado estrechamente con la revolución científica. Eminente hombre del Renacimiento, mostró interés por casi todas las ciencias y artes (música, literatura, pintura). Sus logros incluyen la mejora del telescopio, gran variedad de observaciones astronómicas, la primera ley del movimiento y un apoyo determinante para el copernicanismo. Ha sido considerado como el "padre de la astronomía moderna", el "padre de la física moderna"[6] y el "padre de la ciencia". Su trabajo experimental es considerado complementario a los escritos de Francis Bacon en el establecimiento del moderno método científico y su carrera científica es complementaria a la de Johannes Kepler. Su trabajo se considera una ruptura de las asentadas ideas aristotélicas y su enfrentamiento con la Iglesia Católica Romana suele tomarse como el mejor ejemplo de conflicto entre la autoridad y la libertad de pensamiento en la sociedad occidental.[7] Nacimiento e infancia Galileo nació en Pisa, Gran Ducado de Toscana, el 15 de febrero de 1564. Hijo mayor de siete hermanos, su padre Vincenzo Galilei, nacido en Florencia en 1520, era matemático y músico, y deseaba que su hijo estudiase medicina. Su familia pertenecía a la baja nobleza y se ganaban la vida con el comercio. Hasta la edad de diez años fue educado por sus padres. Éstos se mudaron a Florencia, dejando al religioso Jacobo Borghini,[1] vecino a cargo de Galileo. Por medio de éste, accedió al convento de Santa María de Vallombrosa en Florencia donde recibió una formación religiosa. Galileo no prosiguió con la carrera eclesiástica por mucho tiempo, pues su padre, aprovechándose de una enfermedad de los ojos de su hijo, se lo llevó a Florencia en 1579. Dos años más tarde, su padre lo inscribe en la Universidad de Pisa, donde seguirá cursos de Medicina, Matemática[8] y de Filosofía. El descubrimiento de su vocación En 1583 Galileo se inicia en la matemática por medio de Ostilio Ricci, un amigo de la familia, alumno de Tartaglia. Ricci tenía la costumbre, rara en esa época, de unir la teoría a la práctica experimental. Atraído por la obra de Euclides, sin ningún interés por la medicina y todavía menos por las disputas escolásticas y la filosofía aristotélica, Galileo reorienta sus estudios hacia las matemáticas. Desde entonces, se siente seguidor de Pitágoras, de Platón y de Arquímedes y opuesto al aristotelismo. Todavía estudiante, descubre la ley de la isocronía de los péndulos, primera etapa de la que será el descubrimiento de una nueva ciencia: la mecánica. Dentro de la corriente humanista, redacta también un panfleto feroz contra el profesorado de su tiempo. Toda su vida, Galileo rechazará el ser comparado a los profesores de su época, lo que le supondrá numerosos enemigos. Dos años más tarde, retorna a Florencia sin diploma, pero con grandes conocimientos y una gran curiosidad científica. Antes del telescopio De Florencia a Pisa (1585-1592) Galileo comienza por demostrar muchos teoremas sobre el centro de gravedad de ciertos sólidos dentro de Theoremata circa centrum gravitatis solidum y emprende en 1586 la reconstitución de la balanza hidrostática de Arquímedes o bilancetta. Al mismo tiempo, continúa con sus estudios sobre las oscilaciones del péndulo pesante e inventa el pulsómetro. Este aparato permite ayudar a medir el pulso y suministra una escala de tiempo, que no existía aún a la época. También comienza sus estudios sobre la caída de los cuerpos. En 1588, es invitado por la Academia Florentina a presentar dos lecciones sobre la forma, el lugar y la dimensión del Infierno de Dante. Paralelamente a sus actividades, busca un empleo de profesor en una universidad; se encuentra entonces con grandes personajes, como el padre jesuita Christopher Clavius, excelencia de la matemática al Colegio pontifical. Se encuentra también con el matemático Guidobaldo del Monte. Este último recomienda Galileo al duque Fernando I de Toscana, que le nombra para la cátedra de matemáticas de la universidad de Pisa por 60 escudos de oro por año — una miseria. Su lección inaugural tendrá lugar el 12 de noviembre de 1589. En 1590 y 1591, descubre la cicloide y se sirve de ella para dibujar arcos de puentes. Igualmente experimenta sobre la caída de los cuerpos y redacta su primera obra de mecánica, el De motu. La realidad es que estas « experiencias » son puestas en duda hoy por hoy y sería una invención de su primer biógrafo, Vincenzo Viviani. Este volumen contiene ideas nuevas para la época, pero expone también, evidentemente los principios de la escuela aristotélica y el sistema de Ptolomeo. Galileo los enseñará durante mucho tiempo después de estar convencido de la exactitud del sistema copernicano, falto de pruebas tangibles. La universidad de Padua (1592-1610) En 1592 se trasladó a la Universidad de Padua y ejerció como profesor de geometría, mecánica y astronomía hasta 1610.[9] La marcha de Pisa se explica por diferencias con uno de los hijos del gran duque Fernando I de Toscana. Padua pertenecía a la poderosa República de Venecia, lo que dio a Galileo una gran libertad intelectual, pues la Inquisición no era poderosa allí. Incluso si Giordano Bruno había sido entregado por los patricios de la república a la Inquisición, Galileo podía efectuar sus investigaciones sin muchas preocupaciones. Enseña Mecánica Aplicada, Matemática, Astronomía y Arquitectura militar[10] . Después de la muerte de su padre en 1591, Galileo debe ayudar a cubrir las necesidades de la familia. Se pone a dar numerosas clases particulares a los estudiantes ricos, a los que aloja en su casa. Pero no es un buen gestor y sólo la ayuda financiera de sus protectores y amigos le permiten equilibrar sus cuentas. En 1599, Galileo participa en la fundación de la Accademia dei Ricovrati con el abad Federico Cornaro. El mismo año, Galileo se encuentra con Marina Gamba, una joven veneciana con la cual mantendrá una relación hasta 1610 (no se casan ni viven bajo el mismo techo). En 1600, nace su primera hija Virginia, seguida por su hermana Livia en 1601, luego un hijo, Vincenzo, en 1606. Después de la separación (no conflictiva) de la pareja, Galileo se encarga de sus hijos y enviará más tarde sus hijas a un convento; ya que el abuelo sentencia que son incasables al ser ilegítimas.[11] En cambio el varón Vincenzo será legitimizado y se casará con Sestilia Bocchineri.[12] El año 1604 1604 es un año mirabilis para Galileo : En julio, prueba su bomba de agua en un jardín de Padua ; En octubre, descubre la ley del movimiento uniformemente acelerado, que él asocia a una ley de velocidades erróneas ; En diciembre, comienza sus observaciones de una nova conocida al menos desde el 10 de octubre. Consagra 5 lecciones sobre el tema el mes siguiente, y en febrero de 1605 publica Dialogo de Cecco di Ronchitti in Perpuosito de la Stella Nova junto con D. Girolamo Spinelli. Aunque la aparición de una nueva estrella, y su desaparición repentina entra en total contradicción con la teoría establecida de la inalterabilidad de los cielos, Galileo continúa todavía como aristotélico en público, pero en privado ya es copernicano. Espera la prueba irrefutable sobre la cual apoyarse para denunciar el aristotelismo. Retomando sus estudios sobre el movimiento, Galileo «muestra» que los proyectiles siguen, en el vacío, trayectorias parabólicas. Hará falta la gravitación universal de Newton, para generalizar a los misiles balísticos, donde las trayectorias son en efecto elípticas. De 1606 a 1609 En 1606, Galileo construye su primer termoscopio, primer aparato de la historia que permite comparar de manera objetiva el nivel de calor y de frío. Ese mismo año, Galileo y dos de sus amigos caen enfermos el mismo día de una misma enfermedad infecciosa. Sólo sobrevive Galileo, que permanecerá lisiado de reumatismo por el resto de sus días. En los dos años que siguen, el sabio estudia las estructuras de los imanes. Todavía se pueden contemplar sus trabajos en el museo de historia de Florencia. El telescopio y sus consecuencias Invención del telescopio En mayo de 1609, Galileo recibe de París una carta del francés Jacques Badovere, uno de sus antiguos alumnos, quien le confirma un rumor insistente: la existencia de un telescopio que permite ver los objetos lejanos.[cita requerida] Fabricado en Holanda, este telescopio habría permitido ya ver estrellas invisibles a simple vista. Con esta única descripción, Galileo, que ya no da cursos a Cosme II de Médicis, construye su primer telescopio. Al contrario que el telescopio holandés, éste no deforma los objetos y los aumenta 6 veces, o sea el doble que su oponente. También es el único de la época que consigue obtener una imagen derecha gracias a la utilización de una lente divergente en el ocular.[cita requerida] Este invento marca un giro en la vida de Galileo. El 21 de agosto, apenas terminado su segundo telescopio (aumenta ocho o nueve veces), lo presenta al Senado de Venecia. La demostración tiene lugar en la cima del Campanile de la plaza de San Marco. Los espectadores quedan entusiasmados: ante sus ojos, Murano, situado a 2 km y medio, parece estar a 300 m solamente.[cita requerida] Galileo ofrece su instrumento y lega los derechos a la República de Venecia, muy interesada por las aplicaciones militares del objeto. En recompensa, es confirmado de por vida en su puesto de Padua y sus emolumentos se duplican. Se libera por fin de las dificultades financieras.[cita requerida] Sin embargo, contrario a sus alegaciones, no dominaba la teoría óptica y los instrumentos fabricados por él son de calidad muy variable. Algunos telescopios son prácticamente inutilizables (al menos en observación astronómica). En abril de 1610, en Bolonia, por ejemplo, la demostración del telescopio es desastrosa, como así lo informa Martin Horky en una carta a Kepler.[cita requerida] Galileo reconoció en marzo de 1610 que, entre más de 60 telescopios que había construido, solamente algunos eran adecuados. Numerosos testimonios, incluido el de Kepler, confirman la mediocridad de los primeros instrumentos.[cita requerida] La observación de la Luna Durante el otoño, Galileo continuó desarrollando su telescopio. En noviembre, fabrica un instrumento que aumenta veinte veces. Emplea tiempo para volver su telescopio hacia el cielo. Rápidamente, observando las fases de la Luna, descubre que este astro no es perfecto como lo quería la teoría aristotélica. La física aristotélica, que poseía autoridad en esa época, distinguía dos mundos: el mundo « sublunar », que comprende la Tierra y todo lo que se encuentra entre la Tierra y la Luna; en este mundo todo es imperfecto y cambiante; el mundo « supralunar », que comienza en la Luna y se extiende más allá. En esta zona, no existen más que formas geométricas perfectas (esferas) y movimientos regulares inmutables (circulares). Galileo, por su parte, observó una zona transitoria entre la sombra y la luz, el terminador, que no era para nada regular, lo que por consiguiente invalidaba la teoría aristotélica y afirma la existencia de montañas en la Luna. Galileo incluso estima su altura en 7000 metros, más que la montaña más alta conocida en la época. Hay que decir que los medios técnicos de la época no permitían conocer la altitud de las montañas terrestres sin fantasías.[cita requerida] Cuando Galileo publica su Sidereus Nuncius piensa que las montañas lunares son más elevadas que las de la Tierra, si bien en realidad son equivalentes.[cita requerida] La cabeza pensando en las estrellas En pocas semanas, descubrirá la naturaleza de la Vía láctea, cuenta las estrellas de la constelación de Orión y constata que ciertas estrellas visibles a simple vista son, en verdad, cúmulos de estrellas. Galileo observa los anillos de Saturno pero no descubre su naturaleza. Estudia igualmente las manchas solares.[cita requerida] El 7 de enero de 1610, Galileo hace un descubrimiento capital: remarca 3 estrellas pequeñas en la periferia de Júpiter.[13] Después de varias noches de observación, descubre que son cuatro y que giran alrededor del planeta. Se trata de los satélites de Júpiter llamados hoy satélites galileanos: Calixto, Europa, Ganimedes e Io. A fin de protegerse de la necesidad y sin duda deseoso de retornar a Florencia, Galileo llamará a estos satélites por algún tiempo los « astros mediciens » I, II, III y IV,[14] en honor de Cosme II de Médicis, su antiguo alumno y gran duque de Toscana. Galileo no ha dudado entre Cosmica sidera y Medicea sidera. El juego de palabras « Cosmica = Cosme » es evidentemente voluntario y es sólo después de la primera impresión que retiene la segunda denominación (el nombre actual de estos satélites se debe sin embargo al astrónomo Simon Marius, quien los bautizó de esta manera a sugerencia de Johannes Kepler, si bien durante dos siglos se empleó la nomenclatura de Galileo).[14] El 4 de marzo 1610, Galileo publica en Florencia sus descubrimientos dentro de El mensajero de las estrellas (Sidereus Nuncius), resultado de sus primeras observaciones estelares. Para él, Júpiter y sus satélites son un modelo del Sistema Solar. Gracias a ellos, piensa poder demostrar que las órbitas de cristal de Aristóteles no existen y que todos los cuerpos celestes no giran alrededor de la Tierra. Es un golpe muy duro a los aristotélicos. Él corrige también a ciertos copernicanos que pretenden que todos los cuerpos celestes giran alrededor del Sol. El 10 de abril, muestra estos astros a la corte de Toscana. Es un triunfo. El mismo mes, da tres cursos sobre el tema en Padua. Siempre en abril, Johannes Kepler ofrece su apoyo a Galileo. El astrónomo alemán no confirmará verdaderamente este descubrimiento — pero con entusiasmo — hasta septiembre, gracias a una lente ofrecida por Galileo en persona.[cita requerida] Observaciones en Florencia, presentación en Roma El 10 de julio 1610, Galileo deja Venecia para trasladarse a Florencia. A pesar de los consejos de sus amigos Sarpi y Sagredo, que temen que su libertad sea restringida, él ha, en efecto, aceptado el puesto de Primer Matemático de la Universidad de Pisa (sin carga de cursos, ni obligación de residencia) y aquél de Primer Matemático y Primer Filósofo del gran duque de Toscana. El 25 de julio 1610, Galileo orienta su lente astronómica hacia Saturno y descubre su extraña apariencia. Serán necesarios 50 años e instrumentos más poderosos para que Christiaan Huygens comprenda la naturaleza de los anillos de Saturno. El mes siguiente, Galileo encuentra una manera de observar el Sol en el telescopio y descubre las manchas solares. Les da una explicación satisfactoria. En septiembre 1610, prosiguiendo con sus observaciones, descubre las fases de Venus. Para él, es una nueva prueba de la verdad del sistema copernicano, pues es fácil de interpretar este fenómeno gracias a la hipótesis heliocéntrica, puesto que es mucho más difícil de hacerlo basándose en la hipótesis geocéntrica. Fue invitado el 29 de marzo 1611 por el cardenal Maffeo Barberini (futuro Urbano VIII) a presentar sus descubrimientos al Colegio pontifical de Roma y en la joven Academia de los Linces. Galileo permanecerá dentro de la capital pontifical un mes completo, durante el cual recibe todos los honores. La Academia de los Linces le reserva un recibimiento entusiasta y le admite como su sexto miembro. Desde ese momento, el lince de la academia adornará el frontispicio de todas las publicaciones de Galileo.[15] El 24 de abril de 1611, el Colegio Romano, compuesto de jesuitas de los cuales Christopher Clavius es el miembro más eminente, confirma al cardenal Belarmino que las observaciones de Galileo son exactas. No obstante, los sabios se guardan bien de confirmar o de denegar las conclusiones hechas por el florentino. Galileo retorna a Florencia el 4 de junio. Galileo atacado y condenado por las autoridades La oposición se organiza Galileo parece ir de triunfo en triunfo y convence a todo el mundo. Por tanto, los partidarios de la teoría geocéntrica según Aristóteles se convierten en enemigos encarnizados y los ataques contra él comienzan con la aparición de Sidereus Nuncius. Ellos no pueden permitirse el perder la afrenta y no quieren ver su ciencia puesta en cuestión. Además, los métodos de Galileo, basados en la observación y la experiencia en vez de la autoridad de los partidarios de las teorías geocéntricas (que se apoyan sobre el prestigio de Aristóteles), están en oposición completa con los suyos, hasta tal punto que Galileo rechaza compararse con ellos. Al principio, solo se tratan de escaramuzas. Pero Sagredo escribe a Galileo, recién llegado a Florencia: « El poder y la generosidad de vuestro príncipe (el duque de Toscana) permiten esperar que él sepa reconocer vuestra dedicación y vuestro mérito; pero en los mares agitados actuales, ¿quién puede evitar de ser, yo no diría hundido, pero sí al menos duramente agitado por los vientos furiosos de los celos? ». La primera flecha viene de Martin Horky, discípulo del profesor Magini y enemigo de Galileo. Este asistente publica en junio de 1610, sin consultar a su maestro, un panfleto contra el Sidereus Nuncius. Exceptuando los ataques personales, su argumento principal es el siguiente « Los astrólogos han hecho sus horóscopos teniendo en cuenta todo aquello que se mueve en los cielos. Por lo tanto los astros mediceos no sirven para nada y, Dios no crea cosas inútiles, estos astros no pueden existir. » Horky es ridiculizado por los seguidores de Galileo, que responden que estos astros sirven para una cosa: hacerle enfadar. Convertido en el hazmerreír de la universidad, Horky finalmente es recriminado por su maestro: Magini no tolera un fallo tan claro. En el mes de agosto, un tal Sizzi intenta el mismo tipo de ataque con el mismo género de argumentos, sin ningún éxito. Una vez que las observaciones de Galileo fueron confirmadas por el Colegio romano, los ataques cambiaron de naturaleza. Ludovico Delle Combe ataca sobre el plan religioso y se pregunta si Galileo cuenta con interpretar la Biblia para ponerla de acuerdo con sus teorías. En esta época en efecto, antes de los trabajos exegéticos del siglo XIX, el salmo 93 (92) da a entender una cosmología geocéntrica (dentro de la línea : « Tú has fijado la tierra firme e inmóvil. ») El cardenal Belarmino, que hizo quemar a Giordano Bruno, ordena que la Inquisición realice una investigación discreta sobre Galileo a partir de junio de 1611. Los ataques se hacen más violentos Galileo, de retorno a Florencia, es inatacable desde el punto de vista astronómico. Sus adversarios van entonces a criticar su teoría de los cuerpos flotantes. Galileo pretende que el hielo flota porque es más ligero que el agua, mientras que los aristotélicos piensan que flota porque es de su naturaleza el flotar. (Física cuantitativa y matemática de Galileo contra física cualitativa de Aristóteles). El ataque tendrá lugar durante un almuerzo en la mesa de Cosme II en el mes de septiembre de 1611. Galileo se opone a los profesores de Pisa y en especial al mismo Delle Combe, durante lo que se denomina la « batalla de los cuerpos flotantes ». Galileo sale victorioso del intercambio. Varios meses más tarde, sacará una obra en la que se presentará su teoría. Además de estos asuntos, Galileo continúa con sus investigaciones. Su sistema de determinación de longitudes es propuesto en España por el embajador de Toscana. En 1612, emprende una discusión con « Apelles latens post tabulam » (seudónimo del jesuita Christopher Scheiner), un astrónomo alemán, sobre el tema de las manchas solares. Apelles defiende la incorruptibilidad del Sol argumentando que las manchas son en realidad conjuntos de estrellas entre el Sol y la Tierra. Galileo demuestra que las manchas están sobre la superficie misma del Sol, o tan próximas que no se puede medir su altitud. La Academia de los Linces publicará esta correspondencia el 22 de marzo de 1613 con el título de 'Istoria e dimostrazioni intorno alle marchie solari e loro accidenti. Scheiner terminará por adherirse a la tesis galileana. El 2 de noviembre de 1612, las querellas reaparecen. El dominico Niccolo Lorini, profesor de historia eclesiástica en Florencia, pronuncia un sermón resueltamente opuesto a la teoría de la rotación de la Tierra. Sermón sin consecuencias particulares, pero que marca los comienzos de los ataques religiosos. Los opositores utilizan el pasaje bíblico (Libro de Josué 10, 12-14) en el cual Josué detiene el movimiento del Sol y de la Luna, como arma teológica contra Galileo. En diciembre de 1613, el profesor Benedetto Castelli, antiguo alumno de Galileo y uno de sus colegas en Pisa, es encargado por la duquesa Cristina de Lorena de probar la ortodoxia de la doctrina copernicana. Galileo vendrá en ayuda de su discípulo escribiéndole una carta el 21 de diciembre de 1613 (traducida como Galileo, diálogos y cartas selectas) sobre la relación entre ciencia y religión. La gran duquesa se tranquiliza, pero la controversia no se debilita. Galileo mientras tanto continúa con sus trabajos. Del 12 al 15 de noviembre, recibe a Jean Tarde, a quien presenta su microscopio y sus trabajos de astronomía. El 20 de diciembre, el padre Caccini ataca muy violentamente a Galileo en la iglesia Santa Maria Novella. El 6 de enero un copernicano, el carmelita Paolo Foscarini, publica una carta tratando positivamente la opinión de los pitagóricos y de Copérnico sobre la movilidad de la Tierra. Él percibe el sistema copernicano como una realidad física. La controversia toma una amplitud tal que el cardenal Bellarmino debe intervenir el 12 de abril. Éste escribe una carta a Foscarini donde condena sin equívocos la tesis heliocéntrica en ausencia de refutación concluyente del sistema geocéntrico. Como reacción, Galileo escribe a Cristina de Lorena una carta extensa en la cual desarrolla admirablemente sus argumentos en favor de la ortodoxia del sistema copernicano. Esta carta es, también, muy difundida. Esta carta, escrita hacia abril de 1615, es una pieza esencial del dossier. Ahí se ven los pasajes de las escrituras que poseen problemas desde un punto de vista cosmológico. A pesar de ello, Galileo es obligado a presentarse en Roma para defenderse contra las calumnias y sobre todo para tratar de evitar una prohibición de la doctrina copernicana. Pero le falta la prueba irrefutable de la rotación de la Tierra para apoyar sus requerimientos. Su intervención llega demasiado tarde : Lorini, por carta de denuncia, ya había avisado a Roma de la llegada de Galileo y el Santo Oficio ya había comenzado la instrucción del caso. En 1614, conoce a Juan Bautista Baliani, físico genovés, que será su amigo y correspondiente durante largos años. El 8 de febrero de 1616, Galileo envía su teoría de las mareas (Discorso del Flusso e Reflusso) al cardenal Orsini. Esta teoría (a la cual se le ha reprochado durante mucho tiempo de estar en contradicción con el principio de la inercia enunciado por el mismo Galileo, y que sólo puede explicar pequeños componentes del fenómeno) pretendía demostrar que el movimiento de la Tierra producía las mareas, mientras que los astrónomos jesuitas ya postulaban con acierto que las mareas eran producidas por la atracción de la luna. La censura de las teorías copernicanas (1616) A pesar de pasar dos meses removiendo cielo y tierra para impedir lo inevitable, es convocado el 16 de febrero de 1616 por el Santo Oficio para el examen de las proposiciones de censura. Es una catástrofe para él. La teoría copernicana es condenada.[cita requerida] El 25 de febrero y 26 de febrero de 1616, la censura es ratificada por la Inquisición y por el papa Pablo V. Aunque no se le inquieta personalmente, se ruega a Galileo exponer su tesis presentándola como una hipótesis y no como un hecho comprobado, cosa que no hizo a pesar de que no le fue posible demostrar dicha tesis. Esta petición se extiende a todos los países católicos. La intransigencia de Galileo, que rechaza la equivalencia de las hipótesis copernicana y de Ptolomeo, pudo haber precipitado los eventos. Un estudio del proceso por Paul Feyerabend (ver por ejemplo el Adiós a la Razón) muestra que la actitud del inquisidor (Roberto Belarmino) fue al menos tan científica como la de Galileo, siguiendo criterios modernos. Este asunto afecta Galileo profundamente. Sus enfermedades le van a atormentar durante los dos años siguientes y su actividad científica se reduce. Sólo retoma su estudio de la determinación de las longitudes en el mar. Sus dos hijas entran en órdenes religiosas. En 1618, observa el pasaje de tres cometas, fenómeno que relanza la polémica sobre la incorruptibilidad de los cielos. En 1619, el padre jesuita Horazio Grassi publica De tribus cometis ani 1618 disputatio astronomica. En él defiende el punto de vista de Tycho Brahe sobre las trayectorias elípticas de los cometas. Galileo responde al principio por la intermediación de su alumno Mario Guiducci que publica en junio de 1619 Discorso delle comete donde desarrolla una teoría bizarra sobre los cometas, afirmando que sólo se trataba de ilusiones ópticas, incluyendo causas de fenómenos meteorológicos. Los astrónomos jesuitas del Observatorio Vaticano decían, en cambio, que eran objetos celestes reales. En octubre, Horazio Grassi ataca a Galileo en un panfleto más hipócrita: sobre consideraciones científicas se mezclan las insinuaciones religiosas malvadas y muy peligrosas en tiempos de la Contrarreforma. Mientras, Galileo, animado por su amigo el cardenal Barberini y sostenido por la Academia de los Linces, responderá con ironía en Il Saggiatore. Grassi, uno de los sabios jesuitas más importantes, es ridiculizado. Mientras tanto, Galileo ha comenzado su estudio de los satélites de Júpiter. Por culpa de dificultades técnicas se ve obligado a abandonar el cálculo de sus efemérides. Galileo se ve cubierto de honores en 1620 y 1622. El 28 de agosto de 1620, el cardenal Mafeo Barberini envía a su amigo el poema Adulatio Perniciosa que él ha compuesto en su honor. El 20 de enero de 1621, Galileo se convierte en cónsul de la Academia florentina. El 28 de febrero, Cosme II, el protector de Galileo, muere súbitamente. En 1622, en Fráncfort, aparece una Apología de Galileo redactada por Tommaso Campanella en 1616. Un defensor bastante poco confiable, puesto que Campanella ya está condenado por herejía. El 6 de agosto de 1622, el cardenal Mafeo Barberini es elegido Papa bajo el nombre de Urbano VIII. El 3 de febrero de 1623 Galileo recibe la autorización para publicar su Saggiatore que dedica al nuevo Papa. La obra aparece el 20 de octubre de 1623. Gracias a las cualidades polémicas (y literarias) de la obra, se aseguró el éxito en la época. No permanece más que unos meses allí en una atmósfera de gran efervescencia cultural, Galileo se convierte de alguna manera en el representante de los círculos intelectuales romanos en rebelión contra el conformismo intelectual y científico impuesto por los Jesuitas. Los años siguientes son bastante tranquilos para Galileo a pesar de los ataques de los aristotélicos. Aprovecha para perfeccionar su microscopio compuesto (septiembre de 1624), pasa un mes en Roma donde es recibido numerosas veces por Urbano VIII. Este último le da la idea de su próximo libro Diálogo sobre los dos sistemas del mundo, obra que presenta de manera imparcial a la vez el sistema aristotélico y el sistema copernicano. Encarga escribirla a Galileo. En 1626, Galileo prosigue sus investigaciones sobre la estructura del imán. También recibe la visita de Élie Dodati, que llevará las copias de sus manuscritos a París. En marzo de 1628, Galileo cae gravemente enfermo y está a punto de morir. El año siguiente, sus adversarios intentan privarle de la asignación que recibe de la Universidad de Pisa, pero la maniobra falla. Hasta 1631 Galileo consagra su tiempo a la escritura del Diálogo y a intentar que éste sea admitido por la censura. La obra se imprime en febrero de 1632. Los ojos de Galileo comienzan a traicionarle en marzo y abril. Las posiciones del teólogo valón Libert Froidmont (de la Universidad de Lovaina) esclarecen bien todos los equívocos de la condena de Galileo. La condena de 1633 El 21 de febrero de 1632, Galileo, protegido por el papa Urbano VIII y el gran duque de Toscana Fernando II de Médicis, publica en Florencia su diálogo de los Massimi sistemi (Diálogo sobre los principales sistemas del mundo) (Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo), donde se burla implícitamente del geocentrismo de Ptolomeo. El Diálogo es a la vez una revolución y un verdadero escándalo. El libro es en efecto abiertamente pro-copernicano, ridiculizando audazmente la interdicción de 1616 (que no será levantada hasta 1812: a verificar). El Diálogo se desarrolla en Venecia durante cuatro jornadas entre tres interlocutores: Filipo Salviati, un Florentino seguidor de Copérnico, Giovan Francesco Sagredo, un veneciano ilustrado sin tomar partido, y Simplicio, un mediocre defensor de la física aristotélica, un personaje quizás inspirado en Urbano VIII. Pero, mientras que se le reprocha el carácter ostensiblemente peyorativo del nombre, Galileo responde que se trata de Simplicio de Cilicia. En estos cuatro días de discusión, Galileo, para probar que la Tierra giraba alrededor del Sol cita el fenómeno de las mareas, afirmando que eso se debía a la "sacudida" provocada por la Tierra en dicho movimiento, lo cual era erróneo. En cambio, el argumento aportado más tarde por los inquisidores para rebatirla, era la correcta: que el flujo y reflujo de las mareas se debe a la atracción de la luna. Sin embargo Galileo se burló de ellos. Es decir, Galileo, en lugar de presentar sus tesis como hipótesis, se lanzó a darlas por concluidas aportando sólo errores y, además, abusando de la comprensión entusiasta de la Iglesia. Debemos señalar aquí que la teoría del movimiento de la Tierra no se demostraría científicamente como un hecho sino hasta 1748, y más tarde, con el célebre péndulo de Foucault en 1851. Además, Galileo había propuesto la reinterpretación de la Biblia en algunos versículos que él entendía que habían quedado refutados con sus hipótesis astronómicas, abandonando así el campo estrictamente científico, en el que no sólo tenía absoluta libertad, sino además, las felicitaciones de la Iglesia, para adentrarse en otro campo que, como científico, no le correspondía: el teológico. Galileo, desoyendo los consejos de moderación provenientes de quienes le reportaron honores y ayudas, incluyendo el propio Papa, quien era su amigo, además de admirador, publicó su citado libro, con la carga burlesca, que llegó a poner en boca de Simplicio. Por otro lado, Galileo escribió su citada obra en lengua vulgar, en vez de hacerlo en el idioma culto utilizado entonces entre los hombres de ciencia, el latín, y ello con el fin de "puentear" a los teólogos y demás hombres de ciencia y llegar inmediatamente al hombre de la calle. Lo cual fue juzgado como una actitud precipitada porque no era prudente hacer llegar hipótesis aún no confirmadas todavía como hechos y desarrolladas por los sabios, al hombre común. Además, Galileo no sólo se permitió insultar a sus amigos y protectores, entre ellos el propio papa, sino también a los hombres de ciencia de su época, a la sazón los astrónomos jesuitas del Colegio Romano, contra los que lanzaba diatribas en las que llamaba a los que no aceptaban el sistema copernicano: "imbécil con la cabeza llena de pájaros" "apenas digno de ser llamado hombre" " una mancha en el honor del género humano" "que se ha quedado en la niñez" y otras descalificaciones por el estilo. De esta manera, la Iglesia percibió en Galileo cierta soberbia, misma que fue la le llevó al procesamiento. En realidad fue toda esta serie de comportamientos, la razón principal que le llevó a Galileo a ser condenado por la Iglesia en 1633 y no su defensa de la tesis copernicana en sí. El papa mismo se alinea entonces rápidamente con la opinión de los adversarios de Galileo: él le había pedido una presentación objetiva de las dos teorías, no un alegato por Copérnico. Galileo es entonces convocado de nuevo por el Santo Oficio, el 1 octubre de 1632. Enfermo, no puede acudir a Roma hasta febrero de 1633. Los interrogatorios prosiguen hasta el 21 de junio donde la amenaza de tortura es evocada bajo órdenes del papa; Galileo cede. El 22 de junio de 1633, en el convento dominicano de Santa María sopra Minerva, Roma, se emite la sentencia: Galileo es condenado a la prisión de por vida (pena inmediatamente conmutada por residencia de por vida por Urbano VIII) y su obra es prohibida. Él pronuncia igualmente la fórmula de abjuración que el Santo Oficio había preparado y agradeció a los diez cardenales que lo habían defendido, y en especial a los tres cardenales que habían pedido su exculpación. Notemos de paso que Galileo no pronunció jamás la famosa frase «Y sin embargo se mueve» (Eppur si muove), la cual fue inventada por un periodista inglés en 1757, y repetida más tarde por el italiano Giuseppe Baretti, otro periodista. Finalmente, la condena fue esta: la obligación de rezar una vez por semana los siete salmos penitenciales, durante el plazo de tres años, más la de no alejarse demasiado de su lujosa villa en Arcetri, pena esta última que fue levantada enseguida. El texto de la sentencia es difundido por doquier: en Roma el 2 de julio, el 12 de agosto en Florencia. La noticia llega a Alemania a finales de agosto, en Bélgica en septiembre. Los decretos del Santo Oficio no se publicarán jamás en Francia, pero, prudentemente, René Descartes renuncia a la publicación de su Mundo. Muchos (entre ellos Descartes), en la época, piensan que Galileo era la víctima de una confabulación de los Jesuitas que se vengaban así de la afrenta sufrida por Horazio Grassi en el Saggiatore. El fin Galileo permanece confinado en su residencia en su casa de Florencia desde diciembre de 1633 a 1638. Allí recibe algunas visitas, lo que le permitió que alguna de sus obras en curso de redacción pudiera cruzar la frontera. Estos libros aparecieron en Estrasburgo y en París en traducción latina. En 1636, Luis Elzevier recibe un boceto de los Discursos sobre dos nuevas ciencias de la parte del maestro florentino. Éste es el último libro que escribirá Galileo; en él establece los fundamentos de la mecánica en tanto que ciencia y que marca así el fin de la física aristotélica. Intenta también establecer las bases de la resistencia de los materiales, con menos éxito. Terminará este libro a lo justo, puesto que el 4 de julio de 1637 pierde el uso de su ojo derecho. El 2 de enero de 1638, Galileo pierde definitivamente la vista. Por suerte, Dino Peri ha recibido la autorización para vivir en casa de Galileo para asistirlo junto con el padre Ambrogetti que tomará nota de la sexta y última parte de los Discursos. Esta parte no aparecerá hasta 1718. La obra completa aparecerá en julio de 1638 en Leiden (Países Bajos) y en París. Será leída por las más grandes personalidades de la época. Descartes por ejemplo enviará sus observaciones a Mersenne, el editor parisino. Galileo, entre tanto, ha recibido la autorización de instalarse cerca del mar, en su casa de San Giorgio. Permanecerá allí hasta su muerte, rodeado de sus discípulos (Viviani, Torricelli, Peri, etc.), trabajando en la astronomía y otras ciencias. A fines de 1641, Galileo trata de aplicar la oscilación del péndulo a los mecanismos del reloj. Unos días más tarde, el 8 de enero de 1642, Galileo muere en Arcetri a la edad de 78 años. Su cuerpo es inhumado en Florencia el 9 de enero. Un mausoleo será erigido en su honor el 13 de marzo de 1736 en la iglesia de la Santa Cruz de Florencia. Posición de la Iglesia en los siglos siguientes Galileo, especialmente por su obra Diálogo sobre los principales sistemas del mundo (1633), cuestionó y resquebrajó los principios sobre los que hasta ese momento habían sustentado el conocimiento e introdujo las bases del método científico que a partir de entonces se fue consolidando. En filosofía aparecerieron corrientes de pensamiento racionalista (Descartes) y empíricas (ver Francis Bacon y Robert Boyle). Siglo XVII - La resistencia a la separación entre ciencia y teología La teoría del heliocentrismo, suponía cuestionar que los textos bíblicos (como por ejemplo que la Tierra fuera el centro del Universo -geocentrismo-) fueran válidos para una verdadera ciencia. Las consecuencias no solo fueron para la teología y la ciencia incipiente, también se produjeron consecuencias metafísicas y ontológicas, que producirán reacciones de los científicos [cita requerida]: Siglo XVIII - Benedicto XIV autoriza las obras sobre el heliocentrismo El papa Benedicto XIV autoriza las obras sobre el heliocentrismo en la primera mitad del siglo XVIII, y esto en dos tiempos: En 1741, ante la prueba óptica de la órbita de la Tierra, hizo que el Santo Oficio diese al impresor la primera edición de las obras completas de Galileo. En 1757, las obras favorables al heliocentrismo fueron autorizadas de nuevo, por un decreto de la Congregación del Índex, que retira estas obras del Index Librorum Prohibitorum. Siglo XX - Homenaje sin rehabilitación A partir de Pío XII se comienza a rendir homenaje al gran sabio que era Galileo. En 1939 este Papa, en su primer discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias, a pocos meses de su elección al papado, describe a Galileo "el más audaz héroe de la investigación ... sin miedos a lo preestablecido y los riesgos a su camino, ni temor a romper los monumentos"[16] Su biógrafo de 40 años, el Profesor Robert Leiber escribió: "Pío XII fue muy cuidadoso en no cerrar ninguna puerta a la Ciencia prematuramente. Fue enérgico en ese punto y sintió pena por el caso de Galileo."[17] En 1979 y en 1981, el papa Juan Pablo II encarga una comisión de estudiar la controversia de Ptolomeo-Copérnico de los Siglo XVI-Siglo XVII. Juan Pablo II considera que no se trataba de rehabilitación.[cita requerida] El 31 de octubre de 1992, Juan Pablo II rinde una vez más homenaje al sabio durante su discurso a los partícipes en la sesión plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias. En él reconoce claramente los errores de ciertos teólogos del Siglo XVII en el asunto. El papa Juan Pablo II pidió perdón por los errores que hubieran cometido los hombres de la Iglesia a lo largo de la historia. En el caso Galileo propuso una revisión honrada y sin prejuicios en 1979, pero la comisión que nombró al efecto en 1981 y que dio por concluidos sus trabajos en 1992, repitió una vez más la tesis que Galileo carecía de argumentos científicos para demostrar el heliocentrismo y sostuvo la inocencia de la Iglesia como institución y la obligación de Galileo de prestarle obediencia y reconocer su magisterio, justificando la condena y evitando una rehabilitación plena. El propio cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo expresó rotundamente el 15 de febrero de 1990 en la universidad romana de La Sapienza,[18] cuando en una conferencia hizo suya la afirmación del filósofo agnóstico y escéptico Paul Feyerabend: La Iglesia de la época de Galileo se atenía más estrictamente a la razón que el propio Galileo, y tomaba en consideración también las consecuencias éticas y sociales de la doctrina galileana. Su sentencia contra Galileo fue razonable y justa, y sólo por motivos de oportunismo político se legitima su revisión -P.Feyerabend, Contra la opresión del método, Frankfurt, 1976, 1983, p.206-[19] [20] Estas declaraciones serán objeto de una fuerte polémica cuando en el año 2008 el ya papa Benedicto XVI tenga que renunciar a una visita a la Universidad de Roma « La Sapienza ». Es habitual en Ratzinger la cita de autores, a priori contrarios a las posturas de la Iglesia, para reforzar sus tesis, de la misma forma que cita a Paul Feyerabend al que califica de filósofo agnóstico y escéptico,[21] cita también al que califica de marxista romántico Ernst Bloch para justificar científicamente, acogiéndose a la teoría de la relatividad, la corrección de la condena a Galileo no solamente contextualizada en su época sino desde la nuestra: Según Bloch, el sistema heliocéntrico -al igual que el geocéntrico- se funda sobre presupuestos indemostrables. En esta cuestión desempeña un papel importantísimo la afirmación de la existencia de un espacio absoluto, cuestión que actualmente la teoría de la relatividad ha desmentido. Éste (Bloch) escribe textualmente: 'Desde el momento en que, con la abolición del presupuesto de un espacio vacío e inmóvil, no se produce ya movimiento alguno en éste, sino simplemente un movimiento relativo de los cuerpos entre sí, y su determinación depende de la elección del cuerpo asumido como en reposo, también se podría, en el caso de que la complejidad de los cálculos resultantes no mostrara esto como improcedente, tomar, antes o después, la tierra como estática y el sol como móvil' -E. Bloch, El principio de la esperanza, Frankfurt, 1959, p. 290-. La ventaja del sistema heliocéntrico con respecto al geocéntrico no consiste entonces en una mayor correspondencia con la verdad objetiva, sino simplemente en una mayor facilidad de cálculo para nosotros.[22] Sin duda resulta más escandalosa para los científicos la aseveración, que también hace suya en esas mismas páginas, de C. F. von Wizsäcker: Desde las consecuencias concretas de la obra galileana, C.F. von Weizsäcker, por ejemplo, da un paso adelante cuando ve un 'camino directísimo' que conduce desde Galileo a la bomba atómica.[23] Si bien Ratzinger considera que Galileo abrió la 'caja de Pandora'[24] no se puede olvidar que será la Congregación para la Doctrina de la Fe o Santo Oficio quien condena a Galileo. Será asimismo la Inquisición como conjunto de instituciones dedicadas a la supresión de la herejía la que santificará la coerción, la tortura, el castigo, el ajusticiamiento y el asesinato como modus operandi necesario para preservar la verdad y el poder de la jerarquía católica. En este sentido, indica Savater, hay quienes intentan culpar a la ilustración, y por tanto también a la ciencia y a sus precursores -Galileo, Descartes...- de todos los males de los últimos siglos pero hay no hay que olvidar que: la Inquisición inauguró unos procedimientos de buceo en la intimidad de las mentes y castigo de los disidentes que después culminaron en el Terror revolucionario, el Gulag y demás abusos totalitarios que recientemente algunos hagiógrafos han cargado nada menos que a cuenta ...¡de la Ilustración!.[25] Siglo XXI - Diálogo entre ciencia y fe En 1615 Niccolò Lorini denunció a Galileo al Santo Oficio por sus opiniones copernicanas, iniciandose un largo proceso. Una censura dictada por el Santo Oficio el 24 de febrero de 1616 sobre dos doctrinas, la estabilidad del sol y el movimiento de la tierra y la subsiguiente condena, el 5 de marzo del mismo año, de la obra de Copérnico De revolutionibus orbium coelestium, mostraron a Galileo que tal doctrina podía ser admitida a lo sumo ex suppositione, pero no absolute. Por considerarse que la había tomado en el segundo sentido, pero no en el primero, la Inquisición prohibió en 1633 el Diálogo que Galileo había publicado un año antes. Galileo se sometió al dictamen y fue condenado a la cárcel, pero sin que se cumpliera la condena (que, por lo demás, no fue ratificada por el Papa).[26] Como indica Stephen Hawking, Galileo probablemente sea, más que cualquier otro, el máximo responsable del nacimiento de la ciencia moderna;[27] Albert Einstein lo llamó Padre de la ciencia moderna.[28] La protesta de La Sapienza en 2008 Joseph Ratzinger, ya como Papa había sido invitado a participar de la ceremonia de inauguración del curso académico prevista para el 17 de enero de 2008 pero tuvo que renunciar ante la protesta iniciada unos meses antes por 67 profesores de la Universidad de Roma La Sapienza y apoyada después por numerosos profesores y estudiantes para declararle persona non grata.[29] [30] El Claustro de profesores no aceptaba la posición 'medieval' del papa ante la condena de Galileo y condenaba las afirmaciones que había realizado en el discurso público pronunciado por el papa en la Universidad de Roma La Sapienza en 1990.[31] Wikipedia y L'Oservatore Romano Según L'Osservatore Romano, en realidad ni el discurso fue pronunciado en Parma ni en esa fecha concreta: los profesores de la Sapienza se basaron en una información incorrecta de Wikipedia, no la contrastaron y sacaron la frase de contexto haciendo decir a Ratzinger lo contrario de lo que dijo.[32] En la Wikipedia en español aparecía, hasta el 17 de marzo de 2009, Parma en vez de Roma y la fecha del 30 de marzo de 1990 en vez del 15 de febrero de 1990 como lugar y fecha de la conferencia de Ratzinger. La conferencia completa está publicada en el capítulo 4 del libro de Joseph Ratzinger Una mirada a Europa, Rialp, 1993,[33] En defensa de Ratzinger una gran manifestación[34] reúne 100.000 fieles en la Plaza de San Pedro el 20 de enero de 2008 .[34] Celebraciones vaticanas en 2009 376 años despúes de su condena y la prohibición de sus libros, y aprovechando los eventos del Año de la astronomía, el Vaticano celebró el 15 de febrero de 2009 una misa en su honor. La celebración, fue oficiada por monseñor Gianfranco Ravasi y estuvo promovida por la Federación Mundial de Científicos; la Santa Sede quería hacer pública la aceptación del legado del científico dentro de la doctrina católica.[35] En 2009, dentro de la celebración del Año Internacional de la Astronomía, la Santa Sede organizó un congreso internacional sobre Galileo Galilei.[36] [37] En marzo se presentó en Roma el libro escrito en italiano "Galileo y el Vaticano"[38] que ofrece un "juicio objetivo por parte de los historiadores" para comprender la relación entre el gran astrónomo y la Iglesia. Al presentar el libro, el presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, el arzobispo Gianfranco Ravasi, consideró que esta obra facilita a la Iglesia comprometerse "en una relación más vivaz y calmada con la ciencia".[39] En julio se presentó una nueva edición sobre las investigaciones del proceso realizado a Galileo. El nuevo volumen se titula “I ducomenti vaticani del processo di Galileo Galilei” (“Los documentos vaticanos del proceso de Galileo Galilei”), Archivo Secreto Vaticano. La edición ha ido a cargo del prefecto del Archivo Secreto Vaticano, monseñor Sergio Pagano.[40] Bibliografía de Galileo Obras de Galileo Galileo Galilei. Opere complete. Alberdi, 15 vols. Florencia, 1842-1852. Texto completo y descarga en Google books -ed. 1856- Tomo I - Tomo VI - Tomo XIII Le opere complete di Galileo Galilei. Edición nacional. 20 vols. Firenza, 1890-1909. Obra cronológica: 1586 - Galileo Galilei. La Billancetta 1590 ---- De Motu 1606 ---- Le Operazioni del Compasso Geometrico et Militare 1600 ---- Le Meccaniche. 1610 ---- Sidereus Nuncius (El Mensajero sideral) 1615 ---- Carta a la Gran Duquesa Cristina (publicada en 1636) 1616 ---- Discorso del flusso e reflusso del mare 1619 ---- Discorso Delle Comete (publicado por Mario Guiducci) 1623 ---- Il Saggiatore 1632 ---- Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo tolemaico e copernicano Diálogo sobre los principales sistemas del mundo 1638 ---- Discorsi e Dimostrazioni Matematiche, intorno a due nuove scienze attenenti alla meccanica & i movimenti locali (Diálogos sobre dos nuevas ciencias) Obra en español: Galilei, Galileo. Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo ptolemaico y copernicano(Antonio Beltrán Marí, ed.), Alianza, Madrid, 1995 ISBN 84-206-9412-6 ---- Carta a Cristina de Lorena y otros textos sobre ciencia y religión(Moisés González, trad, introd.), Alianza, 2006 ISBN 13: 978-84-206-6015-8 ---- Cartas del Señor Galileo Galilei, Académico Linceo: escritos a Benedetto Castelli y a la Señora Cristina de Lorena, gran duquesa de Toscana. (Pere de la Fuente, Xavier Granados y Francisco Reus, eds.), Alhambra, Madrid, 1986, ISBN 84-205-1307-5 ---- Consideraciones y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias(C. Solis y J. Sádaba, eds.)Editora Nacional, Madrid, 1981, ISBN 84-276-1316-4 ---- Diálogo sobre los sistemas máximos: Jornada primera. (José Manuel Revuelta, trad. y ed.), Aguilar, Buenos Aires 1980, ISBN 84-03-52158-8 Galilei, Galileo. El ensayador (José Manuel Revuelta, trad. y ed.), Aguilar, Buenos Aires, 1984 ISBN 84-8204-012-X Obras sobre Galileo Cheraqui, Yves. Yo, Galileo : matemático y filósofo florentino que, frente a todos, tuvo la osadía de encararse con la verdad del firmamento(Jean-Michel Payet, il.; Luis Santos Gutiérrez, trad.), Anaya, Madrid, 1990 ISBN 84-207-3823-9 Finocchiaro, Maurice A. (1989). The Galileo affair: a documentary history. University of California Press. ISBN 9780520066625. Finocchiaro, Maurice A. (2008). The Essential Galileo. Hackett Publishing. ISBN 9780872209374. Geymonat, Ludovico. Galileo Galilei (Joan Ramón Capella, trad.), Península, Barcelona, 1986, ISBN 84-297-2403-6 Miguel Rodríguez, José Luis de. En defensa de Galileo. Lección inaugural del curso 1988-89 de la Universidad de Valladolid. Valladolid, 1988, 14 páginas. Ortega y Gasset, José. En torno a Galileo (conferencias 1933) en Obras Completas Vol V, 1951. Redondi, Pietro. Galileo herético, Alianza, Madrid, 1990 ISBN 84-206-2640-6 Reston, James. Galileo, Ediciones B, Barcelona, 1996, ISBN 84-406-6697-7 Sharratt, Michael. Galileo: el desafío de la verdad, Temas de hoy, Madrid, 1996, ISBN 84-7880-678-4 Shea, William R. Galileo en Roma: crónica de 500 días. Editorial Encuentro, Madrid, 2003, ISBN 84-7490-676-8 Shea, William R. (1983). La revolución intelectual de Galileo. Editorial Ariel. ISBN 978-84-344-8009-4. Miscelánea Objetos y misiones astronómicas en honor a Galileo En el siglo XX la figura de Galileo ha inspirado los nombres de numerosos objetos astronómicos así como diferentes misiones tecnológicas. La misión Galileo a Júpiter Las lunas galileanas de Júpiter Gao en Ganimedes El cráter Galileo en la Luna El cráter Galileo en Marte El asteroide (697) Galilea (nombrado en el 300º aniversario del descubrimiento de las lunas galileanas) Galileo (unidad) El sistema de posicionamiento europeo Galileo Obras artísticas sobre Galileo Galileo Galilei (novela), una ópera de Philip Glass. La vida de Galileo (obra) una obra de teatro de Bertolt Brecht. La hija de Galileo, Dava Sobel, 1999 [1].       Obra cronológica: 1586 - Galileo Galilei. La Billancetta 1590 ---- De Motu 1606 ---- Le Operazioni del Compasso Geometrico et Militare 1600 ---- Le Meccaniche. 1610 ---- Sidereus Nuncius (El Mensajero sideral) 1615 ---- Carta a la Gran Duquesa Cristina (publicada en 1636) 1616 ---- Discorso del flusso e reflusso del mare 1619 ---- Discorso Delle Comete (publicado por Mario Guiducci) 1623 ---- Il Saggiatore 1632 ---- Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo tolemaico e copernicano Diálogo sobre los principales sistemas del mundo 1638 ---- Discorsi e Dimostrazioni Matematiche, intorno a due nuove scienze attenenti alla meccanica & i movimenti locali (Diálogos sobre dos nuevas ciencias)

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7.- Galileo. La síntesis de los conocimientos de Copérnico y Kepler, y contribución.   Galileo Galilei (Pisa, 15 de febrero de 1564[4] - Florencia, 8 de enero de 1642[1] [5] ), fue un astrónomo, filósofo, matemático y físico que estuvo relacionado estrechamente con la revolución científica. Eminente hombre del Renacimiento, mostró interés por casi todas las ciencias y artes (música, literatura, pintura). Sus logros incluyen la mejora del telescopio, gran variedad de observaciones astronómicas, la primera ley del movimiento y un apoyo determinante para el copernicanismo. Ha sido considerado como el "padre de la astronomía moderna", el "padre de la física moderna"[6] y el "padre de la ciencia". Su trabajo experimental es considerado complementario a los escritos de Francis Bacon en el establecimiento del moderno método científico y su carrera científica es complementaria a la de Johannes Kepler. Su trabajo se considera una ruptura de las asentadas ideas aristotélicas y su enfrentamiento con la Iglesia Católica Romana suele tomarse como el mejor ejemplo de conflicto entre la autoridad y la libertad de pensamiento en la sociedad occidental.[7] Nacimiento e infancia Galileo nació en Pisa, Gran Ducado de Toscana, el 15 de febrero de 1564. Hijo mayor de siete hermanos, su padre Vincenzo Galilei, nacido en Florencia en 1520, era matemático y músico, y deseaba que su hijo estudiase medicina. Su familia pertenecía a la baja nobleza y se ganaban la vida con el comercio. Hasta la edad de diez años fue educado por sus padres. Éstos se mudaron a Florencia, dejando al religioso Jacobo Borghini,[1] vecino a cargo de Galileo. Por medio de éste, accedió al convento de Santa María de Vallombrosa en Florencia donde recibió una formación religiosa. Galileo no prosiguió con la carrera eclesiástica por mucho tiempo, pues su padre, aprovechándose de una enfermedad de los ojos de su hijo, se lo llevó a Florencia en 1579. Dos años más tarde, su padre lo inscribe en la Universidad de Pisa, donde seguirá cursos de Medicina, Matemática[8] y de Filosofía. El descubrimiento de su vocación En 1583 Galileo se inicia en la matemática por medio de Ostilio Ricci, un amigo de la familia, alumno de Tartaglia. Ricci tenía la costumbre, rara en esa época, de unir la teoría a la práctica experimental. Atraído por la obra de Euclides, sin ningún interés por la medicina y todavía menos por las disputas escolásticas y la filosofía aristotélica, Galileo reorienta sus estudios hacia las matemáticas. Desde entonces, se siente seguidor de Pitágoras, de Platón y de Arquímedes y opuesto al aristotelismo. Todavía estudiante, descubre la ley de la isocronía de los péndulos, primera etapa de la que será el descubrimiento de una nueva ciencia: la mecánica. Dentro de la corriente humanista, redacta también un panfleto feroz contra el profesorado de su tiempo. Toda su vida, Galileo rechazará el ser comparado a los profesores de su época, lo que le supondrá numerosos enemigos. Dos años más tarde, retorna a Florencia sin diploma, pero con grandes conocimientos y una gran curiosidad científica. Antes del telescopio De Florencia a Pisa (1585-1592) Galileo comienza por demostrar muchos teoremas sobre el centro de gravedad de ciertos sólidos dentro de Theoremata circa centrum gravitatis solidum y emprende en 1586 la reconstitución de la balanza hidrostática de Arquímedes o bilancetta. Al mismo tiempo, continúa con sus estudios sobre las oscilaciones del péndulo pesante e inventa el pulsómetro. Este aparato permite ayudar a medir el pulso y suministra una escala de tiempo, que no existía aún a la época. También comienza sus estudios sobre la caída de los cuerpos. En 1588, es invitado por la Academia Florentina a presentar dos lecciones sobre la forma, el lugar y la dimensión del Infierno de Dante. Paralelamente a sus actividades, busca un empleo de profesor en una universidad; se encuentra entonces con grandes personajes, como el padre jesuita Christopher Clavius, excelencia de la matemática al Colegio pontifical. Se encuentra también con el matemático Guidobaldo del Monte. Este último recomienda Galileo al duque Fernando I de Toscana, que le nombra para la cátedra de matemáticas de la universidad de Pisa por 60 escudos de oro por año — una miseria. Su lección inaugural tendrá lugar el 12 de noviembre de 1589. En 1590 y 1591, descubre la cicloide y se sirve de ella para dibujar arcos de puentes. Igualmente experimenta sobre la caída de los cuerpos y redacta su primera obra de mecánica, el De motu. La realidad es que estas « experiencias » son puestas en duda hoy por hoy y sería una invención de su primer biógrafo, Vincenzo Viviani. Este volumen contiene ideas nuevas para la época, pero expone también, evidentemente los principios de la escuela aristotélica y el sistema de Ptolomeo. Galileo los enseñará durante mucho tiempo después de estar convencido de la exactitud del sistema copernicano, falto de pruebas tangibles. La universidad de Padua (1592-1610) En 1592 se trasladó a la Universidad de Padua y ejerció como profesor de geometría, mecánica y astronomía hasta 1610.[9] La marcha de Pisa se explica por diferencias con uno de los hijos del gran duque Fernando I de Toscana. Padua pertenecía a la poderosa República de Venecia, lo que dio a Galileo una gran libertad intelectual, pues la Inquisición no era poderosa allí. Incluso si Giordano Bruno había sido entregado por los patricios de la república a la Inquisición, Galileo podía efectuar sus investigaciones sin muchas preocupaciones. Enseña Mecánica Aplicada, Matemática, Astronomía y Arquitectura militar[10] . Después de la muerte de su padre en 1591, Galileo debe ayudar a cubrir las necesidades de la familia. Se pone a dar numerosas clases particulares a los estudiantes ricos, a los que aloja en su casa. Pero no es un buen gestor y sólo la ayuda financiera de sus protectores y amigos le permiten equilibrar sus cuentas. En 1599, Galileo participa en la fundación de la Accademia dei Ricovrati con el abad Federico Cornaro. El mismo año, Galileo se encuentra con Marina Gamba, una joven veneciana con la cual mantendrá una relación hasta 1610 (no se casan ni viven bajo el mismo techo). En 1600, nace su primera hija Virginia, seguida por su hermana Livia en 1601, luego un hijo, Vincenzo, en 1606. Después de la separación (no conflictiva) de la pareja, Galileo se encarga de sus hijos y enviará más tarde sus hijas a un convento; ya que el abuelo sentencia que son incasables al ser ilegítimas.[11] En cambio el varón Vincenzo será legitimizado y se casará con Sestilia Bocchineri.[12] El año 1604 1604 es un año mirabilis para Galileo : En julio, prueba su bomba de agua en un jardín de Padua ; En octubre, descubre la ley del movimiento uniformemente acelerado, que él asocia a una ley de velocidades erróneas ; En diciembre, comienza sus observaciones de una nova conocida al menos desde el 10 de octubre. Consagra 5 lecciones sobre el tema el mes siguiente, y en febrero de 1605 publica Dialogo de Cecco di Ronchitti in Perpuosito de la Stella Nova junto con D. Girolamo Spinelli. Aunque la aparición de una nueva estrella, y su desaparición repentina entra en total contradicción con la teoría establecida de la inalterabilidad de los cielos, Galileo continúa todavía como aristotélico en público, pero en privado ya es copernicano. Espera la prueba irrefutable sobre la cual apoyarse para denunciar el aristotelismo. Retomando sus estudios sobre el movimiento, Galileo «muestra» que los proyectiles siguen, en el vacío, trayectorias parabólicas. Hará falta la gravitación universal de Newton, para generalizar a los misiles balísticos, donde las trayectorias son en efecto elípticas. De 1606 a 1609 En 1606, Galileo construye su primer termoscopio, primer aparato de la historia que permite comparar de manera objetiva el nivel de calor y de frío. Ese mismo año, Galileo y dos de sus amigos caen enfermos el mismo día de una misma enfermedad infecciosa. Sólo sobrevive Galileo, que permanecerá lisiado de reumatismo por el resto de sus días. En los dos años que siguen, el sabio estudia las estructuras de los imanes. Todavía se pueden contemplar sus trabajos en el museo de historia de Florencia. El telescopio y sus consecuencias Invención del telescopio En mayo de 1609, Galileo recibe de París una carta del francés Jacques Badovere, uno de sus antiguos alumnos, quien le confirma un rumor insistente: la existencia de un telescopio que permite ver los objetos lejanos.[cita requerida] Fabricado en Holanda, este telescopio habría permitido ya ver estrellas invisibles a simple vista. Con esta única descripción, Galileo, que ya no da cursos a Cosme II de Médicis, construye su primer telescopio. Al contrario que el telescopio holandés, éste no deforma los objetos y los aumenta 6 veces, o sea el doble que su oponente. También es el único de la época que consigue obtener una imagen derecha gracias a la utilización de una lente divergente en el ocular.[cita requerida] Este invento marca un giro en la vida de Galileo. El 21 de agosto, apenas terminado su segundo telescopio (aumenta ocho o nueve veces), lo presenta al Senado de Venecia. La demostración tiene lugar en la cima del Campanile de la plaza de San Marco. Los espectadores quedan entusiasmados: ante sus ojos, Murano, situado a 2 km y medio, parece estar a 300 m solamente.[cita requerida] Galileo ofrece su instrumento y lega los derechos a la República de Venecia, muy interesada por las aplicaciones militares del objeto. En recompensa, es confirmado de por vida en su puesto de Padua y sus emolumentos se duplican. Se libera por fin de las dificultades financieras.[cita requerida] Sin embargo, contrario a sus alegaciones, no dominaba la teoría óptica y los instrumentos fabricados por él son de calidad muy variable. Algunos telescopios son prácticamente inutilizables (al menos en observación astronómica). En abril de 1610, en Bolonia, por ejemplo, la demostración del telescopio es desastrosa, como así lo informa Martin Horky en una carta a Kepler.[cita requerida] Galileo reconoció en marzo de 1610 que, entre más de 60 telescopios que había construido, solamente algunos eran adecuados. Numerosos testimonios, incluido el de Kepler, confirman la mediocridad de los primeros instrumentos.[cita requerida] La observación de la Luna Durante el otoño, Galileo continuó desarrollando su telescopio. En noviembre, fabrica un instrumento que aumenta veinte veces. Emplea tiempo para volver su telescopio hacia el cielo. Rápidamente, observando las fases de la Luna, descubre que este astro no es perfecto como lo quería la teoría aristotélica. La física aristotélica, que poseía autoridad en esa época, distinguía dos mundos: el mundo « sublunar », que comprende la Tierra y todo lo que se encuentra entre la Tierra y la Luna; en este mundo todo es imperfecto y cambiante; el mundo « supralunar », que comienza en la Luna y se extiende más allá. En esta zona, no existen más que formas geométricas perfectas (esferas) y movimientos regulares inmutables (circulares). Galileo, por su parte, observó una zona transitoria entre la sombra y la luz, el terminador, que no era para nada regular, lo que por consiguiente invalidaba la teoría aristotélica y afirma la existencia de montañas en la Luna. Galileo incluso estima su altura en 7000 metros, más que la montaña más alta conocida en la época. Hay que decir que los medios técnicos de la época no permitían conocer la altitud de las montañas terrestres sin fantasías.[cita requerida] Cuando Galileo publica su Sidereus Nuncius piensa que las montañas lunares son más elevadas que las de la Tierra, si bien en realidad son equivalentes.[cita requerida] La cabeza pensando en las estrellas En pocas semanas, descubrirá la naturaleza de la Vía láctea, cuenta las estrellas de la constelación de Orión y constata que ciertas estrellas visibles a simple vista son, en verdad, cúmulos de estrellas. Galileo observa los anillos de Saturno pero no descubre su naturaleza. Estudia igualmente las manchas solares.[cita requerida] El 7 de enero de 1610, Galileo hace un descubrimiento capital: remarca 3 estrellas pequeñas en la periferia de Júpiter.[13] Después de varias noches de observación, descubre que son cuatro y que giran alrededor del planeta. Se trata de los satélites de Júpiter llamados hoy satélites galileanos: Calixto, Europa, Ganimedes e Io. A fin de protegerse de la necesidad y sin duda deseoso de retornar a Florencia, Galileo llamará a estos satélites por algún tiempo los « astros mediciens » I, II, III y IV,[14] en honor de Cosme II de Médicis, su antiguo alumno y gran duque de Toscana. Galileo no ha dudado entre Cosmica sidera y Medicea sidera. El juego de palabras « Cosmica = Cosme » es evidentemente voluntario y es sólo después de la primera impresión que retiene la segunda denominación (el nombre actual de estos satélites se debe sin embargo al astrónomo Simon Marius, quien los bautizó de esta manera a sugerencia de Johannes Kepler, si bien durante dos siglos se empleó la nomenclatura de Galileo).[14] El 4 de marzo 1610, Galileo publica en Florencia sus descubrimientos dentro de El mensajero de las estrellas (Sidereus Nuncius), resultado de sus primeras observaciones estelares. Para él, Júpiter y sus satélites son un modelo del Sistema Solar. Gracias a ellos, piensa poder demostrar que las órbitas de cristal de Aristóteles no existen y que todos los cuerpos celestes no giran alrededor de la Tierra. Es un golpe muy duro a los aristotélicos. Él corrige también a ciertos copernicanos que pretenden que todos los cuerpos celestes giran alrededor del Sol. El 10 de abril, muestra estos astros a la corte de Toscana. Es un triunfo. El mismo mes, da tres cursos sobre el tema en Padua. Siempre en abril, Johannes Kepler ofrece su apoyo a Galileo. El astrónomo alemán no confirmará verdaderamente este descubrimiento — pero con entusiasmo — hasta septiembre, gracias a una lente ofrecida por Galileo en persona.[cita requerida] Observaciones en Florencia, presentación en Roma El 10 de julio 1610, Galileo deja Venecia para trasladarse a Florencia. A pesar de los consejos de sus amigos Sarpi y Sagredo, que temen que su libertad sea restringida, él ha, en efecto, aceptado el puesto de Primer Matemático de la Universidad de Pisa (sin carga de cursos, ni obligación de residencia) y aquél de Primer Matemático y Primer Filósofo del gran duque de Toscana. El 25 de julio 1610, Galileo orienta su lente astronómica hacia Saturno y descubre su extraña apariencia. Serán necesarios 50 años e instrumentos más poderosos para que Christiaan Huygens comprenda la naturaleza de los anillos de Saturno. El mes siguiente, Galileo encuentra una manera de observar el Sol en el telescopio y descubre las manchas solares. Les da una explicación satisfactoria. En septiembre 1610, prosiguiendo con sus observaciones, descubre las fases de Venus. Para él, es una nueva prueba de la verdad del sistema copernicano, pues es fácil de interpretar este fenómeno gracias a la hipótesis heliocéntrica, puesto que es mucho más difícil de hacerlo basándose en la hipótesis geocéntrica. Fue invitado el 29 de marzo 1611 por el cardenal Maffeo Barberini (futuro Urbano VIII) a presentar sus descubrimientos al Colegio pontifical de Roma y en la joven Academia de los Linces. Galileo permanecerá dentro de la capital pontifical un mes completo, durante el cual recibe todos los honores. La Academia de los Linces le reserva un recibimiento entusiasta y le admite como su sexto miembro. Desde ese momento, el lince de la academia adornará el frontispicio de todas las publicaciones de Galileo.[15] El 24 de abril de 1611, el Colegio Romano, compuesto de jesuitas de los cuales Christopher Clavius es el miembro más eminente, confirma al cardenal Belarmino que las observaciones de Galileo son exactas. No obstante, los sabios se guardan bien de confirmar o de denegar las conclusiones hechas por el florentino. Galileo retorna a Florencia el 4 de junio. Galileo atacado y condenado por las autoridades La oposición se organiza Galileo parece ir de triunfo en triunfo y convence a todo el mundo. Por tanto, los partidarios de la teoría geocéntrica según Aristóteles se convierten en enemigos encarnizados y los ataques contra él comienzan con la aparición de Sidereus Nuncius. Ellos no pueden permitirse el perder la afrenta y no quieren ver su ciencia puesta en cuestión. Además, los métodos de Galileo, basados en la observación y la experiencia en vez de la autoridad de los partidarios de las teorías geocéntricas (que se apoyan sobre el prestigio de Aristóteles), están en oposición completa con los suyos, hasta tal punto que Galileo rechaza compararse con ellos. Al principio, solo se tratan de escaramuzas. Pero Sagredo escribe a Galileo, recién llegado a Florencia: « El poder y la generosidad de vuestro príncipe (el duque de Toscana) permiten esperar que él sepa reconocer vuestra dedicación y vuestro mérito; pero en los mares agitados actuales, ¿quién puede evitar de ser, yo no diría hundido, pero sí al menos duramente agitado por los vientos furiosos de los celos? ». La primera flecha viene de Martin Horky, discípulo del profesor Magini y enemigo de Galileo. Este asistente publica en junio de 1610, sin consultar a su maestro, un panfleto contra el Sidereus Nuncius. Exceptuando los ataques personales, su argumento principal es el siguiente « Los astrólogos han hecho sus horóscopos teniendo en cuenta todo aquello que se mueve en los cielos. Por lo tanto los astros mediceos no sirven para nada y, Dios no crea cosas inútiles, estos astros no pueden existir. » Horky es ridiculizado por los seguidores de Galileo, que responden que estos astros sirven para una cosa: hacerle enfadar. Convertido en el hazmerreír de la universidad, Horky finalmente es recriminado por su maestro: Magini no tolera un fallo tan claro. En el mes de agosto, un tal Sizzi intenta el mismo tipo de ataque con el mismo género de argumentos, sin ningún éxito. Una vez que las observaciones de Galileo fueron confirmadas por el Colegio romano, los ataques cambiaron de naturaleza. Ludovico Delle Combe ataca sobre el plan religioso y se pregunta si Galileo cuenta con interpretar la Biblia para ponerla de acuerdo con sus teorías. En esta época en efecto, antes de los trabajos exegéticos del siglo XIX, el salmo 93 (92) da a entender una cosmología geocéntrica (dentro de la línea : « Tú has fijado la tierra firme e inmóvil. ») El cardenal Belarmino, que hizo quemar a Giordano Bruno, ordena que la Inquisición realice una investigación discreta sobre Galileo a partir de junio de 1611. Los ataques se hacen más violentos Galileo, de retorno a Florencia, es inatacable desde el punto de vista astronómico. Sus adversarios van entonces a criticar su teoría de los cuerpos flotantes. Galileo pretende que el hielo flota porque es más ligero que el agua, mientras que los aristotélicos piensan que flota porque es de su naturaleza el flotar. (Física cuantitativa y matemática de Galileo contra física cualitativa de Aristóteles). El ataque tendrá lugar durante un almuerzo en la mesa de Cosme II en el mes de septiembre de 1611. Galileo se opone a los profesores de Pisa y en especial al mismo Delle Combe, durante lo que se denomina la « batalla de los cuerpos flotantes ». Galileo sale victorioso del intercambio. Varios meses más tarde, sacará una obra en la que se presentará su teoría. Además de estos asuntos, Galileo continúa con sus investigaciones. Su sistema de determinación de longitudes es propuesto en España por el embajador de Toscana. En 1612, emprende una discusión con « Apelles latens post tabulam » (seudónimo del jesuita Christopher Scheiner), un astrónomo alemán, sobre el tema de las manchas solares. Apelles defiende la incorruptibilidad del Sol argumentando que las manchas son en realidad conjuntos de estrellas entre el Sol y la Tierra. Galileo demuestra que las manchas están sobre la superficie misma del Sol, o tan próximas que no se puede medir su altitud. La Academia de los Linces publicará esta correspondencia el 22 de marzo de 1613 con el título de 'Istoria e dimostrazioni intorno alle marchie solari e loro accidenti. Scheiner terminará por adherirse a la tesis galileana. El 2 de noviembre de 1612, las querellas reaparecen. El dominico Niccolo Lorini, profesor de historia eclesiástica en Florencia, pronuncia un sermón resueltamente opuesto a la teoría de la rotación de la Tierra. Sermón sin consecuencias particulares, pero que marca los comienzos de los ataques religiosos. Los opositores utilizan el pasaje bíblico (Libro de Josué 10, 12-14) en el cual Josué detiene el movimiento del Sol y de la Luna, como arma teológica contra Galileo. En diciembre de 1613, el profesor Benedetto Castelli, antiguo alumno de Galileo y uno de sus colegas en Pisa, es encargado por la duquesa Cristina de Lorena de probar la ortodoxia de la doctrina copernicana. Galileo vendrá en ayuda de su discípulo escribiéndole una carta el 21 de diciembre de 1613 (traducida como Galileo, diálogos y cartas selectas) sobre la relación entre ciencia y religión. La gran duquesa se tranquiliza, pero la controversia no se debilita. Galileo mientras tanto continúa con sus trabajos. Del 12 al 15 de noviembre, recibe a Jean Tarde, a quien presenta su microscopio y sus trabajos de astronomía. El 20 de diciembre, el padre Caccini ataca muy violentamente a Galileo en la iglesia Santa Maria Novella. El 6 de enero un copernicano, el carmelita Paolo Foscarini, publica una carta tratando positivamente la opinión de los pitagóricos y de Copérnico sobre la movilidad de la Tierra. Él percibe el sistema copernicano como una realidad física. La controversia toma una amplitud tal que el cardenal Bellarmino debe intervenir el 12 de abril. Éste escribe una carta a Foscarini donde condena sin equívocos la tesis heliocéntrica en ausencia de refutación concluyente del sistema geocéntrico. Como reacción, Galileo escribe a Cristina de Lorena una carta extensa en la cual desarrolla admirablemente sus argumentos en favor de la ortodoxia del sistema copernicano. Esta carta es, también, muy difundida. Esta carta, escrita hacia abril de 1615, es una pieza esencial del dossier. Ahí se ven los pasajes de las escrituras que poseen problemas desde un punto de vista cosmológico. A pesar de ello, Galileo es obligado a presentarse en Roma para defenderse contra las calumnias y sobre todo para tratar de evitar una prohibición de la doctrina copernicana. Pero le falta la prueba irrefutable de la rotación de la Tierra para apoyar sus requerimientos. Su intervención llega demasiado tarde : Lorini, por carta de denuncia, ya había avisado a Roma de la llegada de Galileo y el Santo Oficio ya había comenzado la instrucción del caso. En 1614, conoce a Juan Bautista Baliani, físico genovés, que será su amigo y correspondiente durante largos años. El 8 de febrero de 1616, Galileo envía su teoría de las mareas (Discorso del Flusso e Reflusso) al cardenal Orsini. Esta teoría (a la cual se le ha reprochado durante mucho tiempo de estar en contradicción con el principio de la inercia enunciado por el mismo Galileo, y que sólo puede explicar pequeños componentes del fenómeno) pretendía demostrar que el movimiento de la Tierra producía las mareas, mientras que los astrónomos jesuitas ya postulaban con acierto que las mareas eran producidas por la atracción de la luna. La censura de las teorías copernicanas (1616) A pesar de pasar dos meses removiendo cielo y tierra para impedir lo inevitable, es convocado el 16 de febrero de 1616 por el Santo Oficio para el examen de las proposiciones de censura. Es una catástrofe para él. La teoría copernicana es condenada.[cita requerida] El 25 de febrero y 26 de febrero de 1616, la censura es ratificada por la Inquisición y por el papa Pablo V. Aunque no se le inquieta personalmente, se ruega a Galileo exponer su tesis presentándola como una hipótesis y no como un hecho comprobado, cosa que no hizo a pesar de que no le fue posible demostrar dicha tesis. Esta petición se extiende a todos los países católicos. La intransigencia de Galileo, que rechaza la equivalencia de las hipótesis copernicana y de Ptolomeo, pudo haber precipitado los eventos. Un estudio del proceso por Paul Feyerabend (ver por ejemplo el Adiós a la Razón) muestra que la actitud del inquisidor (Roberto Belarmino) fue al menos tan científica como la de Galileo, siguiendo criterios modernos. Este asunto afecta Galileo profundamente. Sus enfermedades le van a atormentar durante los dos años siguientes y su actividad científica se reduce. Sólo retoma su estudio de la determinación de las longitudes en el mar. Sus dos hijas entran en órdenes religiosas. En 1618, observa el pasaje de tres cometas, fenómeno que relanza la polémica sobre la incorruptibilidad de los cielos. En 1619, el padre jesuita Horazio Grassi publica De tribus cometis ani 1618 disputatio astronomica. En él defiende el punto de vista de Tycho Brahe sobre las trayectorias elípticas de los cometas. Galileo responde al principio por la intermediación de su alumno Mario Guiducci que publica en junio de 1619 Discorso delle comete donde desarrolla una teoría bizarra sobre los cometas, afirmando que sólo se trataba de ilusiones ópticas, incluyendo causas de fenómenos meteorológicos. Los astrónomos jesuitas del Observatorio Vaticano decían, en cambio, que eran objetos celestes reales. En octubre, Horazio Grassi ataca a Galileo en un panfleto más hipócrita: sobre consideraciones científicas se mezclan las insinuaciones religiosas malvadas y muy peligrosas en tiempos de la Contrarreforma. Mientras, Galileo, animado por su amigo el cardenal Barberini y sostenido por la Academia de los Linces, responderá con ironía en Il Saggiatore. Grassi, uno de los sabios jesuitas más importantes, es ridiculizado. Mientras tanto, Galileo ha comenzado su estudio de los satélites de Júpiter. Por culpa de dificultades técnicas se ve obligado a abandonar el cálculo de sus efemérides. Galileo se ve cubierto de honores en 1620 y 1622. El 28 de agosto de 1620, el cardenal Mafeo Barberini envía a su amigo el poema Adulatio Perniciosa que él ha compuesto en su honor. El 20 de enero de 1621, Galileo se convierte en cónsul de la Academia florentina. El 28 de febrero, Cosme II, el protector de Galileo, muere súbitamente. En 1622, en Fráncfort, aparece una Apología de Galileo redactada por Tommaso Campanella en 1616. Un defensor bastante poco confiable, puesto que Campanella ya está condenado por herejía. El 6 de agosto de 1622, el cardenal Mafeo Barberini es elegido Papa bajo el nombre de Urbano VIII. El 3 de febrero de 1623 Galileo recibe la autorización para publicar su Saggiatore que dedica al nuevo Papa. La obra aparece el 20 de octubre de 1623. Gracias a las cualidades polémicas (y literarias) de la obra, se aseguró el éxito en la época. No permanece más que unos meses allí en una atmósfera de gran efervescencia cultural, Galileo se convierte de alguna manera en el representante de los círculos intelectuales romanos en rebelión contra el conformismo intelectual y científico impuesto por los Jesuitas. Los años siguientes son bastante tranquilos para Galileo a pesar de los ataques de los aristotélicos. Aprovecha para perfeccionar su microscopio compuesto (septiembre de 1624), pasa un mes en Roma donde es recibido numerosas veces por Urbano VIII. Este último le da la idea de su próximo libro Diálogo sobre los dos sistemas del mundo, obra que presenta de manera imparcial a la vez el sistema aristotélico y el sistema copernicano. Encarga escribirla a Galileo. En 1626, Galileo prosigue sus investigaciones sobre la estructura del imán. También recibe la visita de Élie Dodati, que llevará las copias de sus manuscritos a París. En marzo de 1628, Galileo cae gravemente enfermo y está a punto de morir. El año siguiente, sus adversarios intentan privarle de la asignación que recibe de la Universidad de Pisa, pero la maniobra falla. Hasta 1631 Galileo consagra su tiempo a la escritura del Diálogo y a intentar que éste sea admitido por la censura. La obra se imprime en febrero de 1632. Los ojos de Galileo comienzan a traicionarle en marzo y abril. Las posiciones del teólogo valón Libert Froidmont (de la Universidad de Lovaina) esclarecen bien todos los equívocos de la condena de Galileo. La condena de 1633 El 21 de febrero de 1632, Galileo, protegido por el papa Urbano VIII y el gran duque de Toscana Fernando II de Médicis, publica en Florencia su diálogo de los Massimi sistemi (Diálogo sobre los principales sistemas del mundo) (Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo), donde se burla implícitamente del geocentrismo de Ptolomeo. El Diálogo es a la vez una revolución y un verdadero escándalo. El libro es en efecto abiertamente pro-copernicano, ridiculizando audazmente la interdicción de 1616 (que no será levantada hasta 1812: a verificar). El Diálogo se desarrolla en Venecia durante cuatro jornadas entre tres interlocutores: Filipo Salviati, un Florentino seguidor de Copérnico, Giovan Francesco Sagredo, un veneciano ilustrado sin tomar partido, y Simplicio, un mediocre defensor de la física aristotélica, un personaje quizás inspirado en Urbano VIII. Pero, mientras que se le reprocha el carácter ostensiblemente peyorativo del nombre, Galileo responde que se trata de Simplicio de Cilicia. En estos cuatro días de discusión, Galileo, para probar que la Tierra giraba alrededor del Sol cita el fenómeno de las mareas, afirmando que eso se debía a la "sacudida" provocada por la Tierra en dicho movimiento, lo cual era erróneo. En cambio, el argumento aportado más tarde por los inquisidores para rebatirla, era la correcta: que el flujo y reflujo de las mareas se debe a la atracción de la luna. Sin embargo Galileo se burló de ellos. Es decir, Galileo, en lugar de presentar sus tesis como hipótesis, se lanzó a darlas por concluidas aportando sólo errores y, además, abusando de la comprensión entusiasta de la Iglesia. Debemos señalar aquí que la teoría del movimiento de la Tierra no se demostraría científicamente como un hecho sino hasta 1748, y más tarde, con el célebre péndulo de Foucault en 1851. Además, Galileo había propuesto la reinterpretación de la Biblia en algunos versículos que él entendía que habían quedado refutados con sus hipótesis astronómicas, abandonando así el campo estrictamente científico, en el que no sólo tenía absoluta libertad, sino además, las felicitaciones de la Iglesia, para adentrarse en otro campo que, como científico, no le correspondía: el teológico. Galileo, desoyendo los consejos de moderación provenientes de quienes le reportaron honores y ayudas, incluyendo el propio Papa, quien era su amigo, además de admirador, publicó su citado libro, con la carga burlesca, que llegó a poner en boca de Simplicio. Por otro lado, Galileo escribió su citada obra en lengua vulgar, en vez de hacerlo en el idioma culto utilizado entonces entre los hombres de ciencia, el latín, y ello con el fin de "puentear" a los teólogos y demás hombres de ciencia y llegar inmediatamente al hombre de la calle. Lo cual fue juzgado como una actitud precipitada porque no era prudente hacer llegar hipótesis aún no confirmadas todavía como hechos y desarrolladas por los sabios, al hombre común. Además, Galileo no sólo se permitió insultar a sus amigos y protectores, entre ellos el propio papa, sino también a los hombres de ciencia de su época, a la sazón los astrónomos jesuitas del Colegio Romano, contra los que lanzaba diatribas en las que llamaba a los que no aceptaban el sistema copernicano: "imbécil con la cabeza llena de pájaros" "apenas digno de ser llamado hombre" " una mancha en el honor del género humano" "que se ha quedado en la niñez" y otras descalificaciones por el estilo. De esta manera, la Iglesia percibió en Galileo cierta soberbia, misma que fue la le llevó al procesamiento. En realidad fue toda esta serie de comportamientos, la razón principal que le llevó a Galileo a ser condenado por la Iglesia en 1633 y no su defensa de la tesis copernicana en sí. El papa mismo se alinea entonces rápidamente con la opinión de los adversarios de Galileo: él le había pedido una presentación objetiva de las dos teorías, no un alegato por Copérnico. Galileo es entonces convocado de nuevo por el Santo Oficio, el 1 octubre de 1632. Enfermo, no puede acudir a Roma hasta febrero de 1633. Los interrogatorios prosiguen hasta el 21 de junio donde la amenaza de tortura es evocada bajo órdenes del papa; Galileo cede. El 22 de junio de 1633, en el convento dominicano de Santa María sopra Minerva, Roma, se emite la sentencia: Galileo es condenado a la prisión de por vida (pena inmediatamente conmutada por residencia de por vida por Urbano VIII) y su obra es prohibida. Él pronuncia igualmente la fórmula de abjuración que el Santo Oficio había preparado y agradeció a los diez cardenales que lo habían defendido, y en especial a los tres cardenales que habían pedido su exculpación. Notemos de paso que Galileo no pronunció jamás la famosa frase «Y sin embargo se mueve» (Eppur si muove), la cual fue inventada por un periodista inglés en 1757, y repetida más tarde por el italiano Giuseppe Baretti, otro periodista. Finalmente, la condena fue esta: la obligación de rezar una vez por semana los siete salmos penitenciales, durante el plazo de tres años, más la de no alejarse demasiado de su lujosa villa en Arcetri, pena esta última que fue levantada enseguida. El texto de la sentencia es difundido por doquier: en Roma el 2 de julio, el 12 de agosto en Florencia. La noticia llega a Alemania a finales de agosto, en Bélgica en septiembre. Los decretos del Santo Oficio no se publicarán jamás en Francia, pero, prudentemente, René Descartes renuncia a la publicación de su Mundo. Muchos (entre ellos Descartes), en la época, piensan que Galileo era la víctima de una confabulación de los Jesuitas que se vengaban así de la afrenta sufrida por Horazio Grassi en el Saggiatore. El fin Galileo permanece confinado en su residencia en su casa de Florencia desde diciembre de 1633 a 1638. Allí recibe algunas visitas, lo que le permitió que alguna de sus obras en curso de redacción pudiera cruzar la frontera. Estos libros aparecieron en Estrasburgo y en París en traducción latina. En 1636, Luis Elzevier recibe un boceto de los Discursos sobre dos nuevas ciencias de la parte del maestro florentino. Éste es el último libro que escribirá Galileo; en él establece los fundamentos de la mecánica en tanto que ciencia y que marca así el fin de la física aristotélica. Intenta también establecer las bases de la resistencia de los materiales, con menos éxito. Terminará este libro a lo justo, puesto que el 4 de julio de 1637 pierde el uso de su ojo derecho. El 2 de enero de 1638, Galileo pierde definitivamente la vista. Por suerte, Dino Peri ha recibido la autorización para vivir en casa de Galileo para asistirlo junto con el padre Ambrogetti que tomará nota de la sexta y última parte de los Discursos. Esta parte no aparecerá hasta 1718. La obra completa aparecerá en julio de 1638 en Leiden (Países Bajos) y en París. Será leída por las más grandes personalidades de la época. Descartes por ejemplo enviará sus observaciones a Mersenne, el editor parisino. Galileo, entre tanto, ha recibido la autorización de instalarse cerca del mar, en su casa de San Giorgio. Permanecerá allí hasta su muerte, rodeado de sus discípulos (Viviani, Torricelli, Peri, etc.), trabajando en la astronomía y otras ciencias. A fines de 1641, Galileo trata de aplicar la oscilación del péndulo a los mecanismos del reloj. Unos días más tarde, el 8 de enero de 1642, Galileo muere en Arcetri a la edad de 78 años. Su cuerpo es inhumado en Florencia el 9 de enero. Un mausoleo será erigido en su honor el 13 de marzo de 1736 en la iglesia de la Santa Cruz de Florencia. Posición de la Iglesia en los siglos siguientes Galileo, especialmente por su obra Diálogo sobre los principales sistemas del mundo (1633), cuestionó y resquebrajó los principios sobre los que hasta ese momento habían sustentado el conocimiento e introdujo las bases del método científico que a partir de entonces se fue consolidando. En filosofía aparecerieron corrientes de pensamiento racionalista (Descartes) y empíricas (ver Francis Bacon y Robert Boyle). Siglo XVII - La resistencia a la separación entre ciencia y teología La teoría del heliocentrismo, suponía cuestionar que los textos bíblicos (como por ejemplo que la Tierra fuera el centro del Universo -geocentrismo-) fueran válidos para una verdadera ciencia. Las consecuencias no solo fueron para la teología y la ciencia incipiente, también se produjeron consecuencias metafísicas y ontológicas, que producirán reacciones de los científicos [cita requerida]: Siglo XVIII - Benedicto XIV autoriza las obras sobre el heliocentrismo El papa Benedicto XIV autoriza las obras sobre el heliocentrismo en la primera mitad del siglo XVIII, y esto en dos tiempos: En 1741, ante la prueba óptica de la órbita de la Tierra, hizo que el Santo Oficio diese al impresor la primera edición de las obras completas de Galileo. En 1757, las obras favorables al heliocentrismo fueron autorizadas de nuevo, por un decreto de la Congregación del Índex, que retira estas obras del Index Librorum Prohibitorum. Siglo XX - Homenaje sin rehabilitación A partir de Pío XII se comienza a rendir homenaje al gran sabio que era Galileo. En 1939 este Papa, en su primer discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias, a pocos meses de su elección al papado, describe a Galileo "el más audaz héroe de la investigación ... sin miedos a lo preestablecido y los riesgos a su camino, ni temor a romper los monumentos"[16] Su biógrafo de 40 años, el Profesor Robert Leiber escribió: "Pío XII fue muy cuidadoso en no cerrar ninguna puerta a la Ciencia prematuramente. Fue enérgico en ese punto y sintió pena por el caso de Galileo."[17] En 1979 y en 1981, el papa Juan Pablo II encarga una comisión de estudiar la controversia de Ptolomeo-Copérnico de los Siglo XVI-Siglo XVII. Juan Pablo II considera que no se trataba de rehabilitación.[cita requerida] El 31 de octubre de 1992, Juan Pablo II rinde una vez más homenaje al sabio durante su discurso a los partícipes en la sesión plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias. En él reconoce claramente los errores de ciertos teólogos del Siglo XVII en el asunto. El papa Juan Pablo II pidió perdón por los errores que hubieran cometido los hombres de la Iglesia a lo largo de la historia. En el caso Galileo propuso una revisión honrada y sin prejuicios en 1979, pero la comisión que nombró al efecto en 1981 y que dio por concluidos sus trabajos en 1992, repitió una vez más la tesis que Galileo carecía de argumentos científicos para demostrar el heliocentrismo y sostuvo la inocencia de la Iglesia como institución y la obligación de Galileo de prestarle obediencia y reconocer su magisterio, justificando la condena y evitando una rehabilitación plena. El propio cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo expresó rotundamente el 15 de febrero de 1990 en la universidad romana de La Sapienza,[18] cuando en una conferencia hizo suya la afirmación del filósofo agnóstico y escéptico Paul Feyerabend: La Iglesia de la época de Galileo se atenía más estrictamente a la razón que el propio Galileo, y tomaba en consideración también las consecuencias éticas y sociales de la doctrina galileana. Su sentencia contra Galileo fue razonable y justa, y sólo por motivos de oportunismo político se legitima su revisión -P.Feyerabend, Contra la opresión del método, Frankfurt, 1976, 1983, p.206-[19] [20] Estas declaraciones serán objeto de una fuerte polémica cuando en el año 2008 el ya papa Benedicto XVI tenga que renunciar a una visita a la Universidad de Roma « La Sapienza ». Es habitual en Ratzinger la cita de autores, a priori contrarios a las posturas de la Iglesia, para reforzar sus tesis, de la misma forma que cita a Paul Feyerabend al que califica de filósofo agnóstico y escéptico,[21] cita también al que califica de marxista romántico Ernst Bloch para justificar científicamente, acogiéndose a la teoría de la relatividad, la corrección de la condena a Galileo no solamente contextualizada en su época sino desde la nuestra: Según Bloch, el sistema heliocéntrico -al igual que el geocéntrico- se funda sobre presupuestos indemostrables. En esta cuestión desempeña un papel importantísimo la afirmación de la existencia de un espacio absoluto, cuestión que actualmente la teoría de la relatividad ha desmentido. Éste (Bloch) escribe textualmente: 'Desde el momento en que, con la abolición del presupuesto de un espacio vacío e inmóvil, no se produce ya movimiento alguno en éste, sino simplemente un movimiento relativo de los cuerpos entre sí, y su determinación depende de la elección del cuerpo asumido como en reposo, también se podría, en el caso de que la complejidad de los cálculos resultantes no mostrara esto como improcedente, tomar, antes o después, la tierra como estática y el sol como móvil' -E. Bloch, El principio de la esperanza, Frankfurt, 1959, p. 290-. La ventaja del sistema heliocéntrico con respecto al geocéntrico no consiste entonces en una mayor correspondencia con la verdad objetiva, sino simplemente en una mayor facilidad de cálculo para nosotros.[22] Sin duda resulta más escandalosa para los científicos la aseveración, que también hace suya en esas mismas páginas, de C. F. von Wizsäcker: Desde las consecuencias concretas de la obra galileana, C.F. von Weizsäcker, por ejemplo, da un paso adelante cuando ve un 'camino directísimo' que conduce desde Galileo a la bomba atómica.[23] Si bien Ratzinger considera que Galileo abrió la 'caja de Pandora'[24] no se puede olvidar que será la Congregación para la Doctrina de la Fe o Santo Oficio quien condena a Galileo. Será asimismo la Inquisición como conjunto de instituciones dedicadas a la supresión de la herejía la que santificará la coerción, la tortura, el castigo, el ajusticiamiento y el asesinato como modus operandi necesario para preservar la verdad y el poder de la jerarquía católica. En este sentido, indica Savater, hay quienes intentan culpar a la ilustración, y por tanto también a la ciencia y a sus precursores -Galileo, Descartes...- de todos los males de los últimos siglos pero hay no hay que olvidar que: la Inquisición inauguró unos procedimientos de buceo en la intimidad de las mentes y castigo de los disidentes que después culminaron en el Terror revolucionario, el Gulag y demás abusos totalitarios que recientemente algunos hagiógrafos han cargado nada menos que a cuenta ...¡de la Ilustración!.[25] Siglo XXI - Diálogo entre ciencia y fe En 1615 Niccolò Lorini denunció a Galileo al Santo Oficio por sus opiniones copernicanas, iniciandose un largo proceso. Una censura dictada por el Santo Oficio el 24 de febrero de 1616 sobre dos doctrinas, la estabilidad del sol y el movimiento de la tierra y la subsiguiente condena, el 5 de marzo del mismo año, de la obra de Copérnico De revolutionibus orbium coelestium, mostraron a Galileo que tal doctrina podía ser admitida a lo sumo ex suppositione, pero no absolute. Por considerarse que la había tomado en el segundo sentido, pero no en el primero, la Inquisición prohibió en 1633 el Diálogo que Galileo había publicado un año antes. Galileo se sometió al dictamen y fue condenado a la cárcel, pero sin que se cumpliera la condena (que, por lo demás, no fue ratificada por el Papa).[26] Como indica Stephen Hawking, Galileo probablemente sea, más que cualquier otro, el máximo responsable del nacimiento de la ciencia moderna;[27] Albert Einstein lo llamó Padre de la ciencia moderna.[28] La protesta de La Sapienza en 2008 Joseph Ratzinger, ya como Papa había sido invitado a participar de la ceremonia de inauguración del curso académico prevista para el 17 de enero de 2008 pero tuvo que renunciar ante la protesta iniciada unos meses antes por 67 profesores de la Universidad de Roma La Sapienza y apoyada después por numerosos profesores y estudiantes para declararle persona non grata.[29] [30] El Claustro de profesores no aceptaba la posición 'medieval' del papa ante la condena de Galileo y condenaba las afirmaciones que había realizado en el discurso público pronunciado por el papa en la Universidad de Roma La Sapienza en 1990.[31] Wikipedia y L'Oservatore Romano Según L'Osservatore Romano, en realidad ni el discurso fue pronunciado en Parma ni en esa fecha concreta: los profesores de la Sapienza se basaron en una información incorrecta de Wikipedia, no la contrastaron y sacaron la frase de contexto haciendo decir a Ratzinger lo contrario de lo que dijo.[32] En la Wikipedia en español aparecía, hasta el 17 de marzo de 2009, Parma en vez de Roma y la fecha del 30 de marzo de 1990 en vez del 15 de febrero de 1990 como lugar y fecha de la conferencia de Ratzinger. La conferencia completa está publicada en el capítulo 4 del libro de Joseph Ratzinger Una mirada a Europa, Rialp, 1993,[33] En defensa de Ratzinger una gran manifestación[34] reúne 100.000 fieles en la Plaza de San Pedro el 20 de enero de 2008 .[34] Celebraciones vaticanas en 2009 376 años despúes de su condena y la prohibición de sus libros, y aprovechando los eventos del Año de la astronomía, el Vaticano celebró el 15 de febrero de 2009 una misa en su honor. La celebración, fue oficiada por monseñor Gianfranco Ravasi y estuvo promovida por la Federación Mundial de Científicos; la Santa Sede quería hacer pública la aceptación del legado del científico dentro de la doctrina católica.[35] En 2009, dentro de la celebración del Año Internacional de la Astronomía, la Santa Sede organizó un congreso internacional sobre Galileo Galilei.[36] [37] En marzo se presentó en Roma el libro escrito en italiano "Galileo y el Vaticano"[38] que ofrece un "juicio objetivo por parte de los historiadores" para comprender la relación entre el gran astrónomo y la Iglesia. Al presentar el libro, el presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, el arzobispo Gianfranco Ravasi, consideró que esta obra facilita a la Iglesia comprometerse "en una relación más vivaz y calmada con la ciencia".[39] En julio se presentó una nueva edición sobre las investigaciones del proceso realizado a Galileo. El nuevo volumen se titula “I ducomenti vaticani del processo di Galileo Galilei” (“Los documentos vaticanos del proceso de Galileo Galilei”), Archivo Secreto Vaticano. La edición ha ido a cargo del prefecto del Archivo Secreto Vaticano, monseñor Sergio Pagano.[40] Bibliografía de Galileo Obras de Galileo Galileo Galilei. Opere complete. Alberdi, 15 vols. Florencia, 1842-1852. Texto completo y descarga en Google books -ed. 1856- Tomo I - Tomo VI - Tomo XIII Le opere complete di Galileo Galilei. Edición nacional. 20 vols. Firenza, 1890-1909. Obra cronológica: 1586 - Galileo Galilei. La Billancetta 1590 ---- De Motu 1606 ---- Le Operazioni del Compasso Geometrico et Militare 1600 ---- Le Meccaniche. 1610 ---- Sidereus Nuncius (El Mensajero sideral) 1615 ---- Carta a la Gran Duquesa Cristina (publicada en 1636) 1616 ---- Discorso del flusso e reflusso del mare 1619 ---- Discorso Delle Comete (publicado por Mario Guiducci) 1623 ---- Il Saggiatore 1632 ---- Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo tolemaico e copernicano Diálogo sobre los principales sistemas del mundo 1638 ---- Discorsi e Dimostrazioni Matematiche, intorno a due nuove scienze attenenti alla meccanica & i movimenti locali (Diálogos sobre dos nuevas ciencias) Obra en español: Galilei, Galileo. Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo ptolemaico y copernicano(Antonio Beltrán Marí, ed.), Alianza, Madrid, 1995 ISBN 84-206-9412-6 ---- Carta a Cristina de Lorena y otros textos sobre ciencia y religión(Moisés González, trad, introd.), Alianza, 2006 ISBN 13: 978-84-206-6015-8 ---- Cartas del Señor Galileo Galilei, Académico Linceo: escritos a Benedetto Castelli y a la Señora Cristina de Lorena, gran duquesa de Toscana. (Pere de la Fuente, Xavier Granados y Francisco Reus, eds.), Alhambra, Madrid, 1986, ISBN 84-205-1307-5 ---- Consideraciones y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias(C. Solis y J. Sádaba, eds.)Editora Nacional, Madrid, 1981, ISBN 84-276-1316-4 ---- Diálogo sobre los sistemas máximos: Jornada primera. (José Manuel Revuelta, trad. y ed.), Aguilar, Buenos Aires 1980, ISBN 84-03-52158-8 Galilei, Galileo. El ensayador (José Manuel Revuelta, trad. y ed.), Aguilar, Buenos Aires, 1984 ISBN 84-8204-012-X Obras sobre Galileo Cheraqui, Yves. Yo, Galileo : matemático y filósofo florentino que, frente a todos, tuvo la osadía de encararse con la verdad del firmamento(Jean-Michel Payet, il.; Luis Santos Gutiérrez, trad.), Anaya, Madrid, 1990 ISBN 84-207-3823-9 Finocchiaro, Maurice A. (1989). The Galileo affair: a documentary history. University of California Press. ISBN 9780520066625. Finocchiaro, Maurice A. (2008). The Essential Galileo. Hackett Publishing. ISBN 9780872209374. Geymonat, Ludovico. Galileo Galilei (Joan Ramón Capella, trad.), Península, Barcelona, 1986, ISBN 84-297-2403-6 Miguel Rodríguez, José Luis de. En defensa de Galileo. Lección inaugural del curso 1988-89 de la Universidad de Valladolid. Valladolid, 1988, 14 páginas. Ortega y Gasset, José. En torno a Galileo (conferencias 1933) en Obras Completas Vol V, 1951. Redondi, Pietro. Galileo herético, Alianza, Madrid, 1990 ISBN 84-206-2640-6 Reston, James. Galileo, Ediciones B, Barcelona, 1996, ISBN 84-406-6697-7 Sharratt, Michael. Galileo: el desafío de la verdad, Temas de hoy, Madrid, 1996, ISBN 84-7880-678-4 Shea, William R. Galileo en Roma: crónica de 500 días. Editorial Encuentro, Madrid, 2003, ISBN 84-7490-676-8 Shea, William R. (1983). La revolución intelectual de Galileo. Editorial Ariel. ISBN 978-84-344-8009-4. Miscelánea Objetos y misiones astronómicas en honor a Galileo En el siglo XX la figura de Galileo ha inspirado los nombres de numerosos objetos astronómicos así como diferentes misiones tecnológicas. La misión Galileo a Júpiter Las lunas galileanas de Júpiter Gao en Ganimedes El cráter Galileo en la Luna El cráter Galileo en Marte El asteroide (697) Galilea (nombrado en el 300º aniversario del descubrimiento de las lunas galileanas) Galileo (unidad) El sistema de posicionamiento europeo Galileo Obras artísticas sobre Galileo Galileo Galilei (novela), una ópera de Philip Glass. La vida de Galileo (obra) una obra de teatro de Bertolt Brecht. La hija de Galileo, Dava Sobel, 1999 [1].       Obra cronológica: 1586 - Galileo Galilei. La Billancetta 1590 ---- De Motu 1606 ---- Le Operazioni del Compasso Geometrico et Militare 1600 ---- Le Meccaniche. 1610 ---- Sidereus Nuncius (El Mensajero sideral) 1615 ---- Carta a la Gran Duquesa Cristina (publicada en 1636) 1616 ---- Discorso del flusso e reflusso del mare 1619 ---- Discorso Delle Comete (publicado por Mario Guiducci) 1623 ---- Il Saggiatore 1632 ---- Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo tolemaico e copernicano Diálogo sobre los principales sistemas del mundo 1638 ---- Discorsi e Dimostrazioni Matematiche, intorno a due nuove scienze attenenti alla meccanica & i movimenti locali (Diálogos sobre dos nuevas ciencias)

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7.- Galileo. La síntesis de los conocimientos de Copérnico y Kepler, y contribución.   Galileo Galilei (Pisa, 15 de febrero de 1564[4] - Florencia, 8 de enero de 1642[1] [5] ), fue un astrónomo, filósofo, matemático y físico que estuvo relacionado estrechamente con la revolución científica. Eminente hombre del Renacimiento, mostró interés por casi todas las ciencias y artes (música, literatura, pintura). Sus logros incluyen la mejora del telescopio, gran variedad de observaciones astronómicas, la primera ley del movimiento y un apoyo determinante para el copernicanismo. Ha sido considerado como el "padre de la astronomía moderna", el "padre de la física moderna"[6] y el "padre de la ciencia". Su trabajo experimental es considerado complementario a los escritos de Francis Bacon en el establecimiento del moderno método científico y su carrera científica es complementaria a la de Johannes Kepler. Su trabajo se considera una ruptura de las asentadas ideas aristotélicas y su enfrentamiento con la Iglesia Católica Romana suele tomarse como el mejor ejemplo de conflicto entre la autoridad y la libertad de pensamiento en la sociedad occidental.[7] Nacimiento e infancia Galileo nació en Pisa, Gran Ducado de Toscana, el 15 de febrero de 1564. Hijo mayor de siete hermanos, su padre Vincenzo Galilei, nacido en Florencia en 1520, era matemático y músico, y deseaba que su hijo estudiase medicina. Su familia pertenecía a la baja nobleza y se ganaban la vida con el comercio. Hasta la edad de diez años fue educado por sus padres. Éstos se mudaron a Florencia, dejando al religioso Jacobo Borghini,[1] vecino a cargo de Galileo. Por medio de éste, accedió al convento de Santa María de Vallombrosa en Florencia donde recibió una formación religiosa. Galileo no prosiguió con la carrera eclesiástica por mucho tiempo, pues su padre, aprovechándose de una enfermedad de los ojos de su hijo, se lo llevó a Florencia en 1579. Dos años más tarde, su padre lo inscribe en la Universidad de Pisa, donde seguirá cursos de Medicina, Matemática[8] y de Filosofía. El descubrimiento de su vocación En 1583 Galileo se inicia en la matemática por medio de Ostilio Ricci, un amigo de la familia, alumno de Tartaglia. Ricci tenía la costumbre, rara en esa época, de unir la teoría a la práctica experimental. Atraído por la obra de Euclides, sin ningún interés por la medicina y todavía menos por las disputas escolásticas y la filosofía aristotélica, Galileo reorienta sus estudios hacia las matemáticas. Desde entonces, se siente seguidor de Pitágoras, de Platón y de Arquímedes y opuesto al aristotelismo. Todavía estudiante, descubre la ley de la isocronía de los péndulos, primera etapa de la que será el descubrimiento de una nueva ciencia: la mecánica. Dentro de la corriente humanista, redacta también un panfleto feroz contra el profesorado de su tiempo. Toda su vida, Galileo rechazará el ser comparado a los profesores de su época, lo que le supondrá numerosos enemigos. Dos años más tarde, retorna a Florencia sin diploma, pero con grandes conocimientos y una gran curiosidad científica. Antes del telescopio De Florencia a Pisa (1585-1592) Galileo comienza por demostrar muchos teoremas sobre el centro de gravedad de ciertos sólidos dentro de Theoremata circa centrum gravitatis solidum y emprende en 1586 la reconstitución de la balanza hidrostática de Arquímedes o bilancetta. Al mismo tiempo, continúa con sus estudios sobre las oscilaciones del péndulo pesante e inventa el pulsómetro. Este aparato permite ayudar a medir el pulso y suministra una escala de tiempo, que no existía aún a la época. También comienza sus estudios sobre la caída de los cuerpos. En 1588, es invitado por la Academia Florentina a presentar dos lecciones sobre la forma, el lugar y la dimensión del Infierno de Dante. Paralelamente a sus actividades, busca un empleo de profesor en una universidad; se encuentra entonces con grandes personajes, como el padre jesuita Christopher Clavius, excelencia de la matemática al Colegio pontifical. Se encuentra también con el matemático Guidobaldo del Monte. Este último recomienda Galileo al duque Fernando I de Toscana, que le nombra para la cátedra de matemáticas de la universidad de Pisa por 60 escudos de oro por año — una miseria. Su lección inaugural tendrá lugar el 12 de noviembre de 1589. En 1590 y 1591, descubre la cicloide y se sirve de ella para dibujar arcos de puentes. Igualmente experimenta sobre la caída de los cuerpos y redacta su primera obra de mecánica, el De motu. La realidad es que estas « experiencias » son puestas en duda hoy por hoy y sería una invención de su primer biógrafo, Vincenzo Viviani. Este volumen contiene ideas nuevas para la época, pero expone también, evidentemente los principios de la escuela aristotélica y el sistema de Ptolomeo. Galileo los enseñará durante mucho tiempo después de estar convencido de la exactitud del sistema copernicano, falto de pruebas tangibles. La universidad de Padua (1592-1610) En 1592 se trasladó a la Universidad de Padua y ejerció como profesor de geometría, mecánica y astronomía hasta 1610.[9] La marcha de Pisa se explica por diferencias con uno de los hijos del gran duque Fernando I de Toscana. Padua pertenecía a la poderosa República de Venecia, lo que dio a Galileo una gran libertad intelectual, pues la Inquisición no era poderosa allí. Incluso si Giordano Bruno había sido entregado por los patricios de la república a la Inquisición, Galileo podía efectuar sus investigaciones sin muchas preocupaciones. Enseña Mecánica Aplicada, Matemática, Astronomía y Arquitectura militar[10] . Después de la muerte de su padre en 1591, Galileo debe ayudar a cubrir las necesidades de la familia. Se pone a dar numerosas clases particulares a los estudiantes ricos, a los que aloja en su casa. Pero no es un buen gestor y sólo la ayuda financiera de sus protectores y amigos le permiten equilibrar sus cuentas. En 1599, Galileo participa en la fundación de la Accademia dei Ricovrati con el abad Federico Cornaro. El mismo año, Galileo se encuentra con Marina Gamba, una joven veneciana con la cual mantendrá una relación hasta 1610 (no se casan ni viven bajo el mismo techo). En 1600, nace su primera hija Virginia, seguida por su hermana Livia en 1601, luego un hijo, Vincenzo, en 1606. Después de la separación (no conflictiva) de la pareja, Galileo se encarga de sus hijos y enviará más tarde sus hijas a un convento; ya que el abuelo sentencia que son incasables al ser ilegítimas.[11] En cambio el varón Vincenzo será legitimizado y se casará con Sestilia Bocchineri.[12] El año 1604 1604 es un año mirabilis para Galileo : En julio, prueba su bomba de agua en un jardín de Padua ; En octubre, descubre la ley del movimiento uniformemente acelerado, que él asocia a una ley de velocidades erróneas ; En diciembre, comienza sus observaciones de una nova conocida al menos desde el 10 de octubre. Consagra 5 lecciones sobre el tema el mes siguiente, y en febrero de 1605 publica Dialogo de Cecco di Ronchitti in Perpuosito de la Stella Nova junto con D. Girolamo Spinelli. Aunque la aparición de una nueva estrella, y su desaparición repentina entra en total contradicción con la teoría establecida de la inalterabilidad de los cielos, Galileo continúa todavía como aristotélico en público, pero en privado ya es copernicano. Espera la prueba irrefutable sobre la cual apoyarse para denunciar el aristotelismo. Retomando sus estudios sobre el movimiento, Galileo «muestra» que los proyectiles siguen, en el vacío, trayectorias parabólicas. Hará falta la gravitación universal de Newton, para generalizar a los misiles balísticos, donde las trayectorias son en efecto elípticas. De 1606 a 1609 En 1606, Galileo construye su primer termoscopio, primer aparato de la historia que permite comparar de manera objetiva el nivel de calor y de frío. Ese mismo año, Galileo y dos de sus amigos caen enfermos el mismo día de una misma enfermedad infecciosa. Sólo sobrevive Galileo, que permanecerá lisiado de reumatismo por el resto de sus días. En los dos años que siguen, el sabio estudia las estructuras de los imanes. Todavía se pueden contemplar sus trabajos en el museo de historia de Florencia. El telescopio y sus consecuencias Invención del telescopio En mayo de 1609, Galileo recibe de París una carta del francés Jacques Badovere, uno de sus antiguos alumnos, quien le confirma un rumor insistente: la existencia de un telescopio que permite ver los objetos lejanos.[cita requerida] Fabricado en Holanda, este telescopio habría permitido ya ver estrellas invisibles a simple vista. Con esta única descripción, Galileo, que ya no da cursos a Cosme II de Médicis, construye su primer telescopio. Al contrario que el telescopio holandés, éste no deforma los objetos y los aumenta 6 veces, o sea el doble que su oponente. También es el único de la época que consigue obtener una imagen derecha gracias a la utilización de una lente divergente en el ocular.[cita requerida] Este invento marca un giro en la vida de Galileo. El 21 de agosto, apenas terminado su segundo telescopio (aumenta ocho o nueve veces), lo presenta al Senado de Venecia. La demostración tiene lugar en la cima del Campanile de la plaza de San Marco. Los espectadores quedan entusiasmados: ante sus ojos, Murano, situado a 2 km y medio, parece estar a 300 m solamente.[cita requerida] Galileo ofrece su instrumento y lega los derechos a la República de Venecia, muy interesada por las aplicaciones militares del objeto. En recompensa, es confirmado de por vida en su puesto de Padua y sus emolumentos se duplican. Se libera por fin de las dificultades financieras.[cita requerida] Sin embargo, contrario a sus alegaciones, no dominaba la teoría óptica y los instrumentos fabricados por él son de calidad muy variable. Algunos telescopios son prácticamente inutilizables (al menos en observación astronómica). En abril de 1610, en Bolonia, por ejemplo, la demostración del telescopio es desastrosa, como así lo informa Martin Horky en una carta a Kepler.[cita requerida] Galileo reconoció en marzo de 1610 que, entre más de 60 telescopios que había construido, solamente algunos eran adecuados. Numerosos testimonios, incluido el de Kepler, confirman la mediocridad de los primeros instrumentos.[cita requerida] La observación de la Luna Durante el otoño, Galileo continuó desarrollando su telescopio. En noviembre, fabrica un instrumento que aumenta veinte veces. Emplea tiempo para volver su telescopio hacia el cielo. Rápidamente, observando las fases de la Luna, descubre que este astro no es perfecto como lo quería la teoría aristotélica. La física aristotélica, que poseía autoridad en esa época, distinguía dos mundos: el mundo « sublunar », que comprende la Tierra y todo lo que se encuentra entre la Tierra y la Luna; en este mundo todo es imperfecto y cambiante; el mundo « supralunar », que comienza en la Luna y se extiende más allá. En esta zona, no existen más que formas geométricas perfectas (esferas) y movimientos regulares inmutables (circulares). Galileo, por su parte, observó una zona transitoria entre la sombra y la luz, el terminador, que no era para nada regular, lo que por consiguiente invalidaba la teoría aristotélica y afirma la existencia de montañas en la Luna. Galileo incluso estima su altura en 7000 metros, más que la montaña más alta conocida en la época. Hay que decir que los medios técnicos de la época no permitían conocer la altitud de las montañas terrestres sin fantasías.[cita requerida] Cuando Galileo publica su Sidereus Nuncius piensa que las montañas lunares son más elevadas que las de la Tierra, si bien en realidad son equivalentes.[cita requerida] La cabeza pensando en las estrellas En pocas semanas, descubrirá la naturaleza de la Vía láctea, cuenta las estrellas de la constelación de Orión y constata que ciertas estrellas visibles a simple vista son, en verdad, cúmulos de estrellas. Galileo observa los anillos de Saturno pero no descubre su naturaleza. Estudia igualmente las manchas solares.[cita requerida] El 7 de enero de 1610, Galileo hace un descubrimiento capital: remarca 3 estrellas pequeñas en la periferia de Júpiter.[13] Después de varias noches de observación, descubre que son cuatro y que giran alrededor del planeta. Se trata de los satélites de Júpiter llamados hoy satélites galileanos: Calixto, Europa, Ganimedes e Io. A fin de protegerse de la necesidad y sin duda deseoso de retornar a Florencia, Galileo llamará a estos satélites por algún tiempo los « astros mediciens » I, II, III y IV,[14] en honor de Cosme II de Médicis, su antiguo alumno y gran duque de Toscana. Galileo no ha dudado entre Cosmica sidera y Medicea sidera. El juego de palabras « Cosmica = Cosme » es evidentemente voluntario y es sólo después de la primera impresión que retiene la segunda denominación (el nombre actual de estos satélites se debe sin embargo al astrónomo Simon Marius, quien los bautizó de esta manera a sugerencia de Johannes Kepler, si bien durante dos siglos se empleó la nomenclatura de Galileo).[14] El 4 de marzo 1610, Galileo publica en Florencia sus descubrimientos dentro de El mensajero de las estrellas (Sidereus Nuncius), resultado de sus primeras observaciones estelares. Para él, Júpiter y sus satélites son un modelo del Sistema Solar. Gracias a ellos, piensa poder demostrar que las órbitas de cristal de Aristóteles no existen y que todos los cuerpos celestes no giran alrededor de la Tierra. Es un golpe muy duro a los aristotélicos. Él corrige también a ciertos copernicanos que pretenden que todos los cuerpos celestes giran alrededor del Sol. El 10 de abril, muestra estos astros a la corte de Toscana. Es un triunfo. El mismo mes, da tres cursos sobre el tema en Padua. Siempre en abril, Johannes Kepler ofrece su apoyo a Galileo. El astrónomo alemán no confirmará verdaderamente este descubrimiento — pero con entusiasmo — hasta septiembre, gracias a una lente ofrecida por Galileo en persona.[cita requerida] Observaciones en Florencia, presentación en Roma El 10 de julio 1610, Galileo deja Venecia para trasladarse a Florencia. A pesar de los consejos de sus amigos Sarpi y Sagredo, que temen que su libertad sea restringida, él ha, en efecto, aceptado el puesto de Primer Matemático de la Universidad de Pisa (sin carga de cursos, ni obligación de residencia) y aquél de Primer Matemático y Primer Filósofo del gran duque de Toscana. El 25 de julio 1610, Galileo orienta su lente astronómica hacia Saturno y descubre su extraña apariencia. Serán necesarios 50 años e instrumentos más poderosos para que Christiaan Huygens comprenda la naturaleza de los anillos de Saturno. El mes siguiente, Galileo encuentra una manera de observar el Sol en el telescopio y descubre las manchas solares. Les da una explicación satisfactoria. En septiembre 1610, prosiguiendo con sus observaciones, descubre las fases de Venus. Para él, es una nueva prueba de la verdad del sistema copernicano, pues es fácil de interpretar este fenómeno gracias a la hipótesis heliocéntrica, puesto que es mucho más difícil de hacerlo basándose en la hipótesis geocéntrica. Fue invitado el 29 de marzo 1611 por el cardenal Maffeo Barberini (futuro Urbano VIII) a presentar sus descubrimientos al Colegio pontifical de Roma y en la joven Academia de los Linces. Galileo permanecerá dentro de la capital pontifical un mes completo, durante el cual recibe todos los honores. La Academia de los Linces le reserva un recibimiento entusiasta y le admite como su sexto miembro. Desde ese momento, el lince de la academia adornará el frontispicio de todas las publicaciones de Galileo.[15] El 24 de abril de 1611, el Colegio Romano, compuesto de jesuitas de los cuales Christopher Clavius es el miembro más eminente, confirma al cardenal Belarmino que las observaciones de Galileo son exactas. No obstante, los sabios se guardan bien de confirmar o de denegar las conclusiones hechas por el florentino. Galileo retorna a Florencia el 4 de junio. Galileo atacado y condenado por las autoridades La oposición se organiza Galileo parece ir de triunfo en triunfo y convence a todo el mundo. Por tanto, los partidarios de la teoría geocéntrica según Aristóteles se convierten en enemigos encarnizados y los ataques contra él comienzan con la aparición de Sidereus Nuncius. Ellos no pueden permitirse el perder la afrenta y no quieren ver su ciencia puesta en cuestión. Además, los métodos de Galileo, basados en la observación y la experiencia en vez de la autoridad de los partidarios de las teorías geocéntricas (que se apoyan sobre el prestigio de Aristóteles), están en oposición completa con los suyos, hasta tal punto que Galileo rechaza compararse con ellos. Al principio, solo se tratan de escaramuzas. Pero Sagredo escribe a Galileo, recién llegado a Florencia: « El poder y la generosidad de vuestro príncipe (el duque de Toscana) permiten esperar que él sepa reconocer vuestra dedicación y vuestro mérito; pero en los mares agitados actuales, ¿quién puede evitar de ser, yo no diría hundido, pero sí al menos duramente agitado por los vientos furiosos de los celos? ». La primera flecha viene de Martin Horky, discípulo del profesor Magini y enemigo de Galileo. Este asistente publica en junio de 1610, sin consultar a su maestro, un panfleto contra el Sidereus Nuncius. Exceptuando los ataques personales, su argumento principal es el siguiente « Los astrólogos han hecho sus horóscopos teniendo en cuenta todo aquello que se mueve en los cielos. Por lo tanto los astros mediceos no sirven para nada y, Dios no crea cosas inútiles, estos astros no pueden existir. » Horky es ridiculizado por los seguidores de Galileo, que responden que estos astros sirven para una cosa: hacerle enfadar. Convertido en el hazmerreír de la universidad, Horky finalmente es recriminado por su maestro: Magini no tolera un fallo tan claro. En el mes de agosto, un tal Sizzi intenta el mismo tipo de ataque con el mismo género de argumentos, sin ningún éxito. Una vez que las observaciones de Galileo fueron confirmadas por el Colegio romano, los ataques cambiaron de naturaleza. Ludovico Delle Combe ataca sobre el plan religioso y se pregunta si Galileo cuenta con interpretar la Biblia para ponerla de acuerdo con sus teorías. En esta época en efecto, antes de los trabajos exegéticos del siglo XIX, el salmo 93 (92) da a entender una cosmología geocéntrica (dentro de la línea : « Tú has fijado la tierra firme e inmóvil. ») El cardenal Belarmino, que hizo quemar a Giordano Bruno, ordena que la Inquisición realice una investigación discreta sobre Galileo a partir de junio de 1611. Los ataques se hacen más violentos Galileo, de retorno a Florencia, es inatacable desde el punto de vista astronómico. Sus adversarios van entonces a criticar su teoría de los cuerpos flotantes. Galileo pretende que el hielo flota porque es más ligero que el agua, mientras que los aristotélicos piensan que flota porque es de su naturaleza el flotar. (Física cuantitativa y matemática de Galileo contra física cualitativa de Aristóteles). El ataque tendrá lugar durante un almuerzo en la mesa de Cosme II en el mes de septiembre de 1611. Galileo se opone a los profesores de Pisa y en especial al mismo Delle Combe, durante lo que se denomina la « batalla de los cuerpos flotantes ». Galileo sale victorioso del intercambio. Varios meses más tarde, sacará una obra en la que se presentará su teoría. Además de estos asuntos, Galileo continúa con sus investigaciones. Su sistema de determinación de longitudes es propuesto en España por el embajador de Toscana. En 1612, emprende una discusión con « Apelles latens post tabulam » (seudónimo del jesuita Christopher Scheiner), un astrónomo alemán, sobre el tema de las manchas solares. Apelles defiende la incorruptibilidad del Sol argumentando que las manchas son en realidad conjuntos de estrellas entre el Sol y la Tierra. Galileo demuestra que las manchas están sobre la superficie misma del Sol, o tan próximas que no se puede medir su altitud. La Academia de los Linces publicará esta correspondencia el 22 de marzo de 1613 con el título de 'Istoria e dimostrazioni intorno alle marchie solari e loro accidenti. Scheiner terminará por adherirse a la tesis galileana. El 2 de noviembre de 1612, las querellas reaparecen. El dominico Niccolo Lorini, profesor de historia eclesiástica en Florencia, pronuncia un sermón resueltamente opuesto a la teoría de la rotación de la Tierra. Sermón sin consecuencias particulares, pero que marca los comienzos de los ataques religiosos. Los opositores utilizan el pasaje bíblico (Libro de Josué 10, 12-14) en el cual Josué detiene el movimiento del Sol y de la Luna, como arma teológica contra Galileo. En diciembre de 1613, el profesor Benedetto Castelli, antiguo alumno de Galileo y uno de sus colegas en Pisa, es encargado por la duquesa Cristina de Lorena de probar la ortodoxia de la doctrina copernicana. Galileo vendrá en ayuda de su discípulo escribiéndole una carta el 21 de diciembre de 1613 (traducida como Galileo, diálogos y cartas selectas) sobre la relación entre ciencia y religión. La gran duquesa se tranquiliza, pero la controversia no se debilita. Galileo mientras tanto continúa con sus trabajos. Del 12 al 15 de noviembre, recibe a Jean Tarde, a quien presenta su microscopio y sus trabajos de astronomía. El 20 de diciembre, el padre Caccini ataca muy violentamente a Galileo en la iglesia Santa Maria Novella. El 6 de enero un copernicano, el carmelita Paolo Foscarini, publica una carta tratando positivamente la opinión de los pitagóricos y de Copérnico sobre la movilidad de la Tierra. Él percibe el sistema copernicano como una realidad física. La controversia toma una amplitud tal que el cardenal Bellarmino debe intervenir el 12 de abril. Éste escribe una carta a Foscarini donde condena sin equívocos la tesis heliocéntrica en ausencia de refutación concluyente del sistema geocéntrico. Como reacción, Galileo escribe a Cristina de Lorena una carta extensa en la cual desarrolla admirablemente sus argumentos en favor de la ortodoxia del sistema copernicano. Esta carta es, también, muy difundida. Esta carta, escrita hacia abril de 1615, es una pieza esencial del dossier. Ahí se ven los pasajes de las escrituras que poseen problemas desde un punto de vista cosmológico. A pesar de ello, Galileo es obligado a presentarse en Roma para defenderse contra las calumnias y sobre todo para tratar de evitar una prohibición de la doctrina copernicana. Pero le falta la prueba irrefutable de la rotación de la Tierra para apoyar sus requerimientos. Su intervención llega demasiado tarde : Lorini, por carta de denuncia, ya había avisado a Roma de la llegada de Galileo y el Santo Oficio ya había comenzado la instrucción del caso. En 1614, conoce a Juan Bautista Baliani, físico genovés, que será su amigo y correspondiente durante largos años. El 8 de febrero de 1616, Galileo envía su teoría de las mareas (Discorso del Flusso e Reflusso) al cardenal Orsini. Esta teoría (a la cual se le ha reprochado durante mucho tiempo de estar en contradicción con el principio de la inercia enunciado por el mismo Galileo, y que sólo puede explicar pequeños componentes del fenómeno) pretendía demostrar que el movimiento de la Tierra producía las mareas, mientras que los astrónomos jesuitas ya postulaban con acierto que las mareas eran producidas por la atracción de la luna. La censura de las teorías copernicanas (1616) A pesar de pasar dos meses removiendo cielo y tierra para impedir lo inevitable, es convocado el 16 de febrero de 1616 por el Santo Oficio para el examen de las proposiciones de censura. Es una catástrofe para él. La teoría copernicana es condenada.[cita requerida] El 25 de febrero y 26 de febrero de 1616, la censura es ratificada por la Inquisición y por el papa Pablo V. Aunque no se le inquieta personalmente, se ruega a Galileo exponer su tesis presentándola como una hipótesis y no como un hecho comprobado, cosa que no hizo a pesar de que no le fue posible demostrar dicha tesis. Esta petición se extiende a todos los países católicos. La intransigencia de Galileo, que rechaza la equivalencia de las hipótesis copernicana y de Ptolomeo, pudo haber precipitado los eventos. Un estudio del proceso por Paul Feyerabend (ver por ejemplo el Adiós a la Razón) muestra que la actitud del inquisidor (Roberto Belarmino) fue al menos tan científica como la de Galileo, siguiendo criterios modernos. Este asunto afecta Galileo profundamente. Sus enfermedades le van a atormentar durante los dos años siguientes y su actividad científica se reduce. Sólo retoma su estudio de la determinación de las longitudes en el mar. Sus dos hijas entran en órdenes religiosas. En 1618, observa el pasaje de tres cometas, fenómeno que relanza la polémica sobre la incorruptibilidad de los cielos. En 1619, el padre jesuita Horazio Grassi publica De tribus cometis ani 1618 disputatio astronomica. En él defiende el punto de vista de Tycho Brahe sobre las trayectorias elípticas de los cometas. Galileo responde al principio por la intermediación de su alumno Mario Guiducci que publica en junio de 1619 Discorso delle comete donde desarrolla una teoría bizarra sobre los cometas, afirmando que sólo se trataba de ilusiones ópticas, incluyendo causas de fenómenos meteorológicos. Los astrónomos jesuitas del Observatorio Vaticano decían, en cambio, que eran objetos celestes reales. En octubre, Horazio Grassi ataca a Galileo en un panfleto más hipócrita: sobre consideraciones científicas se mezclan las insinuaciones religiosas malvadas y muy peligrosas en tiempos de la Contrarreforma. Mientras, Galileo, animado por su amigo el cardenal Barberini y sostenido por la Academia de los Linces, responderá con ironía en Il Saggiatore. Grassi, uno de los sabios jesuitas más importantes, es ridiculizado. Mientras tanto, Galileo ha comenzado su estudio de los satélites de Júpiter. Por culpa de dificultades técnicas se ve obligado a abandonar el cálculo de sus efemérides. Galileo se ve cubierto de honores en 1620 y 1622. El 28 de agosto de 1620, el cardenal Mafeo Barberini envía a su amigo el poema Adulatio Perniciosa que él ha compuesto en su honor. El 20 de enero de 1621, Galileo se convierte en cónsul de la Academia florentina. El 28 de febrero, Cosme II, el protector de Galileo, muere súbitamente. En 1622, en Fráncfort, aparece una Apología de Galileo redactada por Tommaso Campanella en 1616. Un defensor bastante poco confiable, puesto que Campanella ya está condenado por herejía. El 6 de agosto de 1622, el cardenal Mafeo Barberini es elegido Papa bajo el nombre de Urbano VIII. El 3 de febrero de 1623 Galileo recibe la autorización para publicar su Saggiatore que dedica al nuevo Papa. La obra aparece el 20 de octubre de 1623. Gracias a las cualidades polémicas (y literarias) de la obra, se aseguró el éxito en la época. No permanece más que unos meses allí en una atmósfera de gran efervescencia cultural, Galileo se convierte de alguna manera en el representante de los círculos intelectuales romanos en rebelión contra el conformismo intelectual y científico impuesto por los Jesuitas. Los años siguientes son bastante tranquilos para Galileo a pesar de los ataques de los aristotélicos. Aprovecha para perfeccionar su microscopio compuesto (septiembre de 1624), pasa un mes en Roma donde es recibido numerosas veces por Urbano VIII. Este último le da la idea de su próximo libro Diálogo sobre los dos sistemas del mundo, obra que presenta de manera imparcial a la vez el sistema aristotélico y el sistema copernicano. Encarga escribirla a Galileo. En 1626, Galileo prosigue sus investigaciones sobre la estructura del imán. También recibe la visita de Élie Dodati, que llevará las copias de sus manuscritos a París. En marzo de 1628, Galileo cae gravemente enfermo y está a punto de morir. El año siguiente, sus adversarios intentan privarle de la asignación que recibe de la Universidad de Pisa, pero la maniobra falla. Hasta 1631 Galileo consagra su tiempo a la escritura del Diálogo y a intentar que éste sea admitido por la censura. La obra se imprime en febrero de 1632. Los ojos de Galileo comienzan a traicionarle en marzo y abril. Las posiciones del teólogo valón Libert Froidmont (de la Universidad de Lovaina) esclarecen bien todos los equívocos de la condena de Galileo. La condena de 1633 El 21 de febrero de 1632, Galileo, protegido por el papa Urbano VIII y el gran duque de Toscana Fernando II de Médicis, publica en Florencia su diálogo de los Massimi sistemi (Diálogo sobre los principales sistemas del mundo) (Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo), donde se burla implícitamente del geocentrismo de Ptolomeo. El Diálogo es a la vez una revolución y un verdadero escándalo. El libro es en efecto abiertamente pro-copernicano, ridiculizando audazmente la interdicción de 1616 (que no será levantada hasta 1812: a verificar). El Diálogo se desarrolla en Venecia durante cuatro jornadas entre tres interlocutores: Filipo Salviati, un Florentino seguidor de Copérnico, Giovan Francesco Sagredo, un veneciano ilustrado sin tomar partido, y Simplicio, un mediocre defensor de la física aristotélica, un personaje quizás inspirado en Urbano VIII. Pero, mientras que se le reprocha el carácter ostensiblemente peyorativo del nombre, Galileo responde que se trata de Simplicio de Cilicia. En estos cuatro días de discusión, Galileo, para probar que la Tierra giraba alrededor del Sol cita el fenómeno de las mareas, afirmando que eso se debía a la "sacudida" provocada por la Tierra en dicho movimiento, lo cual era erróneo. En cambio, el argumento aportado más tarde por los inquisidores para rebatirla, era la correcta: que el flujo y reflujo de las mareas se debe a la atracción de la luna. Sin embargo Galileo se burló de ellos. Es decir, Galileo, en lugar de presentar sus tesis como hipótesis, se lanzó a darlas por concluidas aportando sólo errores y, además, abusando de la comprensión entusiasta de la Iglesia. Debemos señalar aquí que la teoría del movimiento de la Tierra no se demostraría científicamente como un hecho sino hasta 1748, y más tarde, con el célebre péndulo de Foucault en 1851. Además, Galileo había propuesto la reinterpretación de la Biblia en algunos versículos que él entendía que habían quedado refutados con sus hipótesis astronómicas, abandonando así el campo estrictamente científico, en el que no sólo tenía absoluta libertad, sino además, las felicitaciones de la Iglesia, para adentrarse en otro campo que, como científico, no le correspondía: el teológico. Galileo, desoyendo los consejos de moderación provenientes de quienes le reportaron honores y ayudas, incluyendo el propio Papa, quien era su amigo, además de admirador, publicó su citado libro, con la carga burlesca, que llegó a poner en boca de Simplicio. Por otro lado, Galileo escribió su citada obra en lengua vulgar, en vez de hacerlo en el idioma culto utilizado entonces entre los hombres de ciencia, el latín, y ello con el fin de "puentear" a los teólogos y demás hombres de ciencia y llegar inmediatamente al hombre de la calle. Lo cual fue juzgado como una actitud precipitada porque no era prudente hacer llegar hipótesis aún no confirmadas todavía como hechos y desarrolladas por los sabios, al hombre común. Además, Galileo no sólo se permitió insultar a sus amigos y protectores, entre ellos el propio papa, sino también a los hombres de ciencia de su época, a la sazón los astrónomos jesuitas del Colegio Romano, contra los que lanzaba diatribas en las que llamaba a los que no aceptaban el sistema copernicano: "imbécil con la cabeza llena de pájaros" "apenas digno de ser llamado hombre" " una mancha en el honor del género humano" "que se ha quedado en la niñez" y otras descalificaciones por el estilo. De esta manera, la Iglesia percibió en Galileo cierta soberbia, misma que fue la le llevó al procesamiento. En realidad fue toda esta serie de comportamientos, la razón principal que le llevó a Galileo a ser condenado por la Iglesia en 1633 y no su defensa de la tesis copernicana en sí. El papa mismo se alinea entonces rápidamente con la opinión de los adversarios de Galileo: él le había pedido una presentación objetiva de las dos teorías, no un alegato por Copérnico. Galileo es entonces convocado de nuevo por el Santo Oficio, el 1 octubre de 1632. Enfermo, no puede acudir a Roma hasta febrero de 1633. Los interrogatorios prosiguen hasta el 21 de junio donde la amenaza de tortura es evocada bajo órdenes del papa; Galileo cede. El 22 de junio de 1633, en el convento dominicano de Santa María sopra Minerva, Roma, se emite la sentencia: Galileo es condenado a la prisión de por vida (pena inmediatamente conmutada por residencia de por vida por Urbano VIII) y su obra es prohibida. Él pronuncia igualmente la fórmula de abjuración que el Santo Oficio había preparado y agradeció a los diez cardenales que lo habían defendido, y en especial a los tres cardenales que habían pedido su exculpación. Notemos de paso que Galileo no pronunció jamás la famosa frase «Y sin embargo se mueve» (Eppur si muove), la cual fue inventada por un periodista inglés en 1757, y repetida más tarde por el italiano Giuseppe Baretti, otro periodista. Finalmente, la condena fue esta: la obligación de rezar una vez por semana los siete salmos penitenciales, durante el plazo de tres años, más la de no alejarse demasiado de su lujosa villa en Arcetri, pena esta última que fue levantada enseguida. El texto de la sentencia es difundido por doquier: en Roma el 2 de julio, el 12 de agosto en Florencia. La noticia llega a Alemania a finales de agosto, en Bélgica en septiembre. Los decretos del Santo Oficio no se publicarán jamás en Francia, pero, prudentemente, René Descartes renuncia a la publicación de su Mundo. Muchos (entre ellos Descartes), en la época, piensan que Galileo era la víctima de una confabulación de los Jesuitas que se vengaban así de la afrenta sufrida por Horazio Grassi en el Saggiatore. El fin Galileo permanece confinado en su residencia en su casa de Florencia desde diciembre de 1633 a 1638. Allí recibe algunas visitas, lo que le permitió que alguna de sus obras en curso de redacción pudiera cruzar la frontera. Estos libros aparecieron en Estrasburgo y en París en traducción latina. En 1636, Luis Elzevier recibe un boceto de los Discursos sobre dos nuevas ciencias de la parte del maestro florentino. Éste es el último libro que escribirá Galileo; en él establece los fundamentos de la mecánica en tanto que ciencia y que marca así el fin de la física aristotélica. Intenta también establecer las bases de la resistencia de los materiales, con menos éxito. Terminará este libro a lo justo, puesto que el 4 de julio de 1637 pierde el uso de su ojo derecho. El 2 de enero de 1638, Galileo pierde definitivamente la vista. Por suerte, Dino Peri ha recibido la autorización para vivir en casa de Galileo para asistirlo junto con el padre Ambrogetti que tomará nota de la sexta y última parte de los Discursos. Esta parte no aparecerá hasta 1718. La obra completa aparecerá en julio de 1638 en Leiden (Países Bajos) y en París. Será leída por las más grandes personalidades de la época. Descartes por ejemplo enviará sus observaciones a Mersenne, el editor parisino. Galileo, entre tanto, ha recibido la autorización de instalarse cerca del mar, en su casa de San Giorgio. Permanecerá allí hasta su muerte, rodeado de sus discípulos (Viviani, Torricelli, Peri, etc.), trabajando en la astronomía y otras ciencias. A fines de 1641, Galileo trata de aplicar la oscilación del péndulo a los mecanismos del reloj. Unos días más tarde, el 8 de enero de 1642, Galileo muere en Arcetri a la edad de 78 años. Su cuerpo es inhumado en Florencia el 9 de enero. Un mausoleo será erigido en su honor el 13 de marzo de 1736 en la iglesia de la Santa Cruz de Florencia. Posición de la Iglesia en los siglos siguientes Galileo, especialmente por su obra Diálogo sobre los principales sistemas del mundo (1633), cuestionó y resquebrajó los principios sobre los que hasta ese momento habían sustentado el conocimiento e introdujo las bases del método científico que a partir de entonces se fue consolidando. En filosofía aparecerieron corrientes de pensamiento racionalista (Descartes) y empíricas (ver Francis Bacon y Robert Boyle). Siglo XVII - La resistencia a la separación entre ciencia y teología La teoría del heliocentrismo, suponía cuestionar que los textos bíblicos (como por ejemplo que la Tierra fuera el centro del Universo -geocentrismo-) fueran válidos para una verdadera ciencia. Las consecuencias no solo fueron para la teología y la ciencia incipiente, también se produjeron consecuencias metafísicas y ontológicas, que producirán reacciones de los científicos [cita requerida]: Siglo XVIII - Benedicto XIV autoriza las obras sobre el heliocentrismo El papa Benedicto XIV autoriza las obras sobre el heliocentrismo en la primera mitad del siglo XVIII, y esto en dos tiempos: En 1741, ante la prueba óptica de la órbita de la Tierra, hizo que el Santo Oficio diese al impresor la primera edición de las obras completas de Galileo. En 1757, las obras favorables al heliocentrismo fueron autorizadas de nuevo, por un decreto de la Congregación del Índex, que retira estas obras del Index Librorum Prohibitorum. Siglo XX - Homenaje sin rehabilitación A partir de Pío XII se comienza a rendir homenaje al gran sabio que era Galileo. En 1939 este Papa, en su primer discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias, a pocos meses de su elección al papado, describe a Galileo "el más audaz héroe de la investigación ... sin miedos a lo preestablecido y los riesgos a su camino, ni temor a romper los monumentos"[16] Su biógrafo de 40 años, el Profesor Robert Leiber escribió: "Pío XII fue muy cuidadoso en no cerrar ninguna puerta a la Ciencia prematuramente. Fue enérgico en ese punto y sintió pena por el caso de Galileo."[17] En 1979 y en 1981, el papa Juan Pablo II encarga una comisión de estudiar la controversia de Ptolomeo-Copérnico de los Siglo XVI-Siglo XVII. Juan Pablo II considera que no se trataba de rehabilitación.[cita requerida] El 31 de octubre de 1992, Juan Pablo II rinde una vez más homenaje al sabio durante su discurso a los partícipes en la sesión plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias. En él reconoce claramente los errores de ciertos teólogos del Siglo XVII en el asunto. El papa Juan Pablo II pidió perdón por los errores que hubieran cometido los hombres de la Iglesia a lo largo de la historia. En el caso Galileo propuso una revisión honrada y sin prejuicios en 1979, pero la comisión que nombró al efecto en 1981 y que dio por concluidos sus trabajos en 1992, repitió una vez más la tesis que Galileo carecía de argumentos científicos para demostrar el heliocentrismo y sostuvo la inocencia de la Iglesia como institución y la obligación de Galileo de prestarle obediencia y reconocer su magisterio, justificando la condena y evitando una rehabilitación plena. El propio cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo expresó rotundamente el 15 de febrero de 1990 en la universidad romana de La Sapienza,[18] cuando en una conferencia hizo suya la afirmación del filósofo agnóstico y escéptico Paul Feyerabend: La Iglesia de la época de Galileo se atenía más estrictamente a la razón que el propio Galileo, y tomaba en consideración también las consecuencias éticas y sociales de la doctrina galileana. Su sentencia contra Galileo fue razonable y justa, y sólo por motivos de oportunismo político se legitima su revisión -P.Feyerabend, Contra la opresión del método, Frankfurt, 1976, 1983, p.206-[19] [20] Estas declaraciones serán objeto de una fuerte polémica cuando en el año 2008 el ya papa Benedicto XVI tenga que renunciar a una visita a la Universidad de Roma « La Sapienza ». Es habitual en Ratzinger la cita de autores, a priori contrarios a las posturas de la Iglesia, para reforzar sus tesis, de la misma forma que cita a Paul Feyerabend al que califica de filósofo agnóstico y escéptico,[21] cita también al que califica de marxista romántico Ernst Bloch para justificar científicamente, acogiéndose a la teoría de la relatividad, la corrección de la condena a Galileo no solamente contextualizada en su época sino desde la nuestra: Según Bloch, el sistema heliocéntrico -al igual que el geocéntrico- se funda sobre presupuestos indemostrables. En esta cuestión desempeña un papel importantísimo la afirmación de la existencia de un espacio absoluto, cuestión que actualmente la teoría de la relatividad ha desmentido. Éste (Bloch) escribe textualmente: 'Desde el momento en que, con la abolición del presupuesto de un espacio vacío e inmóvil, no se produce ya movimiento alguno en éste, sino simplemente un movimiento relativo de los cuerpos entre sí, y su determinación depende de la elección del cuerpo asumido como en reposo, también se podría, en el caso de que la complejidad de los cálculos resultantes no mostrara esto como improcedente, tomar, antes o después, la tierra como estática y el sol como móvil' -E. Bloch, El principio de la esperanza, Frankfurt, 1959, p. 290-. La ventaja del sistema heliocéntrico con respecto al geocéntrico no consiste entonces en una mayor correspondencia con la verdad objetiva, sino simplemente en una mayor facilidad de cálculo para nosotros.[22] Sin duda resulta más escandalosa para los científicos la aseveración, que también hace suya en esas mismas páginas, de C. F. von Wizsäcker: Desde las consecuencias concretas de la obra galileana, C.F. von Weizsäcker, por ejemplo, da un paso adelante cuando ve un 'camino directísimo' que conduce desde Galileo a la bomba atómica.[23] Si bien Ratzinger considera que Galileo abrió la 'caja de Pandora'[24] no se puede olvidar que será la Congregación para la Doctrina de la Fe o Santo Oficio quien condena a Galileo. Será asimismo la Inquisición como conjunto de instituciones dedicadas a la supresión de la herejía la que santificará la coerción, la tortura, el castigo, el ajusticiamiento y el asesinato como modus operandi necesario para preservar la verdad y el poder de la jerarquía católica. En este sentido, indica Savater, hay quienes intentan culpar a la ilustración, y por tanto también a la ciencia y a sus precursores -Galileo, Descartes...- de todos los males de los últimos siglos pero hay no hay que olvidar que: la Inquisición inauguró unos procedimientos de buceo en la intimidad de las mentes y castigo de los disidentes que después culminaron en el Terror revolucionario, el Gulag y demás abusos totalitarios que recientemente algunos hagiógrafos han cargado nada menos que a cuenta ...¡de la Ilustración!.[25] Siglo XXI - Diálogo entre ciencia y fe En 1615 Niccolò Lorini denunció a Galileo al Santo Oficio por sus opiniones copernicanas, iniciandose un largo proceso. Una censura dictada por el Santo Oficio el 24 de febrero de 1616 sobre dos doctrinas, la estabilidad del sol y el movimiento de la tierra y la subsiguiente condena, el 5 de marzo del mismo año, de la obra de Copérnico De revolutionibus orbium coelestium, mostraron a Galileo que tal doctrina podía ser admitida a lo sumo ex suppositione, pero no absolute. Por considerarse que la había tomado en el segundo sentido, pero no en el primero, la Inquisición prohibió en 1633 el Diálogo que Galileo había publicado un año antes. Galileo se sometió al dictamen y fue condenado a la cárcel, pero sin que se cumpliera la condena (que, por lo demás, no fue ratificada por el Papa).[26] Como indica Stephen Hawking, Galileo probablemente sea, más que cualquier otro, el máximo responsable del nacimiento de la ciencia moderna;[27] Albert Einstein lo llamó Padre de la ciencia moderna.[28] La protesta de La Sapienza en 2008 Joseph Ratzinger, ya como Papa había sido invitado a participar de la ceremonia de inauguración del curso académico prevista para el 17 de enero de 2008 pero tuvo que renunciar ante la protesta iniciada unos meses antes por 67 profesores de la Universidad de Roma La Sapienza y apoyada después por numerosos profesores y estudiantes para declararle persona non grata.[29] [30] El Claustro de profesores no aceptaba la posición 'medieval' del papa ante la condena de Galileo y condenaba las afirmaciones que había realizado en el discurso público pronunciado por el papa en la Universidad de Roma La Sapienza en 1990.[31] Wikipedia y L'Oservatore Romano Según L'Osservatore Romano, en realidad ni el discurso fue pronunciado en Parma ni en esa fecha concreta: los profesores de la Sapienza se basaron en una información incorrecta de Wikipedia, no la contrastaron y sacaron la frase de contexto haciendo decir a Ratzinger lo contrario de lo que dijo.[32] En la Wikipedia en español aparecía, hasta el 17 de marzo de 2009, Parma en vez de Roma y la fecha del 30 de marzo de 1990 en vez del 15 de febrero de 1990 como lugar y fecha de la conferencia de Ratzinger. La conferencia completa está publicada en el capítulo 4 del libro de Joseph Ratzinger Una mirada a Europa, Rialp, 1993,[33] En defensa de Ratzinger una gran manifestación[34] reúne 100.000 fieles en la Plaza de San Pedro el 20 de enero de 2008 .[34] Celebraciones vaticanas en 2009 376 años despúes de su condena y la prohibición de sus libros, y aprovechando los eventos del Año de la astronomía, el Vaticano celebró el 15 de febrero de 2009 una misa en su honor. La celebración, fue oficiada por monseñor Gianfranco Ravasi y estuvo promovida por la Federación Mundial de Científicos; la Santa Sede quería hacer pública la aceptación del legado del científico dentro de la doctrina católica.[35] En 2009, dentro de la celebración del Año Internacional de la Astronomía, la Santa Sede organizó un congreso internacional sobre Galileo Galilei.[36] [37] En marzo se presentó en Roma el libro escrito en italiano "Galileo y el Vaticano"[38] que ofrece un "juicio objetivo por parte de los historiadores" para comprender la relación entre el gran astrónomo y la Iglesia. Al presentar el libro, el presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, el arzobispo Gianfranco Ravasi, consideró que esta obra facilita a la Iglesia comprometerse "en una relación más vivaz y calmada con la ciencia".[39] En julio se presentó una nueva edición sobre las investigaciones del proceso realizado a Galileo. El nuevo volumen se titula “I ducomenti vaticani del processo di Galileo Galilei” (“Los documentos vaticanos del proceso de Galileo Galilei”), Archivo Secreto Vaticano. La edición ha ido a cargo del prefecto del Archivo Secreto Vaticano, monseñor Sergio Pagano.[40] Bibliografía de Galileo Obras de Galileo Galileo Galilei. Opere complete. Alberdi, 15 vols. Florencia, 1842-1852. Texto completo y descarga en Google books -ed. 1856- Tomo I - Tomo VI - Tomo XIII Le opere complete di Galileo Galilei. Edición nacional. 20 vols. Firenza, 1890-1909. Obra cronológica: 1586 - Galileo Galilei. La Billancetta 1590 ---- De Motu 1606 ---- Le Operazioni del Compasso Geometrico et Militare 1600 ---- Le Meccaniche. 1610 ---- Sidereus Nuncius (El Mensajero sideral) 1615 ---- Carta a la Gran Duquesa Cristina (publicada en 1636) 1616 ---- Discorso del flusso e reflusso del mare 1619 ---- Discorso Delle Comete (publicado por Mario Guiducci) 1623 ---- Il Saggiatore 1632 ---- Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo tolemaico e copernicano Diálogo sobre los principales sistemas del mundo 1638 ---- Discorsi e Dimostrazioni Matematiche, intorno a due nuove scienze attenenti alla meccanica & i movimenti locali (Diálogos sobre dos nuevas ciencias) Obra en español: Galilei, Galileo. Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo ptolemaico y copernicano(Antonio Beltrán Marí, ed.), Alianza, Madrid, 1995 ISBN 84-206-9412-6 ---- Carta a Cristina de Lorena y otros textos sobre ciencia y religión(Moisés González, trad, introd.), Alianza, 2006 ISBN 13: 978-84-206-6015-8 ---- Cartas del Señor Galileo Galilei, Académico Linceo: escritos a Benedetto Castelli y a la Señora Cristina de Lorena, gran duquesa de Toscana. (Pere de la Fuente, Xavier Granados y Francisco Reus, eds.), Alhambra, Madrid, 1986, ISBN 84-205-1307-5 ---- Consideraciones y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias(C. Solis y J. Sádaba, eds.)Editora Nacional, Madrid, 1981, ISBN 84-276-1316-4 ---- Diálogo sobre los sistemas máximos: Jornada primera. (José Manuel Revuelta, trad. y ed.), Aguilar, Buenos Aires 1980, ISBN 84-03-52158-8 Galilei, Galileo. El ensayador (José Manuel Revuelta, trad. y ed.), Aguilar, Buenos Aires, 1984 ISBN 84-8204-012-X Obras sobre Galileo Cheraqui, Yves. Yo, Galileo : matemático y filósofo florentino que, frente a todos, tuvo la osadía de encararse con la verdad del firmamento(Jean-Michel Payet, il.; Luis Santos Gutiérrez, trad.), Anaya, Madrid, 1990 ISBN 84-207-3823-9 Finocchiaro, Maurice A. (1989). The Galileo affair: a documentary history. University of California Press. ISBN 9780520066625. Finocchiaro, Maurice A. (2008). The Essential Galileo. Hackett Publishing. ISBN 9780872209374. Geymonat, Ludovico. Galileo Galilei (Joan Ramón Capella, trad.), Península, Barcelona, 1986, ISBN 84-297-2403-6 Miguel Rodríguez, José Luis de. En defensa de Galileo. Lección inaugural del curso 1988-89 de la Universidad de Valladolid. Valladolid, 1988, 14 páginas. Ortega y Gasset, José. En torno a Galileo (conferencias 1933) en Obras Completas Vol V, 1951. Redondi, Pietro. Galileo herético, Alianza, Madrid, 1990 ISBN 84-206-2640-6 Reston, James. Galileo, Ediciones B, Barcelona, 1996, ISBN 84-406-6697-7 Sharratt, Michael. Galileo: el desafío de la verdad, Temas de hoy, Madrid, 1996, ISBN 84-7880-678-4 Shea, William R. Galileo en Roma: crónica de 500 días. Editorial Encuentro, Madrid, 2003, ISBN 84-7490-676-8 Shea, William R. (1983). La revolución intelectual de Galileo. Editorial Ariel. ISBN 978-84-344-8009-4. Miscelánea Objetos y misiones astronómicas en honor a Galileo En el siglo XX la figura de Galileo ha inspirado los nombres de numerosos objetos astronómicos así como diferentes misiones tecnológicas. La misión Galileo a Júpiter Las lunas galileanas de Júpiter Gao en Ganimedes El cráter Galileo en la Luna El cráter Galileo en Marte El asteroide (697) Galilea (nombrado en el 300º aniversario del descubrimiento de las lunas galileanas) Galileo (unidad) El sistema de posicionamiento europeo Galileo Obras artísticas sobre Galileo Galileo Galilei (novela), una ópera de Philip Glass. La vida de Galileo (obra) una obra de teatro de Bertolt Brecht. La hija de Galileo, Dava Sobel, 1999 [1].       Obra cronológica: 1586 - Galileo Galilei. La Billancetta 1590 ---- De Motu 1606 ---- Le Operazioni del Compasso Geometrico et Militare 1600 ---- Le Meccaniche. 1610 ---- Sidereus Nuncius (El Mensajero sideral) 1615 ---- Carta a la Gran Duquesa Cristina (publicada en 1636) 1616 ---- Discorso del flusso e reflusso del mare 1619 ---- Discorso Delle Comete (publicado por Mario Guiducci) 1623 ---- Il Saggiatore 1632 ---- Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo tolemaico e copernicano Diálogo sobre los principales sistemas del mundo 1638 ---- Discorsi e Dimostrazioni Matematiche, intorno a due nuove scienze attenenti alla meccanica & i movimenti locali (Diálogos sobre dos nuevas ciencias)

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 1.- Introducción 2.- La Astronomía en la Antigüedad 3.- La Astronomía en la Antigua Grecia 4.- Los árabes 5.- La Astronomía en la Edad Media 6.- Copérnico 7.- Tycho Brahe 8.- Johannes Kepler 9.- Galileo Galilei 10.- Newton 11.- La crisis del espacio y del tiempo absolutos 12.- Resumen final – Papel de la física y astronomía de Galileo – Newton en la ciencia actual Volver a Índice Índice

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Este año 2009 se conmemoran los 400 años de la publicación por Johannes Kepler de su obra fundamental “Astronomia Nova”. También se celebran los 400 años de las primeras observaciones astronómicas de Galileo. Por este motivo este año se considera como Año Internacional de la Astronomía, y por ello se celebran numerosas actividades conmemorativas y de divulgación en los campos de la Física y la Astronomía. El año Internacional de la Astronomía está promovido por la UNESCO, por la Unión Astronómica Internacional y por el Consejo Internacional para la Ciencia Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 1.- Introducción

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Hoy en día se considera de forma unánime que esos sucesos señalan el nacimiento de la ciencia moderna, especialmente en uno de los aspectos que mejor la definen: la formulación y contraste de hipótesis. Galileo Galilei es la figura más relevante de cuantas personas se vieron envueltas en los sucesos citados, y por tanto estas notas tienen como objeto principal resaltar sus logros en la extensión del conocimiento del mundo físico y astronómico, así como su contribución al desarrollo de la ciencia moderna Pretendemos dar respuesta a esta pregunta que muchas personas se hacen con frecuencia: ¿Por qué es tan importante Galileo para que se hable tanto de él? Volver a Índice 1.- Introducción

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo La importancia de la contribución de Galileo al desarrollo de las ciencias consiste principalmente en que : - Rechaza que el conocimiento transmitido desde la antigüedad por respeto a los grandes sabios del pasado (Aristóteles principalmente) se deba admitir como un dogma, sin crítica alguna. - Concede un papel importante a la realización de experimentos para confirmar o rechazar las hipótesis. Cuando los experimentos no son posibles (en Astronomía, por ejemplo), recurre a la observación. - Desarrolla modelos matemáticos para describir los resultados de las observaciones. No se contenta con explicaciones cualitativas, sino que busca explicaciones cuantitativas. - Intenta explicar el mundo celeste mediante el comportamiento de objetos terrestres, rechazando así de forma explícita la física de Aristóteles. Volver a Índice 1.- Introducción

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Es obligado considerar que los logros obtenidos por Galileo se producen en parte merced a los trabajos desarrollados anteriormente por Copérnico, Kepler, Brahe, y otras personas. También es importante señalar que, como el propio Galileo nos enseña, el conocimiento acerca de la naturaleza ha de ser científico, y por tanto debe evitar la formulación de dogmas. Volver a Índice 1.- Introducción

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo P. M. A. Dirac dijo: “no os fiéis de los hechos, porque son mudables”. Con esto viene a resaltar que el conocimiento tiene una validez temporal limitada; lo que hoy consideramos como un hecho, en el futuro lo veremos de otra forma. Por tanto, el paso del tiempo, que ha propiciado un desarrollo muy importante de las ciencias, ha venido a demostrar que las ideas de Galileo, que han sido fundamentales para lograr ese desarrollo, no se pueden tomar hoy en día como dogmas absolutos; más bien se puede afirmar, aunque cueste admitirlo, que esas ideas, aunque no se pueda decir que sean erróneas, han sido superadas. Volver a Índice 1.- Introducción

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La magnificencia y regularidad del firmamento nocturno ha impresionado al hombre desde la antigüedad (neolítico, y quizá el paleolítico), pero la ausencia de documentos descriptivos de los conocimientos alcanzados por nuestros antepasados nos impide conocer con seguridad qué clase de conocimientos se alcanzaron, y que utilidad pudieron dar a esos conocimientos. Los expertos opinan mayoritariamente que los conocimientos astronómicos antiguos tenían unas funciones calendáricas (establecimiento del calendario para las labores agrícolas y/o actividades religiosas). Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 2.- La Astronomía en la Antigüedad

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo El denominado “Disco de Nebra” (aprox. 1750 A.C.), hallado en Alemania. Se le asigna una función calendárica relacionada con labores agrícolas. Volver a Índice 2.- La Astronomía en la Antigüedad “Mapa” del cielo con varias constelaciones. Babilonia, hacia el 650 A.C.

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Las investigaciones que se han realizado sobre numerosas civilizaciones prehistóricas de todo el Mundo muestran que desde etapas muy tempranas se alcanzó un grado sorprendente de conocimientos astronómicos. Tal es el caso de las civilizaciones de Mesopotamia, es decir, Sumeria, Caldea y Babilonia, y también de las civilizaciones mesoamericanas (mayas, mexicas, etc.). Como ejemplo del grado de conocimiento alcanzado, el año 2238 A.C., los babilonios de la ciudad de Ur registraron un eclipse de Luna, el primero del que tenemos constancia escrita. Volver a Índice 2.- La Astronomía en la Antigüedad Civilización Maya -Códice de Madrid Tabla de datos de evolución de la posición de Marte, y augurio de buena cosecha de maíz

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Los estudios realizados sobre los documentos que han llegado hasta nosotros (inscripciones en sellos, vasijas, herramientas, etc.) muestran que los conceptos desarrollados en Mesopotamia acerca de los objetos celestes tenían un carácter casi exclusivamente mágico. Los primeros astrólogos aparecieron también en Mesopotamia, con la misión de estudiar los movimientos de los astros en el cielo y realizar augurios para los reyes basándose en esos movimientos. Volver a Índice 2.- La Astronomía en la Antigüedad

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Volver a Índice 2.- La Astronomía en la Antigüedad Los egipcios observaron que las estrellas fijas realizan un giro completo en el cielo en poco más de 365 días. Además, este ciclo aproximado de 365 días concuerda con el de las estaciones, y ya antes del 2500 A.C. los egipcios usaban un calendario basado en ese ciclo, por lo que cabe suponer que utilizaban la observación astronómica de manera sistemática desde el cuarto milenio. Nuestro actual calendario de 12 meses es una adaptación del antiguo calendario civil egipcio.

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Los conocimientos astronómicos alcanzados en Mesopotamia y el antiguo Egipto se fueron transmitiendo a la antigua Grecia, donde trataron de explicar de forma racional dos fenómenos bien conocido desde la más lejana antigüedad: Si observamos el cielo diurno, el Sol sale siempre por una zona que llamamos Levante, y se pone siempre por una zona que llamamos Poniente. Pero si observamos el cielo nocturno, la Luna y las estrellas también describen siempre una trayectoria que va de Levante a Poniente. Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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Por otro lado, si observamos el cielo nocturno a una hora determinada, a lo largo de todos los días de un año, observamos que las estrellas se ponen por Poniente (y salen por Levante) un poco más temprano cada día (unas dos horas por mes). Así, según pasan los meses, a una hora determinada, vamos viendo en el Cielo una sucesión de agrupaciones de estrellas (constelaciones), de forma que al llegar a la misma fecha del año anterior, el aspecto de esas constelaciones en el cielo es el mismo que veíamos el año anterior. Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo En los esfuerzos por explicar ambos fenómenos pesaba de forma importante un hecho bien conocido: En caso de que se diera un movimiento de la Tierra por el cosmos, el hombre no lo ha podido detectar mediante sus sentidos o mediante mediciones astronómicas. Es decir, no se ve ni se nota ningún movimiento de la Tierra Volver a Índice 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Eudoxo (408 - 355 a.C) fue el primero en avanzar una explicación de ese “movimiento” del Sol, la Luna y las estrellas por el cielo. Concebía el universo como un conjunto de 27 esferas concéntricas que rodean la Tierra, la cual a su vez también era una esfera. Todos los objetos celestes están situados sobre esas esferas, que rotan alrededor de la Tierra inmóvil. Volver a Índice 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo De las variadísimas explicaciones que se podrían dar del movimiento Levante – Poniente del Sol, Luna y estrellas, Eudoxo dio una explicación racional, puesto que se basaba en la observación y en la elaboración de un modelo explicativo de base matemática, que no está en flagrante contradicción con los datos de la observación. Vemos en esta explicación un salto conceptual muy importante: Pasamos de una explicación mágica (Mesopotamia), a una explicación racional (Eudoxo) Volver a Índice 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Platón y especialmente Aristóteles (384 - 322 a.C.) mantuvieron el sistema ideado por Eudoxo, agregándole no menos de cincuenta y cinco esferas en cuyo centro se encontraba la Tierra inmóvil. Esta teoría, conocida como sistema geocéntrico, permaneció inalterada unos 2.000 años. De las bases filosóficas principales de Aristóteles se deducía que: El cosmos está dividido en dos mundos: Un “mundo sublunar” en el que las cosas son mudables, imperfectas, se desgastan, se pudren, etc. En este “mundo sublunar” existe la materia ordinaria, a la cual se le aplican unas leyes propias de comportamiento. Un “mundo supralunar”, en el reina la perfección absoluta en todos los sentidos. Nada cambia, todo es inmutable y eterno. Se desconoce por completo qué clase de materia existe en ese mundo. Es más, carece de sentido preguntarse por las leyes que gobiernan su comportamiento. Volver a Índice 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo La personas con inclinaciones religiosas encontraron en estos principios unas explicaciones del mundo que satisfacían sus anhelos. Volver a Índice 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo De acuerdo con los principios citados, la concepción del cosmos tiene, entre otras, las siguientes características: - Las trayectorias de los objetos celestes son figuras geométricas perfectas en un sentido platónico, es decir esferas y circunferencias La velocidad de los Planetas, el Sol, la Luna y las estrellas son perfectamente uniformes. La Tierra se encuentra en el centro exacto del movimiento de los cuerpos celestes. Dado que no experimentamos ninguna sensación de movimiento, la Tierra se halla inmóvil, y los cuerpos celestes rotan alrededor de ella. Volver a Índice 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Otros pensadores griegos desarrollaron ideas complementarias, e incluso ideas contrarias, con lo cual se produjo un auge muy importante de la astronomía, pero siempre con una interpretación geométrica de los objetos celestes y de sus trayectorias en el cielo. Entre los hitos alcanzados por los antiguos griegos podemos resaltar los siguientes: Tales de Mileto (640-546 a.C. aprox.) desarrolló métodos para la predicción de eclipses. Pitágoras (575-497 a.C. aprox.) fue el primero en expresar la esfericidad de la Tierra. También explicó la irregularidad de las órbitas de los planetas en su movimiento por el cielo. Volver a Índice 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Hacia 350 a.C. Aristóteles describe el mecanismo de los eclipses. Aristarco de Samos (310-230 a.C. aprox.) es el primero que afirma que la Tierra gira alrededor del Sol. También realizó un cálculo del diámetro del Sol, y de la distancia de la Tierra al Sol. Estos cálculos eran correctos en su desarrollo, pero muy inexactos por falta de precisión en las medidas. Eratóstenes (275-194 a.C. aprox.) calculó el radio de la Tierra. El resultado obtenido fue muy preciso, a pesar de la carencia de instrumentación adecuada. Volver a Índice 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Volver a Índice El modelo original de Eudoxo, corregido por pensadores posteriores, aunque era convincente en líneas generales, solo podía predecir APROXIMADAMENTE la posición futura (en, digamos 3 meses) de algunos objetos celestes en el cielo. En la página siguiente mostramos un ejemplo de fenómeno observable que no tiene explicación en el modelo original de Eudoxo. 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Volver a Índice Movimiento de Marte en el cielo nocturno entre Octubre de 1996 y julio de 1997 Observar el movimiento retrógrado ¡ El movimiento no es “perfecto” ! Por lo tanto, el modelo no es capaz de describir de forma apropiada el fenómeno 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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Volver a Índice Una forma sencilla de explicar el movimiento retrógrado consiste en suponer que el cuerpo celeste rota en un círculo (Epiciclo), cuyo centro rota sobre un círculo centrado en la Tierra inmóvil (Deferente). Esta explicación fue elaborada por Hiparco de Alejandría (190-125 a.C. aprox.). 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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Volver a Índice El objeto celeste ya no describe una circunferencia “perfecta” con respecto de la Tierra inmóvil, sino una curva tipo cicloide. Este modelo fue elaborado en gran detalle por Claudio Ptolomeo, astrónomo alejandrino de los siglos I a II de nuestra era. Ptolomeo recopiló todo el conocimiento astronómico que existía en su época, y lo plasmo en un libro llamado “Syntaxis mathematiké”, que fue traducido por los árabes, y que titularon “Almagesto”. Este libro fue enormemente popular 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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El progreso en las medidas de posición de los objetos celestes en el cielo siguió mostrando errores. Esto condujo a complicar aún más el modelo: hubo que hacer excéntrica la circunferencia deferente con respecto de la Tierra inmóvil Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 3.- La Astronomía en la antigua Grecia

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Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 4.- Los árabes La civilización árabe adopta las ideas de Ptolomeo, y las expande por el mundo que van conquistando, es decir, desde los confines de la India y China, hasta el Magreb y la península Ibérica Merece la pena resaltar la construcción del Observatorio de Samarcanda ( en el actual Uzbekistán), hacia 1414, por Ulugh Begh, nieto de Tamerlán. En este observatorio se realizaron observaciones de las posiciones de estrellas con una precisión mayor que la obtenida por Ptolomeo.

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Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 5.- La Astronomía en la Edad Media La Iglesia Católica, gracias en parte a los estudios de Santo Tomás de Aquino (1225-1274), adoptó el modelo de Ptolomeo en sus líneas generales, y añadió algunos elementos adicionales de convicción, elaborados sobre bases bíblicas y teológicas: - El Hombre ocupa un lugar especial en el Mundo: es observador de la magnificencia de la Creación - Ciertos relatos bíblicos, tomados literalmente, indican que el Sol rota alrededor de una Tierra inmóvil. En esencia, el modelo de universo de Ptolomeo se mantuvo vigente hasta mediados del siglo XVI.

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Johannes Müller (Regiomontano, 1436-1476) renueva los trabajos de observación astronómica desde el observatorio creado por él mismo en Nuremberg, y consigue resultados mucho más precisos que los disponibles hasta esa época. A pesar de ello, hacia finales del siglo XV, en la época de los viajes de Colón a América, era algo ya muy conocido que la astronomía que se basaba en las antiguas ideas de Ptolomeo era muy poco fiable, considerando las necesidades que se producían por los viajes a grandes distancias. Volver a Índice 5.- La Astronomía en la Edad Media

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo La figura muestra una interpretación popular del modelo de Ptolomeo, tal como se entendía a finales del siglo XV. Figura tomada de la “Weltchronik”, de Hartmann Schedel, publicada en 1493. (se conoce también como “Crónica de Nürnberg”) Volver a Índice 5.- La Astronomía en la Edad Media Tierra Agua Fuego Aire Luna Mercurio Venus Sol Marte Firmamento

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Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 6.- Copérnico En ese estado de cosas, Nicolás Copérnico (1473-1543), clérigo polaco, inicia sus investigaciones hacia 1507, y hacia 1532 plasma sus resultados en su libro “De revolutionibus orbium coelestium”, que no se atreve a publicar hasta 1543. Copérnico muere ese mismo año 1543 (su muerte coincide con las fechas de salida del libro a la venta). Su libro solo recibe una temprana atención de unos pocos astrónomos.

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Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Figura del libro “De revolutionibus”, que muestra gráficamente el modelo de Copérnico Tratado de Thomas Digges, “Perfit description of the coelestiall orbes”, de 1576

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo El modelo de universo de Copérnico tiene las características siguientes: - Sitúa al Sol en el centro del sistema - La Tierra rota sobre sí misma, describiendo una rotación completa cada día. - La Tierra y los planetas giran alrededor del Sol, describiendo circunferencias - La luna gira alrededor de la Tierra - Las estrellas se hallan muy lejanas y se hallan inmóviles Este modelo explica, a grandes rasgos los datos de observación siguientes: - El movimiento diario del Sol y las estrellas de Levante a Poniente - El movimiento anual de las estrellas en el cielo nocturno - El movimiento retrógrado de algunos planetas El modelo de Copérnico tiene una ventaja importante: desde un punto de vista geométrico, es mucho más sencillo que el modelo de Ptolomeo Volver a Índice 6.- Copérnico

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Volver a Índice Este modelo recibe el nombre de “Modelo Heliocéntrico” o Sistema Copernicano. El modelo copernicano presenta, no obstante, algunas lagunas, y sus predicciones adolecen de falta de exactitud en bastantes casos, debido a que aún supone movimientos circulares a la Tierra y los planetas. El sistema fue recibido con precaución en todos los ambientes académicos, pero debido a que no puede explicar la imposibilidad de “sentir” la rotación de la Tierra sobre su eje, todos los estudiosos lo consideraron un mero modelo matemático, sin ninguna connotación física verificable. Por su lado, la Iglesia Católica no se pronunció oficialmente sobre la ortodoxia del sistema, debido a que por los motivos anteriores, el sistema copernicano no se opone de forma frontal a los razonamientos teológicos ni a la interpretación bíblica literal, puesto que como se ha dicho, se puede considerar como un mero artificio matemático. 6.- Copérnico

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2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Volver a Índice Explicación del movimiento retrógrado en el sistema copernicano

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Tycho Brahe (1546-1601) fue el más importante astrónomo entre la muerte de Copérnico (1543), y el comienzo de los trabajos de Kepler (1609). En 1572, el rey de Dinamarca concedió a Brahe fondos para la construcción de un palacio en Uraniborg (Dinamarca), que llegaría a ser el mas importante observatorio astronómico de su tiempo. Brahe desarrolló sistemas de medida muy perfeccionados y precisos, con los que reelaboró las tablas de posición de unas 1000 estrellas, con una precisión sin precedentes. Posteriormente pasó al servicio del Emperador Rodolfo II, y completó en Praga sus investigaciones. Invitó a J. Kepler a trabajar en Praga, pero las relaciones entre ambos estuvieron teñidas por la desconfianza, de forma que los datos precisos que requería Kepler para el desarrollo de sus teorías no estuvieron disponibles hasta la muerte de Brahe. Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 7.- Tycho Brahe

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Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Tycho Brahe desarrolló también un modelo de universo, que tenía las siguientes características: - El Sol y la Luna giran alrededor de la Tierra inmóvil - Los planetas giran alrededor del Sol. - Las estrellas se mantienen inmóviles Este modelo constituye una posición intermedia entre el modelo geocéntrico de Ptolomeo, y el sistema de Copérnico. Hacia 1610 la Iglesia Católica adopta el modelo de Brahe como modelo oficial del universo. 7.- Tycho Brahe

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Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Esta figura muestra el observatorio de Tycho Brahe. Véase la similitud del principio de medida con el mostrado en el observatorio de Ulugh Begh (hacia 1420). 7.- Tycho Brahe

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Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo Este gráfico muestra la precisión relativa de las observaciones de Ptolomeo, Ulugh Begh y Tycho Brahe, respecto de las mediciones recientes (años noventa) del observatorio Hiparco (montado en un satélite) El desarrollo de los trabajos de Kepler habría sido imposible si no hubiese tenido a su disposición los datos de medición de Tycho Brahe. 7.- Tycho Brahe

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Johannes Kepler (1571-1630) constituye una figura importantísima en el desarrollo de la astronomía. En 1602 fue invitado por Brahe a trabajar en Praga, y a la muerte de aquel, obtuvo todo el fondo documental acumulado por Brahe en su larga carrera de observación y mediciones astronómicas. Johannes Kepler trabajó intensamente desde 1602 hasta 1609 intentado armonizar el modelo copernicano con los precisos datos obtenidos por Brahe. Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 8.- Johannes Kepler

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Para ello comenzó elaborando complejos modelos basados en circunferencias y epiciclos. Este esfuerzo fue baldío. Después intentó introducir óvalos, sin ningún resultado aceptable. Muy a su pesar, pues era una persona muy religiosa (protestante), reconoció por primera vez que los hechos deben prevalecer sobre los deseos y sobre los prejuicios acerca de la naturaleza del mundo. Finalmente acometió la tarea de aplicar elipses a las trayectorias de los planetas. Con esta estrategia fue capaz de elaborar un sistema completo, que plasmó en sus conocidas leyes. Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 8.- Johannes Kepler

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Kepler publicó en 1609 su obra principal “Astronomia nova”, en la que se presentaban las tres leyes citadas: - Primera ley de Kepler: Los planetas tienen movimientos elípticos alrededor del Sol, estando éste situado en uno de los focos de la elipse. - Segunda ley de Kepler Los planetas, en su recorrido por la elipse, barren áreas iguales en tiempos iguales - Tercera ley de Kepler El cuadrado de los períodos de los planetas es proporcional al cubo de la distancia media al Sol. Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 8.- Johannes Kepler

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Modelo y leyes de Kepler Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo

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Con estas tres leyes, Kepler marca un hito en la historia de la ciencia. Kepler fue el último astrólogo y se convirtió en el primer astrónomo, desechando la fe y las creencias y explicando los fenómenos basándose en la observación y en el empleo de modelos matemáticos. Entre Kepler y Copérnico hay una diferencia fundamental: Copérnico elabora un modelo intuitivo y cualitativo que no puede predecir con exactitud la posición futura de los planetas, ni cuando van a suceder los eclipses. Kepler consigue elaborar un modelo cuantitativo muy completo, con una capacidad de predicción muy elevada, tanto de la posición futura de los planetas, como del momento de los eclipses. Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 8.- Johannes Kepler

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Ya hemos visto que los modelos de Copérnico (heliocentrismo), Brahe (mixto) y Kepler (heliocentrismo perfeccionado) se consideraron en un principio como meros artificios matemáticos, debido a que en esa época no se podía determinar el estado de movimiento o de reposo de la Tierra: Esos modelos fueron aceptados por los astrónomos por una razón fundamental: Son modelos geométricamente más sencillos, y permiten realizar predicciones más precisas de las posiciones de las estrellas y planetas en períodos de tiempo razonables (meses). Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 9.- Galileo Galilei

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Por lo tanto, faltaba hallar una explicación (hoy en día diríamos que faltaba una teoría) física que mostrara los movimientos de la Tierra y del resto de cuerpos celestes. Pero había obstáculos formidables para la creación de esta teoría: - El dogma de Aristóteles afirma que en el mundo supralunar rigen leyes que no solo no podemos conocer, sino que no tiene sentido intentarlo. - Todo parece indicar que la Tierra está en reposo, puesto que no observamos ningún efecto de un hipotético movimiento Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 9.- Galileo Galilei

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Galileo Galilei se enfrenta contra estos dos obstáculos, con los resultados que veremos. La grandeza e importancia de Galileo residen precisamente en sus trabajos contra los dos obstáculos citados Volver a Índice 2009, Año Astronómico Internacional - Recordamos a Galileo 9.- Galileo Galilei