EL PEQUEÑO ABETO

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El PEQUEÑO ABETO Adaptación del cuento de Sara Cone Bryan por Pilar Argés

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¿Sabéis por qué los árboles pierden sus hojas en otoño? Si os dais cuenta a todos no les ocurre lo mismo. Hay algunos que las conservan todo el año. Yo os voy a contar porqué ocurre esto. Estad muy atentos y leed la historia que viene a continuación …

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Hace muchos,muchos años, a finales de otoño, cuando todos los pajaritos se van a África a pasar el invierno, quedó un pobre pajarito sin poderse marchar porque tenía una alita rota. Y buscando, buscando un sitio abrigado para protegerse del frío llegó a un frondoso bosque. Y medio volando, medio saltando encontró al primer árbol que era un abedul con ramas plateadas y le dijo: Abedul, buen abedul, ¿ me permites vivir entre tus ramas hasta que llegue el buen tiempo? ¡ja,ja,ja! ¡No me hagas reír!. Bastante trabajo tengo vigilando mis hojas plateadas.¡Vete de aquí! El pajarito con su ala rota, medio volando, medio saltando, llegó a un frondoso roble. -Roble, buen roble, ¿ me permites vivir entre tus ramas hasta que llegue el buen tiempo?

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- ¡Qué te has creído! Si te permitiera vivir entre mis ramas serías capaz de estropear todas mis hojas. ¡Vete de aquí! El pajarillo con su alita rota, medio volando, medio saltando se dirigió hacia un riachuelo y allí encontró un chopo. Chopo, buen chopo, ¿me permites vivir entre tus ramas hasta que llegue el buen tiempo? ¡De ningún modo! Yo no alterno con desconocidos. ¡Vete de aquí! El pobre pajarillo estaba cada vez más cansado, no sabía a quién dirigirse, pero siguió, y medio volando, medio andando fue de un sitio a otro buscando refugio, hasta que le vió un abeto y le dijo ¿Dónde vas, pajarito? No lo sé- contestó- Los árboles no me quieren ayudar y yo no puedo ir muy lejos con mi ala rota.

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- Ven conmigo. Puedes escoger la rama que prefieras para vivir en ella. -Gracias- dijo el pajarito- ¿podré quedarme hasta que llegue el buen tiempo? ¡Claro que si! Me harás compañía Un pino que vivía allí cerca también le dijo: Mis ramas no son bastante tupidas para abrigarte, pero puedo protegerte del viento helado. Y asi, el pajarito de pudo construir un nido abrigado entre las ramas del abeto y el pino que le protegían del frío y el viento. Un enebro que andaba por allí cerca también quiso ayudar y ofreció al pajarillo sus frutos para alimentarse. Y mientras esto ocurría, los demás árboles envidiosos murmuraban entre sí: - Yo no permitiría vivir entre mis ramas al primero que pasara- decía el abedul.

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- Yo tendría miedo de que estropeara mis ramas- exclamaba el roble. Yo no alterno con desconocidos- añadía el chopo Y los tres levantaban sus copas más altas con orgullo. Pero el frío se hacía cada vez más intenso, y un buen día llegó el viento del Norte y preguntó a su padre, el Rey de los Vientos: -¿Puedo ir al bosque a jugar con los árboles? Puedes hacerlo- le contestó su padre- pero con una condición: no debes molestar a los árboles que han ayudado al pajarito herido. Y una noche el viento del Norte pasó por el bosque. Sopló todas las ramas con fuerza. Hoja que tocaba, hoja que caía. Habría querido hacer caer todas las hojas porque le gustaba contemplar los árboles desnudos, pero respetó al abeto, al pino y al enebro, que conservaron sus hojas por haber ayudado al pajarito.

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- Yo tendría miedo de que estropeara mis ramas- exclamaba el roble. Yo no alterno con desconocidos- añadía el chopo Y desde entonces todos los años sucede del mismo modo. FIN

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